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domingo, 2 / octubre / 2022

Entrevista a Francisco Cerúndolo, N° 27 del mundo y estudiante universitario: “No sabía cómo me iba a ir con el tenis y no quería terminar como profe”

Aplicado, calentón, inteligente y muy perceptivo, así es Francisco Cerúndolo, actual 27 del mundo y estudiante universitario, que prioriza el tenis sin descuidar las materias de cada cuatrimestre para culminar su carrera y poder “hacer siempre lo que más me gusta”.

Fran, apócope que se trasladó del seno familiar al mundo del tenis, comenzó la temporada fuera de los 100 primeros del mundo, sin un lugar dentro de los grandes torneos, pero en base a la potencia de sus golpes, mejoras en su tenis e, inclusive, en sus decisiones, los resultados comenzaron a llegar. El acceso a cuartos en Buenos Aires y las semis en Río y Miami lo llevaron dentro de los 50 mejores en el primer ranking de abril. Luego llegó su actuación frente a Nadal en Wimbledon, el título en Bastad y la semi de Hamburgo para ocupar el puesto 27 del escalafón de ATP, posición que le hace conocer un mundo distinto al que estaba acostumbrado. “Estoy muy contento -comienza diciendo al empezar la charla-, porque uno siempre sueña con lo que está más arriba y, cuando te toca estar, al principio es como que no caes y te parece como todo muy normal. Después, recién te vas dando cuenta de dónde estás y con los jugadores que estás. Es todo muy loco, pero estoy muy contento, con muchas ganas y mucha motivación para poder seguir mejorando”.

Surgido de una familia de deportistas de alto rendimiento, con su papá entrenador de tenis y su hermano Juan Manuel, campeón en Córdoba 2021 y regresando de una lesión, Fran compartió mucho de lo cotidiano con ellos, pero alcanzar este nivel en el circuito seguramente modifica el día a día. “Y, cambia bastante, porque al calendario ya lo tenés casi armado por la ATP, no tenés que ir pensando semana a semana adónde vas a jugar o improvisando torneos. Además, dejás de pensar en el presupuesto y en cómo conseguirlo. Y, por fuera del tenis, la gente te empieza a conocer mucho más. A veces, estoy en la calle por Buenos Aires y me saludan o me piden una foto -se sonríe, mientras sus mejillas van subiendo su tono rojizo-, cuando antes pasaba desapercibido por todos lados -y lanza una carcajada-. Por lo demás, sigo siendo el mismo, eso no va a cambiar”, dice con seguridad.

Todavía no tiene tanta relación con todos los jugadores que están por su zona de ranking o más arriba, “es casi un ‘hola y chau’ -describe-, salvo con los argentinos, los españoles o algún italiano, con los que te venís conociendo desde los futures o los challengers. Pero estás mucho más con los argentinos o con tu equipo de trabajo”. De todas maneras, Francisco reconoce que si bien existe buena relación con sus compatriotas, no son todos amigos. Algo de eso quedó evidenciado en el tibio saludo con Sebastián Báez al término de la final de Bastad, en Suecia. No hay mal feeling entre ellos, pero a pesar de que los Cerúndolo y los Báez se conocen desde que sus hijos competían en categorías de menores, no lograron forjar una amistad, lo que no significa que sean enemigos o que vayan a generar una dupla tan antagónica como Vilas y Clerc, Coria-Gaudio, Nalbandian-Del Potro o Jaite-De la Peña.

Dentro de las cosas que no cambian en Francisco es la certeza de culminar sus estudios universitarios, porque “a pesar de la exigencia voy a seguir estudiando, nada me va a sacar de mi plan”. Cerúndolo estudia licenciatura en Management en Economía y Finanzas en la Universidad Palermo, “todo online, a distancia”, dice con un dejo de tranquilidad, porque ya lo había intentado de manera presencial en una universidad de Estados Unidos. “La idea era estudiar y competir, pero no cumplieron con lo que esperaba en cuanto a competencia y volví a la Argentina”, cuenta sobre esa experiencia. Su alternativa era la UBA, pero le quitaría chances de avanzar con el tenis o al revés, hasta que, por un acuerdo entre la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) y la Universidad argentina encontró lo que buscaba: “Con esa planificación de estudios y la modalidad online de estudiar a distancia, me dio la posibilidad de poder hacer las dos cosas, como yo quería”.

