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martes, 4 / octubre / 2022

Carlos Alcaraz, un rayo que asalta la cima del tenis, tras ganar el US Open

Desde sus primeros raquetazos en la escuela de su padre hasta su coronación el domingo en Nueva York: el español Carlos Alcaraz ha cumplido más rápido que nadie su sueño de infancia de ser el número uno del tenis masculino.

Con 19 años y cuatro meses, el prodigio de El Palmar (Murcia), un pueblo de 20.000 habitantes, batió el domingo al noruego Casper Ruud en la final del Abierto de Estados Unidos y, de un solo golpe, alzó su primer título de Grand Slam y se convirtió en el más precoz número uno de la ATP.

Este doble sueño potencia la trayectoria «imparable» que le vaticinó su ídolo Rafael Nadal, el gigante al que Alcaraz está llamado a suceder.

Nacido el 5 de mayo de 2003, la historia de Alcaraz está íntimamente al Real Sociedad Club de Campo de El Palmar (Murcia, sureste), donde su padre, Carlos, dirige la escuela de tenis desde hace tres décadas.

El club y su docena de canchas de tenis eran el segundo hogar de la familia Alcaraz, que vive a pocos minutos en auto.

Desde que tenía cuatro años, y tuvo fuerzas para empuñar una raqueta, Carlitos pasaba innumerables horas peloteando contra un muro o jugando con los amigos sin que sus padres supieran cómo sacarlo de la pista.

En la casa de Carlos Alcaraz sénior, un ex tenista que llegó a ser número 42 de España, se respiraba este deporte al punto de que otros dos de sus cuatro hijos también lo practicaron, incluido el pequeño, Jaime, que ya destaca con 10 años.

«Mi padre jugó muy bien, todos los que le enfrentaron lo dicen, pero no tuvo ocasión de crecer», explicó Alcaraz.

Entre abril y mayo conquistó sus dos primeros Masters 1000 en Miami y Madrid, donde doblegó a Nadal y Djokovic.

De carácter sencillo y familiar, el primer pensamiento tras ganar en Madrid fue para los suyos. «¡Viva El Palmar y viva Murcia», escribió en la cámara de televisión.

«Adoro estar en Murcia con la familia y amigos. No perderé nunca este ADN», asegura.

Ganando más títulos (5) y partidos (51) que nadie este año, Alcaraz subió como la espuma en el ranking mundial hasta que este domingo en Nueva York cumplió con la ambición que repetía sin parar desde los cuatro años: «Quiero ser el número uno».

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