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lunes, 8 / agosto / 2022

Nallar, quien pasó la primera noche en Chonchocoro a menos cuatro grados centígrados, pensaba estrenar su visa a EEUU con viaje a Disney

 Al caer la tarde del sábado llegó Misael Nallar a las puertas del penal de Chonchocoro, emplazado en el municipio altiplánico de Viacha. Una brisa invernal y seis grados recibieron al millonario beniano, presunto asesino de tres policías y supuesto narcotraficante.

La fuerza de seguridad del Estado desplegó un importante operativo en Santa Cruz y El Alto para el traslado del yerno de un poderoso “narco” boliviano, preso en Brasil, al penal de máxima seguridad  ubicado en la provincia Ingavi, a 3.879 metros de altura,  del departamento de La Paz.

Numerosos agentes equipados con chaleco blindado, armas largas y  vehículos todo terreno lo custodiaron en ambas urbes. En La Paz fueron un centenar.

La temperatura de la primera noche del detenido preventivamente en esta dura penitenciaría, inicialmente por los siguientes 180 días, fue de menos cuatro grados centígrados.

En julio próximo, en las vacaciones escolares de invierno, tenía planeado viajar a Estados Unidos –él y su familia obtuvieron la visa a ese país– y pasar unos días en Disneylandia.

La esposa del “doctor”, así llaman al abogado Misael Nallar, Fernanda Lima Lobo, es hija de Einar Lima Lobo,  un narcotraficante extraditado en mayo de 2021 a Brasil y condenado en ese país a 14 años de cárcel.

La autorización estadounidense para visitar su territorio a una familia vinculada con actividades ilegales llama la atención.

El “doctor”, quien se había afeitado su frondosa barba y recortado el cabello,  se entregó voluntariamente en Los Troncos, a dos horas de Santa Cruz de La Sierra,  al verse cercado por la Policía. El mayor Álvaro Muñoz fue quien lo capturó a través de un informante.

Nallar, a quien la Policía describe como un asesino a sangre fría que hizo arrodillar y ejecutó a tres uniformados desarmados, se mostró temeroso y asustado ante el mayor Muñoz.

Temía ser “dado de baja” por las fuerzas de seguridad del Estado que lo buscaban y lo tenían “plenamente identificado”. El temor era el mismo hacía otros narcotraficantes. El temor ahora lo dirige a su estancia en Chonchocoro, un penal extremadamente frío y aislado de la ciudad, construido con fondos estadounidense para  llenarlo de narcotraficantes en la década de los noventa.

Como su yerno Lima Lobo, su familia paterna está vinculada al narcotráfico desde la década de los ochenta cuando con las dictaduras militares el negocio de la droga tenía protección oficial a cambio del pago de un “generoso impuesto”.

No es casual que el mayor Álvaro Muñoz lo hubiera capturado. Sus superiores a él le encargaron esa responsabilidad.

La Policía de Santa Cruz ha sido salpicada con escándalos de narcotráfico, corrupción e ineptitud los últimos años.

Uniformados comprometidos en volteo de droga, robo de vehículos, asociación con delincuentes.

Su desprolija actuación en el atraco frustrado a la joyería Eurochronos matando delincuentes y rehenes está aún en la memoria colectiva. Además, en el juicio de ese caso se estableció que seis policías, en diferente grado de complicidad, eran parte del atraco.

En ese panorama sombrío, el recién llegado mayor Muñoz a la difícil plaza cruceña era el idóneo para la tarea de captura. Hoy, su identidad ha sido expuesta y dos poderosas familias de narcotraficantes lo tienen marcado.

El asustado Nallar –de 27 años, el cuerpo tatuado y padre de tres niños– es investigado por la Policía antidroga por supuestos nexos con el narcotráfico. 

Con un nuevo director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico, 17 uniformados de este organismo de élite del departamento de Santa Cruz han sido apartados de sus cargos, entre ellos el capital Rubén Aparicio Villarroel.

La misma fuerza pública “sospecha” que Aparicio Villarroel tiene supuestos vínculos con Misael Nallar.

Nallar aún sueña con su viaje a Estados Unidos. La embajada de ese país en Bolivia, a una semana de los sucesos trágicos de Porongo, no se ha pronunciado oficialmente sobre la visa otorgada a quien se perfila, de momento, como un peso pesado del narcotráfico.

Un colega periodista no supo si llorar o reír cuando preguntó a esa delegación diplomática sobre la visa al asustadizo Nallar y recibió la siguiente respuesta, vaga, ambigua: “La embajada no niega ni confirma por la Ley de Privacidad”.

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