La decisión de seguir una carrera universitaria no llegó simplemente por un título, sino por la convicción de hacer lo que le guste en un futuro y no quedar atado al deporte en algo que no le dé placer, como tirarles pelotitas de tenis a los alumnos. “No sabía cómo me iba a ir con el tenis y no quería quedarme en un ranking en donde no pudiese vivir del tenis, para después tener que terminar como profe. A mí no me gusta eso, entonces, no quería quedarme con algo con lo que no iba a estar cómodo. Por eso empecé a estudiar, porque si no me llega a ir bien en el tenis, quiero tener otra salida que me guste más y en la que disfrute lo que haga”, explica Francisco, quien agrega que el tener una carrera universitaria le aporta “de todos lados”, porque, en el día a día lo corre del eje de estar pensando todo el tiempo en el tenis. “Es que estás todo el día en el club pensando en tenis, con jugadores de tenis y, entonces, dedicarle una hora o dos al día al estudio también me distrae un poco y me desconecta. Por otro lado, yo estudio economía porque espero poder aplicarlo con lo que yo pueda ganar en tenis o en lo que sea y saber adónde invertir o qué hacer. O, cuando me retire, poder hacer algo relacionado con lo que estudié y el tenis o alguna otra cosa, porque como dije profe o entrenador no sé si quiero ser. Entonces, con un estudio, el día que me retire puedo tener una salida laboral que me guste y me permita seguir trabajando, pero la prioridad sigue siendo el tenis, obvio.”

Sin plazos para recibirse, no se pone presión por cuántas materias debe meter cada año, “eso va fluyendo”, se sincera. “Lo más que puedo hacer lo voy haciendo cada cuatrimestre y, si va bien, fantástico, pero si va mal, obvio que me voy a calentar, porque soy muy calentón y uno se enoja, no me pongo esa presión tan alta”, dice Francisco, quien piensa que las 20 materias que le restan para recibirse pueda cerrarlas en los próximos tres años.

– ¿Qué hacés en los tiempos libres?

– Si tengo que estudiar, aprovecho y le meto un poco, pero no me gasto todo ese tiempo en estudiar, porque si hago sólo eso, después, no descanso nunca. Me gusta escuchar música o mirar cine online, no me gustan los videojuegos, y si estoy en viaje prefiero salir a pasear por alguna ciudad que sea linda. Pero, si estoy descansando en Buenos Aires, como ahora, me gusta mucho juntarme con mis amigos, con mi familia y hacer las cosas que no puedo hacer cuando estoy compitiendo, como ir a comer un asado el fin de semana, salir de joda.

Cuando se está muy bajo en el ranking y ve a los mejores allá arriba, uno sueña y piensa en qué o cómo lo hacen, “o que vienen de otro planeta -interviene Francisco-, pero cuando empezás a compartir vestuarios con ellos, te das cuenta de que hacen lo mismo que vos, ninguna cosa nueva. Entonces, ahí, lo empezás a ver como más cercano y más accesible a todo, no tan difícil”. Ahora que por su posición en el ranking tiene la posibilidad de pisar los mismos vestuarios notó que la diferencia la ve en el equipo de cada uno, “porque viajan con más personas o tienen más fama, más prensa, más todo. Y tienen, capaz, una mística que se hace sentir. Cuando llegan Nadal o Djokovic, eso se deja sentir, pero al fin y al cabo, vos los ves y se cagan de risa, boludean, juegan a alguna cosa, salen a bailar… En fin, no son robots”.

Al final del gran partido que disputó con Rafael Nadal, en Wimbledon, el público en el Court Central lo despidió con una ovación cerrada. Incluso, hasta el español se paró para aplaudirlo. Sin embargo, Francisco no pensaba lo mismo que el resto de quienes habían presenciado el match. Para él “fue una situación rara, porque estaba re caliente en ese momento. Me había quedado con mucha bronca, porque no pude llegar al quinto set y yo sentía que estaba muy cerca de conseguirlo”. Pero a medida que fueron pasando los minutos, Cerúndolo empezó a valorarlo, “y lo hice mucho más cuando vi el video. En el momento no entendía nada, estaba como shockeado, te pasan muchas emociones por la cabeza, pero al video lo vi mil millones de veces, porque me parece una locura lo que pasó”.

– ¿Qué es peor, tener a Nadal en la espalda esperando para entrar a la cancha o tenerlo enfrente, del otro lado de la red?

– ¡No! (exclama) Creo que el momento previo es el más duro, porque uno está muy nervioso o expectante pensando en qué va a suceder. Además, se está moviendo todo el tiempo, salta y su respiración es muy fuerte. Pero una vez que lo tenés enfrente y empezó a partido, te olvidás y le querés ganar, porque empezás a tener confianza en vos mismo y lo ves como posible.

