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jueves, 26 / enero / 2023

EDITORIAL: Multipartidismo, bipartidismo y partido único

El Diccionario de Ciencia Política y de la Administración, define el multipartidismo “como un tipo de sistema de partidos caracterizado por la existencia de tres o más partidos, diferenciándose de los modelos bipartidistas (dos partidos políticos) y unipartidistas (un solo partido)”. Por su parte, Eduardo Jorge Arnoletto, politólogo argentino, afirma: “En los regímenes constitucionales–pluralistas es condición necesaria la existencia de pluralismo ideológico y de organizaciones partidarias” (…) cabe considerar la posibilidad de cierta alternancia en el poder entre ellos, la formación de coaliciones, etc.”.

Pero lo importante es saber cuál es el sistema que ofrece –y permite– a los ciudadanos una más amplia gama de opciones. Pareciera que esta variante –la del multipartidismo– es la que resulta de la libertad de escogencia que ofrece la democracia representativa. ¿Pero el resultado es bueno o deseable?

El sistema bipartidista, vigente en los países de raigambre democrática, se prolongó por mucho tiempo, con distinta suerte: entre ellos, demócratas y republicanos en Estados Unidos, laboristas y conservadores en el Reino Unido, nacionalistas (blancos) y colorados en Uruguay, peronistas y radicales en la Argentina, conservadores y liberales en Colombia, liberales y republicanos en Bolivia, etc. Por supuesto que hubo diferencias notables; por ejemplo, el peronismo, aparentemente sostenedor de la variedad de opciones, fue excluyente, y en Uruguay el sistema bipartidista, en los hechos, funcionó adecuadamente hasta el advenimiento de la dictadura como reacción a la aventura guerrillera de los tupamaros.

¿Pero la dispersión hace posible preservar un ambiente de paz y armonía?  Es que está a la vista que en un amplio espectro partidista, actúan violentos agrupados que solo creen en la fuerza y no en el voto que debe ser el que encumbra opciones para garantizar la paz social, el respeto mutuo y convergente entre el poder y la oposición. Por el otro lado, restringir de libertad de escogencia, no es democrático. El dilema está a la vista.

Por supuesto que muchos elegimos la libertad como basamento de la democracia. Lo difícil es aceptar el autoritarismo violento que no reconoce los derechos de los ciudadanos. Más allá de uno u otro sistema, hay que superar la ausencia de sindéresis. Ese respeto a la disidencia está representado por Voltaire cuando expresó: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. 

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