Gabriela Rodríguez, tarijeña de 31 años, se considera una ciudadana del mundo, una experiencia fuerte le cambió la vida y le hizo comprender lo valioso que es el tiempo y valorar cada segundo. Desde hace un año vive en Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos.
Una experiencia que la marcó a ella y a su familia fue una fuerte enfermedad que sacudió la vida de su prima, lo que le hizo comprender que las personas están con el reloj marcando y que el tiempo es valioso.
Gabriela siempre sintió que debía salir del pago por lo que tras esa experiencia empezó a planificar su viaje a Tailandia, al que ella se refiere como el viaje de sus sueños.
Al principio creyó que era imposible, pero junto a su prometido en aquel entonces, Dave Scott, recorrieron las maravillas de este país asiático. Después, llegaron hasta Dubai y ver esta ciudad en el desierto le hizo preguntarse «¿debo seguir consumiendo mi vida sin experimentarla?» Tras la reflexión, Gabriela renunció a su trabajo en Tarija en el rubro del petróleo.
Bajo esta nueva filosofía de vida, Gabriela y Dave decidieron recorrer Estados Unidos, y finalmente cerraron esta aventura contrayendo matrimonio en noviembre de 2016 en la ciudad de Houston – Texas, en una tierna boda llena de magia y encanto bajo la luz de la luna, acompañados con focos tenues colgantes que incrementaron el romanticismo de la noche.

Actualmente está realizando los trámites del proceso de naturalización en los Estados Unidos, mientras tanto coopera con una comunidad privada sin fines de lucro que ayuda a la sociedad donde vive denominada North Kent Community Services.
También continúa con sus estudios del idioma, mientras espera legalizar los documentos para poder postularse al mundo laboral. Lo que más le gusta de su nueva ciudad es la diversidad de culturas y religiones. Como experiencia contó que participó de una congregación musulmana para poder conocer y entender la religión del Islam. “En esta ciudad puedes tener el mundo a tu alcance, conocerlo y entenderlo desde tu propia experiencia”.
De Tarija extraña la casa de su “abu” en San Lorenzo, el contacto con la familia y sus pequeños sobrinos. “Deseo chancho a la cruz, aquí logré cocinarlo pero no fue fácil conseguir los ingredientes especialmente los ajies, también hice empanadas, arvejada de arveja en lata y saice”.

Está planeando retornar por lo menos fiestas de fin de año por medio a su pago, actualmente radicará en Estados Unidos pero espera vivir más veranos en Tarija. “Soñar es la base de las metas”.
En Estados Unidos, Gabriela no tiene familia, vive con su esposo Dave en quien encontró amor, amistad, complicidad y un compañero de aventuras y fue visitada recientemente por su mamá Irma y su tía Nelly.

Hablando de trabajo, entre Tarija y Estados Unidos pudo notar que los horarios son muy diferentes pues allá se trabaja horario continuo y está la moda de “home office” que es trabajar desde casa, maximizando los tiempos “lo malo es que puedes perder muy fácil la concentración hay que ser muy disciplinado”
En cuanto al aprendizaje del idioma, dijo que es algo constante especialmente la pronunciación “para mi es intensivo, y mi esposo al contrario pues está aprendiendo español conmigo”. No obstante la vida en el exterior tiene sus complicaciones, Gabriela enfrentó esto al momento de manejar por las rutas americanas especialmente por las velocidades que llevan los autos en esas ciudades. Para Tarija le gustaría que se aplique el sistema de transporte, ya que es ordenado y con paradas fijas y horarios fijos. “Hay una política de inclusión total, muy digna de reproducir”.
A quienes le preguntan sobre su ciudad de origen, les contó que es un departamento con industrias de desarrollo y que su mayor fuente de ingreso es la producción de gas, con gente muy acogedora y que sabe divertirse con vinos y viñedos que te atrapan. “Les digo que es una ciudad con montañas de matices azules y morados, es la sucursal del cielo y te enamora”.





