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miércoles, 5 / octubre / 2022

Lula y Bolsonaro se lanzan a una campaña centrada en el espanto y a la caza del voto de los evangelistas

El presidente Jair Bolsonaro inició su campaña de reelección en el lugar donde dice que “renació”. Armó su primer acto oficial para las elecciones del 2 de octubre en el “punto exacto” en el que fue apuñalado en 2018: la esquina de las calles Halfeld y Batista de Oliveira, en el centro de Juiz de Fora, la ciudad de Minas Gerais. El ex presidente Lula da Silva lo hizo frente a la fábrica de Volkswagen en São Bernardo do Campo, en la región del ABC de São Paulo, donde comenzó su ascenso sindical y político a mediados de los años setenta. Simbolismo puro para intentar conquistar a un electorado que va a tener que elegir nuevamente entre pollo o pasta, frutilla o vainilla. Dos veteranos que representan las antípodas y que no terminan de convencer más que a sus incondicionales o a los que buscan algún rédito económico o político. El resto votará para que el otro no gane.

Las encuestas marcan que el amperímetro electoral sigue dando una ventaja clara de 12/15 puntos a Lula, el líder del PT. Sin embargo, según la encuesta de Genial/Quaest, la distancia se acortó con respecto al momento en que el ex presidente dijo que enfrentaría al actual. En julio de 2021, el 41% estaba dispuesto a votar a Lula y el 24% a Bolsonaro. Ahora, la ventaja de Lula es menor: 43% a 32%. La prestigiosa Datafolha daba en julio números más contundentes a Lula, un 47% en primera vuelta frente al 29% de Bolsonaro. Habrá que esperar su nuevo sondeo para esta próxima semana.

Los analistas de estas encuestadoras también destacan que la jugada de Bolsonaro con el aumento de los subsidios a los más necesitados no tuvo el efecto que buscaba. El mes pasado, su gobierno aprobó un paquete de gastos de 41.000 millones de reales (7.700 millones de dólares) que, hasta fin de año, aumentará los pagos mensuales en efectivo en un 50%, hasta los 600 reales, para el Auxilio Brasil (continuador de Bolsa Familia), además de crear subsidios de combustible para los conductores de camiones y taxis. Por ahora, el reparto de dinero no se tradujo en intención de votos.

Todo indica que la campaña estará centrada en el espanto. Genial/Quaest marca que 45% del electorado dice temer más la continuidad de Bolsonaro, siete puntos menos que en junio, y el 40% respondió que tiene más miedo a la vuelta del PT, cinco puntos más que en junio. Esto marca que el país está volcado en la enorme grieta que atraviesa la política en todo el planeta. También sobrepasa las líneas divisorias de la riqueza acumulada como el resto de los asentamientos humanos globales. La organización Oxfam lo pone así: el 1% más rico de Brasil concentra el 48% de toda la riqueza nacional y el 10% más rico se queda con el 74%”. Según la misma fuente, entre 2000 y 2016, el número de multimillonarios brasileños había crecido de 10 a 31, poseyendo conjuntamente un patrimonio de 81.560 millones de dólares. “Después del covid, seguramente ese número ha crecido. Una nación conocida por la creatividad de su gente, desgraciadamente, no fuimos nosotros quienes inventamos el teléfono móvil, la batería de litio o la computación cuántica. En un país donde hay millones de personas hambrientas, desempleadas y analfabetas, la pregunta es: ¿cómo consiguieron estos jóvenes reunir tanto dinero en un tiempo en el que gobernó la misma izquierda y derecha populista que ahora asegura va a remediar todos los males?”, se pregunta Marcelo Paixão, doctor en Sociología por el IUPERJ, economista y profesor de la Universidad de Texas en un artículo que escribió en la prestigiosa revista Piauí.

En los últimos meses se registraron varias iniciativas para romper con la inevitabilidad de tener que votar por Lula o por Bolsonaro. Después de tropezar en las luchas internas, el centro democrático MDB lanzó a la senadora del estado de Mato Grosso, Simone Tebet, como candidata presidencial, con Mara Gabrilli, de São Paulo, como su vicepresidenta. Obviamente, apuestan a conseguir los votos del electorado femenino que representa el 53% del total de personas con derecho a voto en Brasil y que mayoritariamente dice estar cansado de la bipolaridad. También apelan a la figura de la inclusión a través de Mara, que quedó tetrapléjica tras un accidente de tráfico en 1994. Las encuestas dicen que, de no mediar un cambio en el humor electoral, este centro-centro feminista tendría como máximo un 8% de los votos.

Y como ya se sabe, más allá de cualquier especulación electoral, en Brasil siempre hay un claro ganador, aunque no figure en las boletas: el grupo de diputados y senadores del denominado Centrão, lo suficientemente flexible como para acomodarse con cualquier gobierno. El Centrão es el bloque de partidos conservadores que domina la política brasileña desde la vuelta a la democracia en 1989. No es un bloque formal, con programa, sino que actúa adentro del Congreso cambiando apoyo parlamentario por espacios en la gestión del gobierno y en el presupuesto de la nación. El Centrão está formado hoy por 23 partidos que suman el 69% de los escaños en la Cámara de Diputados y en las últimas elecciones para las legislaturas estatales, ganó el 56% de las bancas y el 70% de los concejales y alcaldes en las elecciones municipales.

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