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jueves, 26 / enero / 2023

INICIO DE AÑO CON EXECRABLES FEMINICIDIOS

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

Nuestro país inicia este año  con tres feminicidios seguidos que, toda la sociedad sensible, solidaria y amante de la especie humana, sin la execrable discriminación de género, está preocupada en forma perspicua y constante por la brutal violencia sexual, el execrable feminicidio que crece que  en sus registros  y se establece en  Bolivia y  América Latina.

Esta incontestable realidad que viola  el máximo concepto de respeto a la vida,  que es un bien divino y jurídico inderogable, infiere que las sociedades  reflexionen  profundamente sobre su propia conducta sobre estos asesinatos y no pecar de indolencia e indiferencia. Los fallos de la justicia deben ser   sumarísimos y ejemplares, para que, por lo menos se detenga esta vorágine de ira del algunos hombres y  asumir culpabilidad por el alto costo en la pérdida del progreso en cada país por cada mujer asesinada, y este progreso debe consolidarse  en el mejoramiento de la aplicación del Derecho pues la impunidad es un elemento que procrastina el avance de las sociedades,   perpetúa la violencia y la discriminación a las mujeres, que son los seres más importantes de la creación.

Esta impunidad se enquista en la actuación de la Policía y de los operadores de justicia que, por una protección al sexo masculino inventan salidas jurídicas ilegitimas, bajo percepción de prebendas, para liberar a los homicidas o dictar medidas sustitutivas.

Hoy, en las ciudades latinoamericanas y en el campo ningún hogar  es un refugio seguro para conservar  la integridad física y hasta la vida. El afán subalterno de mantener el autoritarismo machista, decanta en la ineficiencia de los departamentos de Policía que transforma su responsabilidad en una verdadera aporía debido a que continúa siendo muy peligroso denunciar a los agresores  de mujeres y niñas,  para la propia víctima y sus familiares.

Este desajuste en las sociedades  no es un problema fácil ni sencillo, por lo contrario, muy complicado, empero, solucionable; para ello se requiere leyes draconianas que determinen la pena sin absoluta posibilidad de medidas sustitutivas menos de indulto, y políticas públicas, ciudades seguras, transporte seguro y solvente, escuelas seguras para evitar el acoso escolar, germen donde se inicia  la violencia. 

Establecer el compromiso espiritual sin prescripción entre hombres y niños en la construcción, consolidación y defensa a ultranza de una cultura de inmaculado respeto a las mujeres y niñas, que extermine definitivamente  y en todas sus formas posibles  las agresiones y vejámenes contra las mujeres  y niñas, eliminando  la recurrencia del feminicidio.

Este cambio debe suscitarse  a muchos niveles, tanto en las estructuras culturales  como físicas de las sociedades y, aunque se  registran  algunos progresos en 18 países de Latinoamérica, con la adaptación en la legislación para asegurar que el feminicidio sea investigado inmediatamente  y castigarlo, que no deja de ser un lirismo pues existen leyes, empero, no se implementan duramente con la coacción, que es el brazo policial.

Esta tendencia debe implantarse ecuménicamente y todos los gobiernos deben reconocer imperativamente la cruel dimensión y las implicaciones  que acarrea la violencia  contra mujeres y niñas, como efecto y como resultado, una fortísima acción judicial para lograr el cierre  de los casos con condenas ejemplarizadoras que despierten el temor y la reflexión, sin un resquicio de posibilidad de indulto, como condición insalvable (conditio sine aequanon).

Es abogado corporativo, posgrados en Filosofia y Ciencia Política (Cides-UMSA) Alta Gerencia para abogados (UCB-Harvard) Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación,  Interculturalidad y educación Superior, (UMSA) Docencia en Educación Superior, doctor honoris causa en Humanidades, profesor de pre y posgrado, escritor.

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