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sábado, 28 / enero / 2023

LOS CAUDILLOS DEL MNR Y LA DESTRUCCIÓN DE LA REVOLUCIÓN 

por: Max Murillo Mendoza

La historia tradicional encubre y distorsiona lo que realmente ocurrió con la Revolución de 1952, al bañarles de “ideología y política” a los caudillos del Movimiento Nacionalista Revolucionario en sus diferencias personales; en realidad estos cabrones de mierda nada de ideología o política tenían en sus posiciones destructivas, sino revanchismos personales, egoísmos profundos, miserias humanas y mezquindad de sobra entre ellos, pues la Revolución les había dado la enorme entrada a los recursos económicos del Estado y simplemente se corrompieron en competencia. Con el tiempo no quisieron dejar la mamadera y pues se inventaron posiciones “políticas o ideológicas” para seguir robando. Cabrones como Víctor Paz Estensoro, Hernán Siles Suazo, Walter Guevara, entre los más inteligentes de ese grupo empezaron el festín de la destrucción del proceso revolucionario. 

Los demás maleantes como Guillermo Bedregal, que destruyó la COMIBOL junto a otros dirigentes medianos e incluidos algunos bastardos del movimiento obrero, pues tampoco tenían posiciones ideológicas o políticas, como dicen los libros tradicionales. Fue la muestra de la mezquindad y vulgaridad delincuente, de calaña baja que sin embargo la historia disimula impunemente con decirles “políticos” a estos delincuentes de cuello blanco y no tan blanco. 

Al parecer no aprendemos de nuestra propia historia. Aquellos caudillos del MNR, que gracias a la sangre y el sacrificio de miles y miles de bolivianos, se vieron de pronto en la cresta de la Revolución del 52, destruyeron la revolución desde adentro: boicoteando y jodiéndose entre ellos con simples posiciones egoístas, mezquinas y brutalmente antipopulares. Traicionando la sangre de las bases, la sangre de miles de mineros, de campesinos y pobres quiénes dan desde siempre su sangre y su pecho para que cabrones oportunistas se aprovechen de esos sacrificios. Al parecer, el sacrificio de las bases, del pueblo anónimo que sufre día a día las condiciones de la explotación y la miseria, no sirve de nada, sino para el provecho de unos desdichados traidores sin bandera ni patria alguna. 

La Revolución del 52 fue uno de los tantos sacrificios de los pobres, de los marginados y desheredados de la historia, que dieron su sangre para días mejores. Para que el mundo sea  más humano y solidario, con menos explotación y expoliación. Pero fue traicionado desde adentro, por aquellas clases altas o medias poco conscientes con las realidades de este país. Poco conscientes con las necesidades del país profundo. Se corrompieron desde los primeros días de su mandato, que fue confiado por las clases obreras y campesinas; que lamentablemente no fue aprovechado en beneficio del país, sino en beneficio de sus miserias humanas y mezquindades políticas de baja calaña.  

Aquella Revolución, a pesar de sus limitaciones, fue el primer cambio de timón para modificar el Estado desde sus propias raíces, y por fin otorgar independencia y soberanía a un país que no lo era, sino un país ocupado y absolutamente expoliado en sus recursos humanos y económicos. Con aquella Revolución Bolivia entraba por lo menos al siglo XX, para beneficiarse en algo de la modernidad y sus coletazos industriales. Aquella Revolución por fin ofrecía educación de calidad, salud de calidad e integración nacional, porque por fin había Estado y economía en función de la Nación. Por supuesto que es también criticable en muchos aspectos; pero lo cierto es que fue una notable osadía de los pobres para cambiar la historia de este país.  

Pero como en varias ocasiones, las dirigencias no estuvieron a la altura de las circunstancias. Los mineros y  campesinos se equivocaron de líderes. Confiaron en unos cabrones oportunistas, poco conscientes con Bolivia y sus bases; poco conscientes con nuestras realidades y poco preparados para los acontecimientos que se vivían. En varios casos ignorantes y analfabetos incluso políticamente. Por supuesto que el imperio aprovechó esas condiciones de miseria humana, para volver a imponer sus condiciones y medidas económicas posteriores. Esas dirigencias se fracturaron, se dividieron por miserias humanas, hasta destruir la Revolución y entregarle al general Barrientos en bandeja de oro, empezando las dictaduras militares más sangrientas e indignantes de nuestra historia. 

No podemos repetir errores que la historia nos enseña con lujo de detalles. No podemos  traicionar a tanta sangre derramada, a tantos sacrificios de los más pobres. No podemos dejar otra vez a la politiquería barata y oportunista, que reemplace a las necesidades de las bases, es decir de los pobres. Nuestras calles están otra vez llena de mendigos: mujeres y niños, de gente pobre que requiere atención inmediata del Estado y sus instituciones. No podemos dejar que la bulla y la miseria mezquina se adueñe de la política. No podemos dejar que se traicione las esperanzas de millones de bolivianos, esperando mejores días de esta Patria maltratada y mancillada, como en las épocas del MNR y sus caudillos de cuello blanco y cuello mestizo. 

No podemos repetir los errores del pasado, simplemente porque nuestra memoria nos traiciona y dejamos otra vez las decisiones más importantes en manos de gente irresponsable, no patriota, no consciente con las necesidades de las bases y el pueblo: de lo más importante que tiene este país. 

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