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jueves, 9 / febrero / 2023

ENGENDRANDO DEMOCRACIA E IGUALDAD PARA LA MUJER

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

Existen numerosas  interpretaciones del feminismo, unas críticas otras más indulgentes, pero no se puede soslayar que es un movimiento bien estructurado y que propugna la igualdad  real  y efectiva con los privilegios endémicos del hombre.

El problema fundamental, a opinión del columnista, es que  las sociedades avalan la primacía del hombre  no obstante que  ese legado histórico  es   un  lastre incómodo e irracional, que impide al hombre no tener  que estar obligado a fundamentar su presunta supremacía todo el tiempo y sobre todo entender conscientemente que competir con la mujer libremente   en base a  capacidades, es el mejoramiento  sustancial de este mundo

El estrato intelectual que perjudica  ostensiblemente para lograr ese estado ideal de igualdad de derechos civiles y oportunidades es el de  los teóricos políticos; simplemente para reforzar esta afirmación basta leer a varios autores, mujeres y hombres, donde aquéllos  desarrollaron  una retahíla de argumentos explícitos  para justificar su misoginia, entendida como aversión y odio a las mujeres ¡por Dios que dislate! odiar a la mujer: el ser más importante de la creación.

Luego otros autores trataron de ser  magnánimos  y alegaron hipócritamente la falta de méritos; error tan  prosaico que ni siquiera se dieron cuenta  que  dejaban a las mujeres  fuera de toda dialéctica y conciliación de posiciones, en sus justas e irrefragables demandas.

Así, con lo precitado, dolorosamente, las mujeres han sido excluidas  o peor, ignoradas y subsumidas en los hombres, en lugar de  tratar a mujer como el único hálito de esperanza cierta para mejorar la estabilidad, equilibrio de oportunidades  de género  y el mejor tratamiento de la política mundial.

 Escasos autores, con un criterio  vívido de libertad  y concepción interna de la igualdad que  mora definitivamente en sus espíritus, entienden que la política debe  reconstruir los conceptos arcaicos  de los prejuicios de género y sobre todo, inexcusablemente, debe redefinirse la democracia con ambos sexos  discutiendo sobre ella.

Es abogado corporativo, posgrados en Interculturalidad y Educación Superior, Filosofia y Ciencia Política, Alta Gerencia para abogados, Derecho Aeronáutico, Docencia en Educación Superior, Conciliación y Arbitraje, doctor honoris causa, profesor universitario de pre y posgrado, escritor.

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