Cecilia Vargas y el sueño de la Fundación Guadalquivir

La Fundación Guadalquivir es la materialización de un sueño personal y familiar trasmitido por Oscar Vargas Molina y Dolores Hernández a sus hijos. Así es como define Cecilia Vargas, directora de la fundación e hija del matrimonio propietario de la empresa Cerámica Guadalquivir, a esta organización sin fines de lucro que empezó a andar hace seis años.
Tras el fallecimiento de su padre en 2010, Cecilia, abogada de profesión y con una carrera de una década en el poder judicial, sintió la necesidad de dar un cambió a su vida.

“Fue mi hermano quien propuso a la familia la creación de una organización sin fines de lucro enfocada a generar oportunidades y mejorar la calidad de vida de la gente”, relata Cecilia a La Voz de Tarija desde las instalaciones de la Fundación Guadalquivir en la calle Méndez de la capital tarijeña.
De esta forma y a “puro pulmón” fue como empezó la Fundación Guadalquivir, el “brazo social” de la empresa Cerámica Guadalquivir con el objetivo de brindar oportunidades y mejorar la calidad de vida de los tarijeños en situación de vulnerabilidad.

“Nosotros confiamos en las habilidades de esta tierra y queremos en el mediano plazo el desarrollo de una nueva industria para que Tarija sea reconocida por una cerámica de alto valor con identidad”, subraya con convencimiento.
En un inicio, la fundación empezó a trabajar en la capacitación y formación de 18 jóvenes con discapacidad auditiva y paulatinamente la organización fue creciendo hasta los 120 beneficiarios de la actualidad.
Los beneficiarios de la fundación pertenecen a colectivos en situación de riesgo, jóvenes con discapacidad, mujeres en situación de exclusión social y privados de libertad.

“Nosotros proporcionamos el material, la arcilla, el horno…y cuando alcanzan niveles aceptables hasta muy avanzados los beneficiarios empiezan a generar ingresos”, apunta la directora.
No obstante, Cecilia remarca que las puertas de la fundación están abiertas a todas las personas que quieran aprender o enseñar alfarería independientemente de la situación en la que se encuentren.
Pero además de la inclusión, la fundación lleva la responsabilidad social corporativa un paso más allá ya que toda la madera con la que trabajan procede de despuntes donados por la Carpintería Montana para contribuir al cuidado del medio ambiente
En cuanto al financiamiento, la mayoría de los recursos económicos proceden de la empresa de cerámica pero también han logrado apoyo de organizaciones no gubernamentales internacionales como Liliane Fonds, de Holanda, Manos Unidas, de España, o Cuore Amico de Italia, además del apoyo de la Alcaldía de Cercado.

Los objetos que construyen en la fundación no tienen nada que envidiar a productos que puedes encontrar en grandes tiendas de diseño pero además tienen el valor añadido de que son realizados a mano por personas que trabajan concienzudamente para crecer y desarrollarse profesionalmente.
La írealizada por los beneficiarios es variada, desde artículos de decoración hasta tablas de cocina, aunque la mayoría de ellos tienen un denominador común: la temática y el simbolismo de la cultura y el patrimonio tarijeño. Pero también han realizado obsequios de diferentes temáticas y para días especiales como el día del padre.

“Queremos generar una alfarería de alto valor que identifique, tradicionalmente la alfarería ha sido un producto desvalorizado, de poca calidad. No tenía mucha calidad ni en acabado ni en diseño ni en material, porque Tarija pese a los grandes recursos económicos siempre ha estado excluido del circuito económico nacional”, indica.
Esa alfarería de alto nivel permite que estas personas en exclusión social tengan una forma digna de conseguir recursos económicos, una situación que cobra especial relevancia para los presos.
“Mucha gente nos cuestiona por qué trabajamos con ello, ¿y por qué no deberíamos trabajar con ellos? Si nosotros no creemos en la rehabilitación ni en la reinserción, que son una de las funciones de la pena, entonces no deberíamos tener penales sino cámaras de gas. Los presos son seres humanos que necesitan una oportunidad y el Estado lamentablemente no se la brinda”, señala.
Durante estos años la fundación ha dado sus frutos y ha dado luz a la empresa Arte Solidario, una organización de artistas independientes en la que la fundación les capacita en gestión empresarial y les impulsa a emprender.

“La Fundación Guadalquivir les provee la materia prima, el diseño y consigue los contratos de trabajo cuando hay pedidos y les encuentra los canales de venta. La idea es que los jóvenes en algún momento se independicen”.

El papel que desempeña la Fundación Guadalquivir cobra hoy más importancia todavía debido a la situación de paralización económica que atraviesa el departamento de Tarija. No obstante, esas oportunidades que brinda la fundación retornan en forma de enseñanza de valores y experiencias de vida a todas aquellas personas que colaboran directamente con la organización.
“Uno cree que está brindando oportunidades y es en realidad ellos quienes les cambian la vida a uno”.

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