LA JUSTICIA Y LO JUDICIAL EN BOLIVIA

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Lo que tenemos como heredado de la carga nada agradable republicana, es el sistema judicial patrimonialista esencialmente corrupta. Que a su tiempo heredó las estructuras del sistema colonial patrimonialista español, cuando la ruptura con el imperio y el inicio de las independencias que no fueron tales. La estructura republicana de lo que se llama sistema judicial sigue siendo la republicana, y no ha cambiado un milímetro porque las personas que la componen, las costumbres de antaño con sus mentalidades estructuralmente corruptas están tan intactas como hace dos siglos. En Bolivia las palabras abogado y gansters son sinónimos, son de la familia lingüística común, porque comparten la tradición de engañar, de actuar, de maniobrar, de someter, de interpretar las leyes en función del bolsillo y la raza, de ver ganancias ilícitas allá donde no hay, de inventar asaltos y hacer magia de la realidad para delinquir impunemente.

Y pues la impunidad tiene carnet cotidiano desde siempre, porque la realidad así lo impone. Desde las acciones pequeñas, de las oficinas, de los funcionarios u operadores policiales como militares, hasta las grandes acciones requieren de aceiteo, de coima, de impulsos para que funcione la ley, o lo que debería ser normal como en otras realidades. Es decir, estructuralmente este país es corrupto como en sus costumbres institucionales, donde los pobres, las clases medias y las oligarquías acuden a su manera y en función de sus intereses a las formas corruptas de funcionar, porque sus códigos responden a sus tuétanos desde tiempos inmemoriales, y pues unos discursitos en contra de la corrupción ni siquiera le hacen cosquillas a dichas costumbres que casi son ancestrales institucionalmente. La maquinaria brutal de esas costumbres son monstruos instalados en la memoria de un país impune, donde no hay otra manera de salir adelante sino es repitiendo: robando y asaltando lo que sea, para ser alguien parecido a los triunfadores, que son los que han robado antes. Es decir, en esta sociedad ser tonto y estúpido es ser alguien en contra de esta manera de ver y funcionar, el contagio está garantizado hasta el fin de los tiempos.

Aquí no hay diferencia alguna de izquierda o derecha, porque miristas, comunistas, troskistas y de otras letras leninistas, demostraron durante la UDP en competencia quién era más ladrón que quién. Varias riquezas aparecieron en aquellas épocas, y nadie hizo nada para que la ley se imponga. Este tema pasa por el vientre de toda la sociedad, de todos sus estamentos y de todas sus clases sociales. Es un comportamiento, una costumbre social y antropológica.

Sin embargo, queda claro que la herencia republicana tiene nombres y apellidos concretos: oligarquías y clases altas republicanas: probablemente las más corruptas e ignorantes del planeta. La mayoría con rostros extranjeros y blancos. Con apellidos croatas, alemanes, árabes, italianos, judíos. Coloniales que profundizaron lo corrupto para disfrute y saqueo estatal, como costumbre tradicional y clásica en adelante. Colonias que destruyeron este país, y no tuvieron la mínima capacidad de construir Estado e instituciones al menos algo modernas. Pedirles visiones de Estado y Nación es realmente pedirles peras al olmo, como diría Octavio Paz. Sólo hicieron su hacienda de este espacio llamado Bolivia. Sus formas corruptas y anti modernas de funcionar en sus instituciones, tenemos hasta hoy como prueba de lo que ellos son esencialmente: nada modernos y poco apegados a las instituciones liberales, transparentes y con costumbres anti impunes. Por eso tantos golpes de Estado, o golpes parlamentarios cuando sus bolsillos quedaban vacíos habiendo gastado lo robado, en Europa, Estados Unidos, prostíbulos, o goces familiares como personales en casas o haciendas de farra permanente. De esto, nada encontraremos en los libritos de historia tradicional de Bolivia sino mentiras, himnos, leyes y maquillajes de escritores al servicio de la corrupción histórica permanente, como Alcides Arguedas y tantos otros mercenarios financiados por esas colonias extranjeras.

Los procesos educativos pueden ser nuestra salvación también para esta tara social, histórica, ideológica y republicana colonial. Pero por ahora estamos lejos de hacer algo estructural y concreto en contra de esa lacra. En las universidades se entrena a los abogados para que sean abogansters: en las artes de engaño, de actuación, de robo, de engatusamiento al cliente, de aprovecharse del débil, etc. Tienen todo un currículum especializado para precisamente ser los futuros administradores, operadores, del sistema legal de corrupción institucional. Sea privado o estatal. La contaminación no distingue espacios ni ideologías, es lo más democrática. En todo caso, lo educativo puede ser una tabla de salvación. Y hay que cambiar también las leyes que son patrimonio de la herencia republicana, es decir de moldes tradicionales de códigos romanos y europeos que no responden a nuestras realidades. Son copias mal hechas de costumbres extrañas como raras, porque como dicen los liberales ingleses: la costumbre es ley. Esa complejidad debe ser resuelta por las nuevas generaciones.

En algunos países existe pena de muerte para los corruptos. Aun así no se ha eliminado el fenómeno. Quizás mejor apostar a lo educativo, de manera radical y estructural. Lo cierto es que algo tenemos que hacer como sociedad y colectivo, porque lo impune empieza a ser muy peligroso que puede derivar en violencia social e individual para resolver lo que el sistema ya no tiene capacidad de resolver. La impunidad está carcomiendo incluso a las nuevas generaciones, que ven como los viejos que manejan hoy las instituciones no están haciendo las cosas como deberían: acoso, maltrato, coima, etc. Repetir las costumbres tradicionales republicanas, realmente puede llevarnos a violencias sociales graves. Y de eso ya tenemos experiencias históricas contundentes: el gringo Goni tuvo que irse por asesino, ladrón e impune.

En todo caso es también una preocupación mundial. El año 2008 se derrumbó el sistema capitalista, porque unos banqueros ladrones de cuello blanco norteamericanos se robaron siderales sumas de dinero, que afectó a todo el planeta. Hasta hoy las consecuencias son catastróficas: cierre de industrias, negocios, desocupación mundial y crisis de valores por esa impunidad mundial. A pesar de esas evidencias, nadie quiere cambiar al sistema.

por: Max Murillo Mendoza

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