No todo el camino estuvo allanado para Francisco, si bien cuando se metió lo hizo rápido y no precisó del apoyo de un sponsor para sustentar su presupuesto, después de un buen final de 2020 y un muy buen arranque en 2021, el ranking congelado con el que la ATP trató de apoyar a los jugadores en pandemia lo perjudicó notablemente y no le permitió ingresar al Top 100, cuando en condiciones normales debió haber estado entre los 80 mejores en febrero de ese último año. Esto lo llevó a perderse jugar tres torneos de Grand Slam y disputar otros certámenes de ATP, situación que lo dejó inmerso en un bache emocional del que le costó salir por algunos meses. “Debería decir que hasta hoy me dura”, se confiesa, pero lo cierto es que Francisco sabe que en el tenis no hay lugar por merecimiento y hay que ganárselo con las reglas del momento. “Igual, creo que el año pasado debí haber estado entre los 70 u 80 del mundo, en febrero o marzo. Con ese ranking hubiera sido otra cosa, porque un primer gran objetivo era meterse en el Top 100 y yo todavía no lo había hecho. Estaba ahí, sentía que había tenido muy buenos resultados como para estar en ese lugar que te permite estar más tranquilo, ver las cosas más claras y jugar mejores torneos. Era increíble, yo tenía 800 puntos (N de la R: habitualmente, con 520 o 530 puntos se cruza la barrara a los 100 primeros de ATP) y seguía entre el 105 y el 120; eso, lógicamente, me bajoneó un poco. porque tenía que volver a jugar algunos torneos challenger, no podía jugar los ATP y se hacía difícil”, recuerda de un tiempo que le resultó oscuro y que lo llevó a replanteos y cambios de enfoque: “Este año modifiqué esa mentalidad, me dije ‘vamos a empezar de cero’ y se me dio mucho más de lo que esperaba”.

Si bien Francisco ha venido creciendo por un camino con muchos escollos, las grandes victorias no lo sorprendieron demasiado. Desde aquella sobre Monfils en el Miami Open en adelante, la postura que notaba su equipo era la de un jugador habituado a esos triunfos: “Bien, gané. ¿Qué sigue ahora?”. Como en el cuento, dejó de ser aquel patito feo del tenis para aquellos que hacían augurios comparativos sobre su futuro y empezó a sentirse parte de ese grupo del tenis grande. “La verdad es que ahora sí me siento parte de ello. Yo creo que en el tenis una cosa muy importante es creértela, que es muy diferente a ser agrandado; es saber que salís a la cancha y le podés ganar al otro. Y ésa es una buena virtud que tengo yo, porque siempre me tuve confianza. Tal vez hay mucha gente que no avanza porque respeta mucho a los rivales, piensa que porque tiene tal nombre no se le anima. Yo siempre respeto a mi rival, pero una vez que estoy en la cancha siento que les puedo ganar. Por eso es que hay mucha gente que hoy me dice ‘estás re loco’ o ‘mirá los resultados que estás teniendo’, lo que sucede es que yo siempre siento que puedo y creo que eso es lo que me hizo avanzar muy rápido”, confiesa sobre su convivencia en el circuito.

El marco, el contexto en el cual se movía Fran comenzó a mejorarse, el plató sigue siendo de 23,76 x 8,23, pero la escenografía es lo que se le ha modificado, el marco alrededor de su rectángulo de trabajo, incluso, aquellos con quienes intercambia charlas y peloteos. “Ahora estás con los mejores todo el tiempo, rodeado de lo mejor, de gente que es buenísima en lo que hace”, reconoce el mayor de los Cerúndolo y extrae del recuerdo… “como la vez que me encaró Djokovic para saludarme y hablamos de mí y de mi hermano”. Pero también sostiene que recién lo están conociendo: “Yo me metí hace un par de meses y siento que hay muchos que son muy buena onda y otros que se hacen los distantes y no te saludan. No sé, tal vez sea para marcar un territorio. Pero bueno, hay de todo”.

Con algo más de media temporada adentro, Fran se sorprende de haber cumplido con todos los objetivos que se había propuesto, y es por eso que “en este momento no me puse ningún otro objetivo, a los de este año los cumplí todos y en sólo 7 meses. Perome encantaría poder cerrar la temporada siendo un Top 20, y a eso no lo veo tan lejano, porque sé que si hago un buen fin de año lo puedo lograr. Así que me gustaría terminar con un ‘1′ adelante”, termina confesando.

Tal vez, Cerúndolo ya no tenga objetivos para 2022, pero seguramente seguirá abrazando algún sueño a la hora de irse a dormir. “Por supuesto que los tengo -reconoce-, el mayor de ellos es ganar algún Grand Slam, pero todavía siento que no lo tengo cerca, porque sé que me faltan algunos pasos a cumplir para poder acercarme a ese sueño y ser protagonista”, lo que habla de la objetividad con que mira su carrera.

Francisco Cerúndolo es un tenista que se autopercibe tranquilo, pero calentón, amigo de los amigos y amante de los momentos en familia, que destaca como virtudes tenísticas tener “una gran derecha y ser un muy buen competidor”. Pero a la hora de mirarse fuera de la cancha dice: “soy un tipo muy inteligente y siento que soy muy maduro, a pesar de mi edad”. /portal Infobae

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