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lunes, 28 / noviembre / 2022

El día que la Primera Guerra Mundial se trasladó a las costas de Chile en la Batalla de Coronel

El 1 de noviembre de 1914 se produjo en aguas del Pacífico, en el golfo de Arauco, frente a las costas del centro-sur de Chile, uno de los principales enfrentamientos navales de la Primera Guerra Mundial o Gran Guerra (1914-1918). La batalla debe su nombre al puerto de Coronel, el cual, junto a la cercana isla Santa María, sirvieron de escenario a aquel conflicto.

Al iniciarse la Primera Guerra Mundial (julio-agosto de 1914), el Pacífico occidental, Asia oriental y Oceanía se hallaban repartidos entre Alemania, Reino Unido, Francia, Japón y Estados Unidos. El centro de imperio colonial alemán era la ciudad y base naval de Tsingtao (en China), donde tenía su apostadero la escuadra naval de Asia oriental, al mando del vicealmirante Maximilian von Spee.

En agosto de 1914, ya en guerra contra Reino Unido, Francia y Japón, el vicealmirante von Spee se retiró de Tsingtao con su escuadra para evitar ser capturado. Su plan consistía en atravesar el Pacífico y el Atlántico para llegar finalmente a Alemania y unirse allí a la lucha. En su difícil y larga navegación hacia Europa, decidió practicar guerra de corso, es decir, guerra marítima contra el comercio del enemigo, y atacar a la vez sus colonias, bases y buques. El plan era audaz por las distancias a navegar y por los peligros que habría de enfrentar: las fuerzas navales del Reino Unido que saldrían en su cacería y la base naval británica de las islas Malvinas.

Entre agosto y octubre de 1914 la escuadra alemana del vicealmirante von Spee operó en las islas Marshall, Fanning, Samoa, Tahití y Marquesas. Del 12 al 19 de octubre permaneció en la isla de Pascua para abastecerse de carbón. Allí quedó finalmente integrada por los cruceros acorazados “Scharnhorst” (insignia) y “Gneisenau” (cada uno armado con 8 cañones de 210 mm. y 6 de 150 mm.) y los cruceros livianos “Nürnberg”, “Leipzig” y “Dresden” (cada uno dotado con 10 cañones de 105 mm.). Dichos buques eran modernos y veloces, y su excelente artillería se ubicaba en las cubiertas superiores, lo que permitía un uso eficaz. El vicealmirante Maximilian von Spee era un jefe hábil, lúcido, con gran experiencia y, a la vez, un líder y gran conductor, en tanto sus tripulantes y artilleros eran profesionales, experimentados y habían permanecido juntos en el mar por años.

Von Spee se dirigió a las costas sudamericanas, donde los puertos de Chile podrían brindar los apoyos logísticos necesarios. La travesía fue conocida por el Almirantazgo británico, que decidió destruir la escuadra de von Spee antes de que entrara al Atlántico, a fin de rechazar la amenaza naval alemana, proteger el comercio británico y defender la estratégica base de Malvinas.

Aquella misión se confió a la escuadra británica del Atlántico Sur, con base en Malvinas, la cual se hallaba comandada por el contraalmirante Cristopher Cradock, un jefe prestigioso, temerario, de gran liderazgo y muy apreciado por sus hombres. Integraban su escuadra el crucero acorazado “Good Hope” (insignia, con 2 cañones de 234 mm. y 16 de 152 mm.); el crucero acorazado “Monmouth” (14 cañones de 152 mm.); el crucero liviano “Glasgow” (2 cañones de 152 mm. y 10 de 102 mm.) y el buque auxiliar “Otranto” (8 cañones de 118 mm.). Dichas naves eran anticuadas, y poseían su artillería cerca de la línea de flotación, lo que dificultaba su uso en aguas agitadas y con fuertes oleajes; en cuanto a sus tripulantes y artilleros, la mayoría de ellos eran reservistas con escasa experiencia.

El contraalmirante Cradock debía destruir al enemigo, pero sus instrucciones no tenían en cuenta la desproporción de sus buques respecto a la escuadra de von Spee y a las actividades que debía cumplir. Recibió como refuerzo el acorazado “Canopus” (4 cañones de 305 mm.) que, pese a su antigüedad, lo consideró una fortificación flotante alrededor de la cual todos sus buques podrían encontrar protección. Como ese buque quedó en alistamiento en Malvinas, Cradock exigió más refuerzos: se le prometieron 2 buques japoneses y 1 crucero británico, pero sus pedidos de auxilio finalmente no fueron satisfechos. Consciente del poder de la escuadra alemana y de sus escasas perspectivas de éxito, dejó sus condecoraciones en la base de Malvinas y se dirigió a librar la batalla, presintiendo su final.

