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jueves, 26 / enero / 2023

EDITORIAL: ¡Salvemos Tariquía!

Los objetivos trazados a nivel mundial por la Organización de las Naciones Unidas, se refiere al compromiso, entre otros, de garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; es decir, “incorporar los principios del desarrollo sostenible en las políticas y los programas nacionales y reducir la pérdida de recursos del medio ambiente; haber reducido y haber ralentizado considerablemente la pérdida de diversidad biológica”. Ciertamente, que falta mucho pues aún no se ha logrado crear toda la conciencia necesaria para prevenir los daños de la depredación del medio ambiente por obra de las personas, ya sean gobiernos, empresas o individuos.

Esta preocupación es compartida por muchos pueblos, pues se incrementa cuando las crisis se quieren prevenir la explotación de regiones susceptibles de que su entorno sea dañado gravemente. Ya en el pasado, el gobierno nacional pretendió construir una carretera que atravesaría por el medio el Territorio Indígena—Parque Nacional Isiboro—Sécure (Tipnis) y, pese a las protestas fundadas de sus pobladores, estos fueron víctimas de una brutal represión.

El empeño en desarrollar actividades petroleras con el consiguiente daño al medio ambiente, especialmente en áreas protegidas, que ante la crisis que enfrenta la actividad por la baja de los precios internacionales del crudo, es así que muchas naciones pretenden compensarla con un aumento, a cualquier costo, de la producción de hidrocarburos.

Es así que también, le ha tocado enfrentar el peligro de ser depredada a otra región privilegiada por la naturaleza: la Reserva Boliviana de Flora y Fauna de Tariquía, en el departamento de Tarija, creada en 1989, y que tiene una superficie de 2,468 K2. Se podría describir a Tariquía como una región que ofrece una notable belleza escénica conferida por el relieve montañoso y sus bosques mayormente bien conservados. Y dada su categoría, la Reserva presenta una interesante potencialidad para desarrollar programas de manejo de vida silvestre con repercusión y aplicabilidad regional. La Reserva es sin duda un reservorio natural de una notable diversidad de recursos genéticos.

Muchas instituciones, dedicadas al medio ambiente, indicaban que en Tariquía felizmente, no se había construido una carretera, puesto que así se preservaba esta bella región de los depredadores que, ávidos, podrían acabar con los bosques de árboles de maderas finas.

El gobierno de Bolivia, sabe que se cierne una crisis que será agravada por la aguda baja del precio internacional del petróleo y otras materias primas que se exporta, y pretende, por medio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, explorar en esta Reserva posibles campos de hidrocarburos para aumentar a cualquier costo la producción. Lamentablemente, las reclamaciones de las organizaciones tarijeñas que han salido en defensa de un patrimonio natural frágil frente a la mano depredadora del hombre, no han conseguido hasta ahora explicaciones sobre los planes de exploración, ni referencias al daño ambiental que seguramente traería una actividad de exploración de campos de hidrocarburos y se distrajo con los problemas de “agenda política”, que nunca faltan, como el reciente referente a la fecha del Censo que centró la atención local y nacional.

Por supuesto que la alerta/protesta, ante un plan depredador en nuestra región preservada por ley, debe partir de la consigna unísona: ¡Salvemos Tariquía!

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