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sábado, 24 / septiembre / 2022

EDITORIAL: el pasado con ojos del presente

Se viene cuestionando la legalidad y la moralidad de los que descubrieron el llamado Nuevo Mundo, y se multiplican las críticas a la Conquista y al régimen colonial de España en América. Así, se juzga el pasado con ojos del presente, lo que, por lo menos, es una equivocación. Se olvida que mucho de lo que antes era moralmente era aceptable, hoy ya no lo es, y viceversa.

Estos afanes se manifiestan en una dudosa prédica –por no decir falsa–, en sentido de que en la vida colonial todo era injusticia, mala fe y opresión perversa de los españoles. Y así se procura desconocer una de las raíces predominantes de nuestra cultura. No se dice, por ejemplo, que los conquistadores –rudos ellos, es cierto– encontraron sociedades que carecían de la escritura y que no habían descubierto la rueda que hacía muchos siglos marcó un avance tecnológico trascendental. Hay en esto un largo etcétera. Es cierto que también hubo aportes autóctonos importantes, pero que no se opusieron a las nuevas corrientes que llegaron desde el llamado Viejo Mundo.

La mayor exacerbación anti hispana –y aún anti occidental–, afloró cuando se recordó el medio mileno del desembarco de Cristóbal Colón en una isla del continente que luego se llamaría América. Se procura aún calificar este hecho histórico con un eufemismo: “Encuentro de dos mundos”. Sí hubo encuentro, ciertamente con el gran aporte e influencia cultural de España que se expresa en el idioma, las ciencias y las artes, la religión y muchas costumbres, todo con la convicción de que se estaba forjado una nación hispanoamericana expandida en el mundo.

Luego los tiempos cambiaron. Nuevas corrientes y principios inspiraron la independencia de las colonias de América del Norte y la Revolución Francesa. Esto influyó en los pueblos de la América española que se rebelaron para lograr un futuro con independencia y con un modelo republicano. Pero también en esto se procura distorsionar la historia; se dice, por ejemplo, que los pueblos originarios fueron los artífices de la emancipación; y esta no es la verdad completa. Es cierto, entre las fuerzas que combatían en favor de la independencia hubo bravos guerreros quechuas y aimaras, como también los hubo en favor de la Corona. Esto último sucedió en la batalla de Cerro Carretas: los realistas contaron con dos regimientos indígenas que lucharon contra las fuerzas comandadas por el célebre patriota Manuel Ascencio Padilla.

Ahora, lo de “España grandiosa” en el himno cruceño, se manifiesta destacadamente en nuestra cultura y en nuestro espíritu.

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