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jueves, 18 / agosto / 2022

LA COSA JUZGADA

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

La comprobación del desinterés que los filósofos contemporáneos demostraron por el Derecho fue temporal, porque  el Derecho  como parte del todo que requiere comprensión  plena, interpretación y conocimiento debido a su calidad de ciencia  social por excelencia.

Hoy la Filosofia del Derecho   ha adquirido  tal magnitud  en su convicción  de la necesidad de elaborar sistemas se comprensión   de las leyes, como la Lógica Formal, entre otras y, sobre todo, continuar con el proceso  histórico de la ontología.

La cosa juzgada  se destaca entre las cuestiones jurídicas  objeto de estudio por  notables juristas y, siendo tan importante  un tema muy  amplio y complicado   que  la jurisprudencia  tradicional autoriza  a distinguir  como cosas afines  pero susceptibles a distinción: la preclusión, la cosa juzgada  formal  y la cosa juzgada  substancial.

Sabemos  desde las aulas universitarias  que la preclusión  es la irrevocabilidad  de las providencias  que estructuran  un proceso judicial, así quedan cerradas las distintas etapas  del proceso, llámense planteadas  u omitidas  en su curso  y relacionadas con el mismo. Luego está la cosa juzgada  formal  que es la irrevisibilidad de la sentencia dictada en un proceso en la que ha sido expedida; se trata puntualmente de la  preclusión de impugnaciones; esto supone, como tema muy interesante para los estudiosos de Derecho que la revisión  es posible  en otro proceso posterior.

Finalmente  la cosa juzgada  substancial  excluye  esta última  posibilidad, consecuentemente  en cualquier   causa  posterior  de las sentencias judiciales  de posible eficacia fuera del proceso. Esta etapa sí se la puede caracterizar  como la inmutabilidad de las sentencias firmes.

Es consecuente  y los jueces deberían asimilar  que las normas  jurídicas  son, según su naturaleza, inmutables, solo que algunas de ellas  por razones de conveniencia se las ha declarado  normativamente revocables; ejemplarizando: las normas abstractas, las leyes y los reglamentos, pues al instituir  la Constitución  poderes para expedirlas, no les puso  límite alguno, así implícitamente, se admite  por la Constitución la revocabilidad  de las normas generales.

Toda norma  es, por esencia, mutable o sea derogable, y no por conveniencia  o disposición normativa, sino, y esto es vital en su comprensión, porque el análisis esencial demuestra  que toda norma jurídica es una forma del pensamiento imperante  en la colectividad, o sea, es conducta comunitaria que significa vida humana viviente y, por decantación: libertad y creación, en consecuencia algo trascendental: cambio.

Si la derogabilidad es nota  esencial en toda norma jurídica, inclusive en sentencias judiciales, es preceptivo afirmar como siguiente etapa que, la duración  de la vigencia que constituye la cosa juzgada no puede conceptuarse  como inmutabilidad, en efecto, la inexistencia de una imposible  inmutabilidad no impide la obtención de la perduración  de las sentencias por medio de la prohibición de su revocamiento por normas jurídicas posteriores.

La cosa juzgada es una especie de este género y como cualquier otro principio normativo prohíbe  la derogación de normas jurídicas, pudiendo ser:

Acatado, con lo que  la norma continua en vigencia; ignorado, como ocurre regularmente con la derogación  consuetudinaria que no admite impedimentos legislativos. También el órgano  normador puede proceder  así, no sin riesgo de arbitrariedad; finamente interpretado estrictamente y por esta vía  bajo presión axiológica especies de casos se excluyen de  la prohibición legal, empero, por lo demás, nunca se ha pretendido  que  la cosa  juzgada fuera omnímoda, es decir, que alcanza  a toda  la sentencia judicial.

Es abogado, posgrados en Filosofia y Ciencia Política. Arbitraje y Conciliación, Alta Gerencia para abogados, Derecho Aeronáutico, Interculturalidad y Educación Superior, Docencia en Educación Superior, doctor honoris causa en Humanidades, docente universitario.

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