La tarijeña de 26 años Keila Echart, vive al sur de Francia en Toulouse desde hace ya casi un año gracias a una beca en estudios Total con la que, esta ingeniera de profesión, se encuentra estudiando una maestría de mecánica en fluidos en el Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas, (INSA).
Antes de partir, Keila tomó un curso de 6 meses en la alianza francesa de Santa Cruz, ciudad en la que estaba trabajando desde 2015 antes de tomar el viaje a Francia. En Toulouse, una de las ciudades estudiantiles más importantes de Francia, Keila ha encontrado y ha hecho amistad con personas de todos los rincones del mundo.

Dice que la ciudad está llena de bares y actividades culturales, pero también tiene jardines hermosos donde puedes estar en contacto con la naturaleza para escapar del estrés. Hay para ella un equilibrio donde puedes conectarte con lo que necesites.
Le llama la atención lo bien que preservan muy bien su arquitectura como las Iglesias y monumentos que siempre están en constante restauración. “Al principio todo me sorprendía, la comida, el sistema de transporte como el metro, la diversidad de razas y culturas, aquí es normal escuchar mínimo 3 idiomas diferentes en un solo lugar”.

Admite que lo que más le costó fue adaptarse a la vida de estudiante, pero se hizo más fácil al tener amigos extranjeros porque pasan todos por la misma situación. Sus amigos no todos ubican donde se encuentra Bolivia. “Tengo que decir que está al lado de Brasil, algunos conocen el Lago Titicaca y que nuestro presidente es Evo Morales”.
Al explicarles más cosas sobre Tarija ella les dice que es «la sucursal del cielo, una ciudad pequeña de gente amable y comida deliciosa donde en el campo puedes encontrar ríos de agua cristalina».
No obstante, a pesar de añorar su tierra, Keila sabe que el nivel académico, la investigación y la ciencia en Francia le aportan mucho en la búsqueda de su especialidad. Ha podido observar que los docentes investigan en laboratorios enormes y se le da mucha importancia a las publicaciones sobre ciencia e ingeniería. Los centros de práctica están muy bien equipados generando un ambiente en el que te invita a trabajar e investigar “algo que en Bolivia y en Tarija no es prioridad”.
Sobre sus planes a futuro, Keila tiene un contrato de la beca que le obliga a retornar a Bolivia al terminar sus estudios, en el 2018. “No me veo estableciéndome en Tarija, el campo laboral es muy limitado, lo más probable es que vuelva a vivir a Santa Cruz”.

Salir del pago para ella ha sido difícil, por el hecho de renunciar a su trabajo, dejar a su familia y la distancia que no le permite retornar seguido, pero ella no dudaría en escoger este camino de nuevo. “Los tarijeños tenemos que salir de nuestro cascarón, tomar riesgos y disfrutar del mundo”.
Asegura que los franceses son también amantes del buen vino como en Tarija, pero echa de menos un buen vaso de aloja los picantes de “doña Paula”, las sopitas de verduras de su abuela y la campiña chapaca.
En sus ratos libres, Keila practica escalada de muro y sale a disfrutar la comida francesas en los pintorescos restaurants de la ciudad de Toulouse, fue así como vivió una experiencia ligada a un tema muy serio que se vive en Francia actualmente: el terrorismo.
Ella se encontraba en un restaurante cuando vio que en la calle había una maleta abandonada, inmediatamente la gente se empezó a preguntar si era de alguien, llamaron a la policía y los bomberos, y la hicieron explotar bajo supervisión, afortunadamente no hubo heridos. Esto es algo que Keila no había vivido y espera que no se repita ya que confiesa que paso miedo.
No obstante, al margen de este susto, Keila se encuentra a gusto y feliz en su nueva ciudad de acogida, formándose, aprendiendo idiomas y conociendo otras culturas, una experiencia que de seguro le marcará de por vida.