A fines de octubre de 1914 la escuadra de von Spee navegaba hacia el Sur bordeando la costa chilena. Enterado de ello, el contraalmirante Cradock zarpó con su escuadra hacia el Pacífico para enfrentarla y evitar que ingresara al Atlántico. El acorazado “Canopus” quedó en Malvinas y zarpó al Pacífico poco después.

Mientras la escuadra de Cradock navegaba por el Pacífico hacia Norte, von Spee sabía que buques británicos carboneaban en el puerto chileno de Coronel, por lo que se dirigió hacia allí decidido a dar batalla. El capitán de fragata Hans Pochhammer,segundo comandante del crucero acorazado alemán “Gneisenau”, señaló que el enemigo “procedía del Sur, trataría de disputarnos el dominio del mar en aquella misma costa, y para estar seguros del encuentro, era necesario adelantarse a sus intenciones”.

Cómo fue la batalla

Ambas escuadras se encontraron el 1 de noviembre de 1914 en torno a la isla Santa María, frente al puerto de Coronel. Ese día se dieron en el Pacífico temporales casi huracanados, fuertes vientos, grandes olas y mar muy agitado. Las escuadras navegaban en forma paralela, con rumbos encontrados, y adoptaron la formación en línea de fila o columna. Maniobraron graduando las distancias y las velocidades de los buques y el alcance de la artillería para aprovechar condiciones de visibilidad y posición del sol.

Cradock buscó utilizar el sol alto para encandilar a los artilleros alemanes, pero von Spee frustró esos intentos con perfectas y rápidas maniobras, esperó que el sol se hundiera en el horizonte y colocó su escuadra entre la costa y la escuadra británica. La posición del sol no afectaba la visión de los artilleros alemanes, y las siluetas de los buques británicos quedaron claramente marcadas y recortadas por la luminosidad del crepúsculo, lo que facilitaba la acción de los expertos artilleros germanos. Además, la escuadra alemana podía hacerse casi invisible al recostarse sobre la oscuridad de la costa y cerraba al enemigo el acceso a los puertos de la costa chilena en caso de huida.

El contraalmirante alemán von Hoffe señaló que “la línea de combate alemana se encontraba hacia tierra de modo que era muy difícil para los ingleses refugiarse en los puertos chilenos. Ellos ofrecían buenos blancos a los alemanes porque se destacaban los contornos de sus cascos contra el cielo una vez puesto el sol”; por el lado británico, el comandante del crucero “Glasgow” informó que “el sol está por entrarse detrás de nosotros, mientras que cuando se encontraba sobre el horizonte, nosotros teníamos la ventaja de la luz. El sol se pone y se alteran las condiciones de visibilidad. Los contornos de nuestras naves se proyectan netamente sobre el rojo del poniente y en el debilitarse de la luz, se hace difícil apercibir a las naves adversarias”. Al descubrir su gran desventaja ante la escuadra alemana, el contraalmirante Cradock ordenó virar y poner rumbo hacia el Sur y, aun así, no eludió librar la batalla.

La batalla comenzó hacia las 19 horas del 1 de noviembre de 1914. Ambas escuadras navegaban en forma paralela rumbo al Sur. El “Scharnhorst” atacó al “Good Hope”; el “Gneisenau” al “Monmouth”; y el “Dresden” y el “Leipzig” enfrentaron al “Glasgow”. El “Nürnberg” se incorporó más tarde a la lucha. El “Otranto” huyó hacia el Sur, en tanto el acorazado “Canopus” navegaba por el Pacífico, desde Malvinas, pronto para reforzar a Cradock. Además de las desfavorables condiciones de visibilidad y posición y maniobra respecto a la luz del sol y a la costa (hábilmente explotadas por los alemanes), el fuerte oleaje del océano barría los costados de los buques británicos dificultando la acción de su artillería.

Los disparos del “Scharnhorst” destruyeron la artillería principal del “Good Hope” y provocaron un gran incendio y una tremenda explosión en ese buque, que, hacia las 19.50 horas., se hundió con toda su tripulación, incluido el contraalmirante Cradock. El “Monmouth”, por su parte, fue destrozado por la artillería del “Gneisenau” y del “Scharnhorst”. El “Glasgow” soportó el fuego del “Dresden”, “Leipzig” y “Gneisenau”, pero alcanzó a huir. El “Nürnberg” terminó de rematar al “Monmouth” que, hacia las 21 horas., se hundió con su tripulación completa.

