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jueves, 9 / febrero / 2023

Los 3 desafíos del VIH en América Latina: aumento de casos, acceso al tratamiento y discriminación

En América Latina, hay 2,2 millones de personas viviendo con el VIH (virus de inmunodeficiencia humana). Aunque ya existen tratamientos seguros y efectivos, no todas las personas acceden a recibirlos y eso es un obstáculo que pone en riesgo sus vidas y hace que la pandemia del VIH aún continúe. “Nuestra región enfrenta tres crisis en la respuesta al VIH”, dijo la directora regional de ONUSIDA para América Latina y el Caribe, Luisa Cabal.

En diálogo exclusivo con Infobae, Cabal, quien nació en Colombia y es abogada especializada en VIH, derechos humanos e igualdad de género, detalló en qué consiste las tres crisis que atraviesa la región en cuanto a la problemática del VIH.

“Se está produciendo una crisis de prevención”, señaló la directora. Lo que significa que hubo menos cuidados de prevención del VIH (como el uso de preservativos), que implicaron un aumento de 5% en las nuevas infecciones de VIH desde el 2010 en América Latina.

También hay “una crisis de acceso tardío al tratamiento, con un tercio de las personas que viven con el VIH todavía sin acceso al tratamiento”, afirmó. Todavía hay países de América Latina que tienen un 44% de personas con diagnóstico tardío del VIH, y un 42% de los niños con VIH sin acceso a antirretrovirales.

Entre las personas que vivían con el VIH en la región, solo el 69% accedía al tratamiento. “La cobertura del diagnóstico y el tratamiento sigue siendo inferior en el caso de los hombres que en el de las mujeres, aunque esta diferencia se está reduciendo”, comentó.

“La cobertura infantil sigue siendo muy inferior a la de los adultos y ha mejorado menos con el tiempo. De hecho, la cobertura de la transmisión vertical del VIH en 2020-2021 cayó por debajo de los niveles alcanzados en 2019″, informó Cabal.

A las crisis de prevención y de acceso tardío al tratamiento, se le suma una “crisis de la exclusión y de la discriminación”. De acuerdo con la representante de ONUSIDA en América Latina, “el 93% de las nuevas infecciones están en las poblaciones clave y sus parejas. Y sabemos una de las causas subyacentes son las desigualdades y que la discriminación sigue siendo una barrera estructural para garantizar la salud y el bienestar de poblaciones clave”.

Las poblaciones claves son los hombres gays y los hombres que tienen sexo con hombres, las mujeres trans, las trabajadoras sexuales, las personas privadas de libertad, las personas que consumen drogas, las mujeres viviendo con VIH, las personas indígenas, los pueblos originarios, las personas afrodescendientes y las personas migrantes.

La pandemia por el coronavirus también impactó en la respuesta ante la pandemia del VIH. En agosto pasado, ONUSIDA publicó un reporte epidemiológico en el que alertaba sobre la situación “muy preocupante” que atraviesa la respuesta mundial a la pandemia de VIH.

“Durante los últimos dos años, los servicios para el VIH se han visto interrumpidos en muchos países, al mismo tiempo que los recursos se han reducido y millones de vidas están ahora en riesgo”, informó Cabal.

“Registramos 1,5 millón de nuevas infecciones a nivel global. Es decir, que se reportó un millón más de las metas que se habían establecido. Uno de cada tres países que han registrado aumento de infecciones por VIH desde 2015 están en América Latina y el Caribe”, señaló.

Además de más infecciones, también hay determinantes sociales de la salud que se agravaron. Según la CEPAL, como resultado de la crisis social y sanitaria producida por el COVID-19, la pobreza extrema aumentó en América Latina, lo que representó un retroceso de 27 años. “Por eso nuestro enfoque radica en trabajar para poner fin a las desigualdades para poner fin al sida para el 2030″, afirmó Cabal.

No solo se necesita que las personas tengan en cuenta las medidas de prevención y que estén accesibles los testeos. También se necesitan facilitar el acceso a los tratamientos, que evitan la replicación del virus. Si este tratamiento se recibe de manera correcta en el tiempo, las personas con VIH tienen una calidad y expectativa de vida similar a quienes no tienen el virus.

“Parte del derecho a la salud comprende el poder beneficiarse de las innovaciones científicas que posibilitan el acceso a mejores medicamentos”, comentó Cabal. A principios del año 2000, “la ola de activismo ayudó a romper los monopolios de las compañías farmacéuticas”, opinó. Permitió que “millones de personas tuvieran acceso a medicamentos genéricos a una fracción del precio. ONUSIDA ha catalizado alianzas con varias compañías farmacéuticas en el pasado el acceso a tecnología de medicamentos antes no disponibles para los países”, recordó.

En el 2017, los gobiernos de Sudáfrica y Kenia, el Programa ONUSIDA, la Iniciativa Clinton de Acceso a la Salud, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, Unitaid y el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido anunciaron un acuerdo de precios para que el régimen de terapia antirretroviral de dosis fija que contiene tenofovir, lamivudina y dolutegravir estuviera más ampliamente disponible a un precio reducido en países con algunas de las cargas de VIH más importantes del mundo.

Este acuerdo fue suscrito con las empresas farmacéuticas Mylan o Aurobindo, y los países elegibles en América Latina y el Caribe fueron Bolivia, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras y Nicaragua. “Aunque hay progreso, persisten muchas barreras, y necesitamos que un mayor número de países se beneficien”, afirmó Cabal.

Frente a las tres crisis de hoy que afectan a la problemática del VIH, Cabal consideró que hay que trabajar para que “haya menores barreras, incluyendo de precios que limitan el acceso a medicamentos que salvan vidas. Hacemos un llamado para que las innovaciones como lo son la profilaxis pre-exposición de largo plazo -más conocidos como PrEP- sean accesibles a un mayor número de países. La protección de la propiedad intelectual no debería significar que haya personas, como ocurre en mi país natal, Colombia- que no puedan acceder a los medicamentos antirretrovirales más adecuados”.

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