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domingo, 27 / noviembre / 2022

UN ANIVERSARIO MÁS DE NUESTRA DEMOCRACIA 

por: Max Murillo Mendoza 

El sentido de la Democracia se sigue reflexionando desde hace siglos, quizás milenios. Cuando inventaron los griegos, tenían una democracia para los ricos y poderosos, en una sociedad donde los esclavos eran el pulmón económico. Y sobre esa base pues era posible esa democracia. En los siglos posteriores, el concepto de democracia se fue ampliando respondiendo a distintas realidades. La democracia, por ejemplo, de la revolución francesa cambió totalmente los designios y significados que tenía. O la democracia de la revolución rusa, que por supuesto respondía a las condiciones reales de esos acontecimientos.  

Actualmente se debate profundamente entre los tipos de democracia; sean estas liberales, o de corrientes sociales más radicales, ciertamente no hay conclusiones al respecto y pues probablemente no habrá. Nuestras realidades son tan distintas en nuestro país, que no hemos sido capaces de conjugarlas en convivencias democráticas, en todo caso es parte de este proceso complejo y necesario.  

Recuerdo bien, con cierta nostalgia, aquel 10 de octubre de 1982 junto al compañero Walter Limache Orellana, amigo y confidente del Juan XXIII, festejando con los compañeros mineros en la plaza principal de Oruro. Incluso lagrimeando de alegría, pues después de ser testigos como hijos de mineros de las dictaduras militares, de sus ocupaciones en los campamentos mineros, de los presos, exiliados y desaparecidos, estábamos contentos como estaba todo el país entero. Changos, recién bachilleres soñábamos con un país más digno para nuestra generación. 

Cuarenta años después es necesario realizar balances, crítica, correcciones, fortalecimientos y cómo no pues seguir adelante resolviendo los problemas estructurales que tenemos. Mi generación, la de transición entre las dictaduras militares y la democracia, de los años 80 y 90 jugamos papeles decisivos que aún no están reconocidos por la historia. En particular me dolió profundamente la derrota y el descalabro del movimiento obrero minero del año 86. Los culpables siguen en las penumbras de la historia. Esos aventureros de la politiquería que jugaron con vidas, con las excusas ideológicas que nada tienen que ver con nuestras realidades. Aquella marcha por la vida, donde acompañé a mi padre un tramo corto junto a sus bases de trabajadores de Catavi, realmente fue doloroso por los comentarios que se hacían de quiénes habían traicionado al movimiento minero. En fin. 

Así, varios pasajes de esta democracia no están investigados ni documentados científicamente, sino sólo en los discursos de moda. La derrota del movimiento minero se dio en plena democracia, con esa derrota el inició del neoliberalismo, es decir de la traición de partidos políticos que decían estaban con los mineros. Y vimos poco tiempo después como se corrompían siendo parte del Estado neoliberal. Incluidos muchos dirigentes mineros y sociales, que se prestaron a ese festín brutal de la derrota del movimiento minero. Quiénes tuvieron que partir a todo el país, como sonámbulos llevando todas sus cosas y familias en hombros, sufriendo las consecuencias de todo eso. Sobre esa tragedia hubieron dirigentes que gozaron de esos despojos humanos, después de servirse de ellos como dirigentes. En fin. 

Así, realizar un balance objetivo es necesario. No olvidemos los avances que se han realizado después del 2006. Porque hubieron avances, sobre todo para el sector indígena. Llegar al Estado no fue tarea fácil, no fue tarea sencilla. Se derramó sangre y también sacrificios de varios sectores sociales que permitieron esa hazaña. El Estado republicano era exclusivo, racista, pigmentocrático, señorial y totalmente al margen de las condiciones reales de nuestras realidades. Pero, todo esto también requiere un balance objetivo y sin pasiones de por medio. 

Una de las ilusiones de mi generación, como hijos de trabajadores, era el de construir políticas de Estado por fin favorables a los sectores marginados, y a todos los sectores del país. Políticas de Estado pues modernas, funcionales, veloces, sin burocracia, con personal altamente calificado. Porque nuestro país pierde demasiados talentos, en todos los campos, que se desperdician terriblemente por falta de oportunidades, por falta de becas a instancias de los mejores del  mundo, por falta de claridad y transparencia en el  manejo de la cosa pública. Había que revertir ese desangro de nuestros recursos humanos, en función de hacer un país más justo y modernizado, más humano. 

En definitiva, necesitamos realizar un balance más objetivo. Las bases de las organizaciones sociales tienen mucho que decir al respecto. Quiénes siempre dan el pecho a las balas, las bases, son las que deben tener la palabra en primer lugar. Esas opiniones, acerca de la democracia, son demasiado importantes para dichos balances. 

Estos balances son necesarios, no sólo como crítica constructiva, sino como materiales de construcción de todas las conquistas sociales que se han hecho. En un mundo convulso, totalmente desestructurado y desequilibrado, donde el peligro de una guerra atómica total se ciernen, pues desde Bolivia tenemos que seguir dando el ejemplo de que se pueden consensuar soluciones conjuntas. Cuando nos acercamos varias veces al abismo, demostramos como país que podemos salir adelante juntos. Esa es otra enseñanza de estos años de democracia. 

Tenemos una democracia; distintas de otras ciertamente. Con errores y aciertos; con tareas a mejorar y construir. Nuestros desafíos siguen siendo colosales y enormes, como resolver la pobreza indignante e insultante, etc, etc. Tenemos que seguir en la trinchera de nuestros compromisos, éticos y morales, en función de los más marginados y desfavorecidos de nuestra sociedad. 

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