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jueves, 26 / enero / 2023

“Si, juro”, promesa de los políticos

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

El autor J.L. Austin  decía “nunca  es lo correcto   decir que una oración es un enunciado, mas bien lo correcto sería que la oración es usada al hacer un enunciado” y se trata de un filósofo-sociólogo británico de notable envergadura  creador de la obra  “Como hacer cosas con las palabras”, título que nos traslada a la interrogación interna de cómo usar las palabras  con  proyección objetiva.

Desde hace mucho tiempo  los filósofos han propuesto  que el papel de un enunciado solo puede describir  algún estado de las cosas o enunciar algún hecho, con verdad o falsedad y la verdad  se la obtiene en la profundidad: veritas est in puteo, voces latinas que significan la verdad está en la profundidad. Sobre el aspecto de la profundidad (en exceso), allana el camino a los irresponsables políticos y hasta quien dice ser nuestro amigo, porque quien dice “prometer  no es simplemente cuestión de expresar palabras, sino se trata de un acto  interno y espiritual”, puede parecer  un sólido moralista; como lo dice el propio Austin, erguido frente  a una generación de teóricos superficiales.

A este teórico lo vemos  observando las profundidades invisibles del ámbito ético, con la presunción de un especialista en lo sui generis (único, especial) sin embargo nuestro moralista  proporciona  una salida,  una excusa  al perjuro que ha dicho “Si juro”, y una defensa al tramposo que ha dicho “te apuesto”. Tanto la precisión como la moral están en favor  de la expresión coloquial  según la cual “la palabra empeñada nos obliga”.

Será que lo humanos excluimos nuestros actos internos  y ficticios  como los precitados(interpretación del columnista), y si podemos suponer  que alguna  de las otras cosas, que, certeramente, además de la normalidad requieren como complemento  de expresiones  de esta siguiente raigambre “ te prometo que…”, o “ Sí juro” (cargo gubernamental),son en realidad  cosas descriptas  por estas expresiones,  estructurando que, cuando estas cosas  se presentan o se dan, la expresión sea verdadera o falsa cuando sucede lo contrario.

Se aclara intelectivamente  esto último: se debe considerar  ahora  que es lo que  efectivamente decimos acerca de la expresión en juego o dicha cuando uno  u otro  de los hechos  concomitantes  con ella  está ausente. Aquí nadie dice  que la expresión es falsa, sino que ella, o más bien el acto como es la promesa  es nulo, o hecho  de mala fe, o incompleto, o cosa  similar.

En el caso particular de prometer, como ocurre en otras muchas ocasiones, es apropiado  que el político o la persona  que expresa  la promesa tengan una determinada intención, a saber, cumplir su palabra, porque el político solo debe servir al pueblo si quiere pasar a la historia. Ejemplificando lo último es irrisorio de los irrisorios cuando nos encontramos con una persona y nos dice te prometo llamarte esta tarde para vernos y tomar un café; lo ha hecho para deshacerse de nosotros pues nunca llamará. Esta es una costumbre endémica deplorable pues lo correcto sería saludar y despedirse sin hacer promesa alguna si no se quiere volver  a ver  o llamar a la persona de marras que, luego no cumplida deteriora gravemente  la imagen de quien la hace.

Quizás este ejemplo que se repite todos los días en nuestra sociedad boliviana, entre  todos los episodios concomitantes, aquél que mejor  resulta  registrado  por las expresiones” te  llamo, te prometo, te visitaré, te enviaré, te  contactaré” (  éste es el más asiduo reincidente).

Hablar así  no es decir  que  la expresión “te prometo que…”, es falsa, en el sentido  que aunque el que enuncia dice que promete, en realidad no lo hace, o que aunque  describe, describe falsamente, porque quien usa la  fórmula  “te prometo que…”, promete; la promesa es ni siquiera nula aunque es hecha de mala fe.

La expresión es equivoca, engañosa y sin duda  moralmente engañosa  y naturalmente moralmente incorrecta, empero, no es una mentira  un enunciado erróneo. Y  ¿ qué implica  una falsedad  o un enunciado erróneo?, que el promitente se propone hacer algo; pero esto es una  cosa totalmente distinta; significativo  es que no se habla  de una apuesta falsa  o de un bautismo falso; y el hecho  que realmente  se habla de una promesa  falsa no debe comprometer  al sujeto más que el hecho que se trata de una acción falsa y la palabra falso no solo se usa respecto a enunciados.

Es abogado, posgrados en Interculturalidad y Educación Superior, Filosofía y Ciencia Política (Maestría), Derecho Aeronáutico, docencia en Educación Superior, doctor honoris causa, (IWA-Cambridge University)

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