El resultado de la victoria naval alemana de Coronel fue el hundimiento de los cruceros acorazados británicos “Good Hope” y “Monmouth”, y la muerte de todos los tripulantes de ambos buques (unos 1654 hombres) y del mismísimo comandante de la escuadra el contraalmirante Cradock. El “Glasgow” y el “Otranto” lograron escapar hacia el Sur para encontrar al “Canopus”, que no alcanzó a participar en la batalla, y regresaron finalmente a Malvinas.

El 3 de noviembre de 1914 la escuadra alemana del vicealmirante von Spee entró triunfante al puerto de Valparaíso para abastecerse y dar descanso a las tripulaciones. El capitán Pochhammer comentó sobre esa visita que “era el deseo del almirante explotar su victoria allí mismo. Habíamos conquistado el dominio del mar en la costa occidental de América del Sur y era de esperar que Inglaterra, profundamente herida en su orgullo, trataría de arrebatárnoslo”.

No obstante, el vicealmirante Maximilian von Spee era consciente de que el Reino Unido desplegaría importantes fuerzas navales para vengar la derrota de Coronel; sabía, además, que llegar a Alemania sería muy difícil y que seguro enfrentaría a un enemigo más poderoso, con pocas esperanzas de éxito; así expresó que “no puedo regresar a Alemania. Debo surcar los mares del mundo haciendo el mayor mal posible, hasta que se agoten mis municiones o un enemigo superior logre cazarme”. Presintiendo su muerte, al recibir en Valparaíso un gran ramo de rosas como obsequio, von Spee expresó: “Estarán mejor en mi funeral”.

El 6 de noviembre de 1914 la escuadra de von Spee navegaba rumbo al cabo de Hornos para cruzar al Atlántico. El 8 de diciembre de 1914 sería vencida por una fuerza naval británica superior en la batalla de Malvinas. Como confirmación de su trágica profecía autocumplida, el vicealmirante Maximilian von Spee murió allí junto con sus dos hijos, ambos jóvenes oficiales navales, que prestaban servicios en sus buques.

Tiempo después, en abril de 1947, un grupo de cadetes navales argentinos que realizaba el viaje final de instrucción a bordo del crucero “La Argentina”, de visita por la ciudad de Valparaíso, vivió una emotiva experiencia. Así la relató uno de sus protagonistas: “Hacia la una de la tarde, ya hambrientos, entramos a un restaurante cercano al puerto; su dueño era un alemán que, al reconocernos como marinos, nos contó que había sido tripulante de uno de los buques de guerra alemanes que durante la Primera Guerra Mundial vencieron a los ingleses, frente a las costas chilenas, en la batalla de Coronel; según nos dijo, había sido desembarcado después del combate por haberse enfermado y esa circunstancia lo salvó de participar en la posterior batalla frente a las Malvinas, en la cual fueron hundidos la mayor parte de los buques del Almirante Spee, quien allí murió junto con dos de sus hijos y la mayoría de sus subordinados. Después de haber trabajado duramente en Chile, había logrado formar una excelente familia e instalar esa casa de comidas. Comimos muy bien y con el apetito propio de nuestra edad de entonces; cuando llegó el momento de pagar, el ex-marino alemán se acercó a nosotros y con una mirada afectuosa y emocionada nos dijo que debíamos considerar ese almuerzo como una atención de un camarada de armas”.

Entre el 1 de noviembre y el 8 de diciembre de 1914, el amenazante poder naval alemán desfiló desafiante y victorioso por aguas sudamericanas. La batalla naval de Coronel tuvo un fuerte valor simbólico y moral, ya que significó un duro golpe al orgullo de la Armada británica, uno de los pilares del poderío mundial del Reino Unido. Constituyó la peor derrota naval británica en más de un siglo; tal fue el impacto que provocó Coronel en el Reino Unido, que el primer lord del almirantazgo Winston Churchill manifestó que “esta derrota ignominiosa, debe ser vengada a la brevedad, o para las islas británicas queda en peligro la hegemonía naval que por tanto tiempo han ostentado”.

Finalmente, la batalla naval de Coronel proyectó, hacia las lejanas y recónditas aguas del Pacífico sudamericano, las disputas de poder de las dos potencias más importantes de la época, cuando el mundo asistía al inicio de un conflicto bélico que habría de marcar el destino de la humanidad.

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