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lunes, 28 / noviembre / 2022

ENCUENTRO EN EGIPTO SOBRE CAMBIO CLIMÁTICO

por: Max Murillo Mendoza

Toda esta semana ha sido noticia mundial el encuentro sobre Cambio Climático, que se realizó en Egipto. Países ricos, no tan ricos y pobres se reunieron para debatir y tomar acciones en contra del calentamiento global del planeta. Los resultados no son muy alentadores, porque son momentos de crisis profunda mundial y el mundo necesita reactivar la economía, es decir las industrias no pueden parar ni cambiar de ejes tecnológicos. Sin embargo, el tema de fondo es el modelo de producción que tenemos desde el siglo XVI: capitalismo. 

Si bien el capitalismo en realidad saltó a la fama a principios del siglo XIX, cuando la primera revolución industrial en Inglaterra y Holanda, se inició con la colonización de Europa en el siglo XVI. Ahí se encuentran sus raíces profundas, en el saqueo, la expoliación y la explotación sin misericordia de humanos y riqueza natural de continentes enteros. Ese modelo de expoliación y explotación no ha cambiado en el fondo, sino lo tecnológico y las habilidades administrativas de las empresas transnacionales. Modelo que además tiene también sus raíces en lo destructivo de sus postulados de crecimiento al infinito, encima de la destrucción de la naturaleza: ríos, mares, montañas, valles, selvas e islas de todo el mundo.  

Está claro que parte de la historia del capitalismo es la destrucción de la naturaleza, y la terrible contaminación ambiental. Lamentablemente los sueños de industrialización a cómo de lugar, han seducido a todas las formas de gobierno por todo el mundo. Todos prometían industrialización como fórmula para resolver los problemas sociales y de pobreza. Y así fue durante dos siglos de historia. El mundo se industrializó por todas partes, por tanto se contaminó brutalmente el mundo entero. Hoy vemos los resultados de ese modelo en la destrucción total de la naturaleza. 

Es también cierto que el mundo desarrollado, en sus sofisticadas maneras de explotar al mundo, nunca comparten sus tecnologías de vanguardia que habrían permitido menos contaminación mundial. Los países al sur del mundo en general no cuentan con esas nuevas tecnologías, y sus obsoletas maquinarias simplemente ayudan en la destrucción del medio ambiente. Pues la poca solidaridad mundial respecto de compartir tecnologías e información, son causas fundamentales para esta dura realidad. 

Pero más allá de los discursos y debates, lo cierto es que ya estamos a destiempo para salvar a la humanidad. Las informaciones científicas son evidentes, y se ratifican científicamente con los radicales fenómenos de huracanes, tornados, lluvias, sequías, nevadas, inundaciones y probablemente terremotos. El calentamiento global está matando cientos de miles de especies animales, de plantas y árboles. Realidad que está sucediendo; pero los humanos seguimos nomás preocupados sólo por problemas antropocéntricos, egoístas al extremo de nuestro enanismo existencial, profundamente egocéntrico. 

En esta coyuntura de la historia mundial, por primera vez compartimos un mismo fenómeno que nos afecta a todos por igual. Sabiendo que hay países con más posibilidades de aguantar lo terrible. Sabemos también de quiénes tienen más culpa en esta tragedia. En todo caso, ahora sí depende de todos el sobrevivir juntos; o destruirnos juntos. El calentamiento global no tiene fronteras ni dilemas ideológicos, simplemente los ríos se están secando, las lluvias ya no son constantes, los animales se están muriendo por todo el mundo. Pues nuestra casa común, y nuestra única nave espacial que es la tierra se está destruyendo por el egoísmo humano, por la mezquindad de la naturaleza humana. 

En esta coyuntura de la historia mundial, quizás tengamos que hacer otra revolución más importante: salvar a la tierra y que siga siendo la herencia más importante para las generaciones futuras. Ya queda corto sólo pensar en uno o dos países, sino en regiones enormes donde compartimos ríos, montañas o mares conjuntamente. Definitivamente las fronteras ya no son excusas respecto de políticas de Estado, para cuidar el medio ambiente. 

Las élites de este mundo tienen la posibilidad de migrar a otros planetas; de hecho están con esos planes. Pero miles de millones de humanos se quedarán en la tierra. Por tanto, la responsabilidad es enorme para salvar al planeta, de los modelos económicos actuales que son maquinarias de destrucción masiva: de humanos y de la naturaleza animal como vegetal. Se requieren con urgencia pensar y razonar en otros modelos económicos, realmente más humanos y respetuosos de la naturaleza.  

Todo esto todavía suena a ciencia ficción para muchos humanos sordos y tontos. El mundo empieza una era peligrosa, y su sobrevivencia depende totalmente de la sobrevivencia del medio ambiente de todo el planeta. Nuestras montañas se están secando aceleradamente, pues en el altiplano no tendremos agua en unos años más. Los ríos se están contaminando y no tendremos qué comer, etc, etc.  

En Egipto, en estos días, al menos los países ricos e industrializados, por fin tomaron consciencia que nos deben mucho dinero por tantos siglos de contaminación mundial. Y algo se repartirá para estos monumentales esfuerzos de salvar al planeta. Sobre el profundo egoísmo humano, tenemos el deber de elevar nuestra consciencia colectiva y ponernos manos a la obra: salvar nuestra casa común: la tierra (Gaya), el Abya Yala para nosotros. 

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