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jueves, 2 / febrero / 2023

PUNICIÓN Y PREMIO EN LA EDUCACIÓN

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

Todos conocen que los humanos traen consigo rasgos incipientes del carácter y en base a estos surge el comportamiento en relación con el medio externo que modificara parcialmente el carácter original y, así sucesivamente este proceso durara toda la vida; planteando que es inútil discutir sobre la prioridad absoluta del carácter o del comportamiento, que seria replantear la vieja interrogante sobre si es primero el huevo o la gallina. De ello, se puede afirmar que el carácter   no es sino un complejo de comportamientos recurrentes o, quizás mas exactamente, es el conjunto sistemático de nuestros hábitos en actividad o el legado de la imitación de comportamientos de los adultos en el hogar.

En el plano pedagógico se puede extraer la conclusión que el educando será instado a repetir, hasta la adquisición de un hábito, las respuestas que le produzcan resultados satisfactorios, evitando los que le den negativos. La pedagogía humanista, como característica general, tiende a la suavización de la disciplina, siendo claro que, no obstante, esta tendencia a la suavización la sociedad moderna ha hecho prevalecer, aunque no exclusivamente, hasta medio siglo pasado, el castigo y la amenaza del castigo.

Ahora, independientemente de cualquier juicio de valor relacionado con la dignidad de la persona, existe un planteamiento fríamente científico que afirma que la punición no sirve para nada y, por lo tanto, es necesario en la educación, apoyarse en la recompensa; subrayando que la constricción, entendida como la acción de obligar a algo, es ampliamente desfavorable en la educación y solo capaz de desencadenar agresividad, neurosis y una disimulada hipocresía.

Por lo expuesto, en la educación, se reconoce que la punición puede aplicarse con frecuencia y levemente más que con rareza y severidad y considerarla como una medicina que debe utilizarse caso por caso y en la medida estrictamente necesaria. ¿Cómo  puede el catedrático o facilitador conocer las verdaderas motivaciones en base a las cuales actúa el estudiante?, se responde con el problema de lo que verdaderamente el estudiante piensa y siente, porque inequívocamente el pensamiento y el sentimiento constituyen el factor más  importante en la determinación de los rasgos que formaran el carácter; consecuentemente debe admitirse que la actitud de pensamiento y sentimiento del estudiante escapa al control de los padres, es decir totalmente, como conclusión.

La pedagogía basada en el principio del efecto, disminuye el poder de los educadores, lo cual arrastra consigo la imposibilidad técnica de realizar un proceso heteroeducativo auténtico, así, excluida la heteronomía basada en los castigos y premios, la solución es formar una personalidad moral en los estudiantes, ofreciéndoles la posibilidad de una vida social rica y diversa en actitudes morales, descubriendo por sí mismo los principios rectores de la conducta generalmente aceptada. Sobre todo buscar la sabiduría que es el conjunto de normas de conducta que rigen la razón.

Si un estudiante no tiene proclividad o no quiere estudiar ni progresar intelectualmente debe enfrentar su decisión a su conciencia moral y, ¿Qué es conciencia moral?, es la autoridad interior que manifiesta a mujeres y hombres, de manera enteramente íntima y forzosamente perceptible lo que se debe hacer o dejar de hacer y emite su juicio antes de la acción, con voz avisadora, prohibitiva, preceptiva o permisoria y, además como fuerza laudatoria o condenatoria. Este es un maravilloso e inextricable proceso interno, inevitable en toda persona.

Es abogado corporativo, postgrados Filosofia y Ciencia Política, Interculturalidad y Educación Superior, Docencia en Educación Superior, Arbitraje y Conciliación, Derecho Aeronáutico, Alta Gerencia para abogados, doctor honoris causa, profesor universitario en pre posgrado, escritor.

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