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domingo, 3 / julio / 2022

EL MUNDO EN PERSPECTIVA DESDE EL SUR

por: Max Murillo Mendoza

La guerra europea entre Ucrania y Rusia, tiene actores invisibles y secundarios quiénes en realidad están apostando y dirigiendo los hilos, que definirán lo que después sucederá en el mundo entero. Por supuesto desde el sur del mundo sólo somos testigos mudos, que desde el siglo XVI nuestro papel en la modernidad es ser consumistas, sin tener influencia alguna sino por el saqueo de nuestros recursos naturales. Pero lo que sucederá después de la guerra europea, no cambiará lamentablemente nuestro papel en el concierto mundial. De hecho las tendencias que se suceden desde hace 30 años, marcan nomás nuestras periféricas formas de sobrevivencia, aun todos los esfuerzos que realizamos.  

El creciente abismo entre las distintas revoluciones tecnológicas y científicas, que velozmente transforman el primer mundo, se agiganta considerablemente frente a nuestras realidades. Y esa es una constatación objetiva. Revoluciones que cambian profundamente el imaginario de las economías y los múltiples fenómenos sociales, por supuesto en aquellas sociedades dueñas de las patentes científicas y los mecanismos financieros precisamente desde el siglo XVI. La actual guerra europea nos muestra otra vez esa realidad. Pues ingentes cantidades de recursos económicos, financieros, tecnológicos y científicos salen a la palestra junto a sus definiciones políticas globales. A nosotros sólo nos queda la bulla y la protesta periférica, casi totalmente desapercibida.   

Hay un condimento, sin embargo, preocupante en lo que sucede en el primer mundo: el creciente nacionalismo, incluso ultranacionalismo, que influye duramente empujando a esos gobiernos a cerrar sus fronteras radicalmente. En un mundo donde se apostó a la globalización económica como científica, a inicios de este siglo, hoy reniegan de esos postulados escudándose en sus nacionalismos. Entonces las noticias de cientos de muertos en sus fronteras, de personas que escapan de la pobreza y la miseria tercermundista son cotidianas. Y quiénes ya viven allá en esos países, no la están pasando bien porque dichos nacionalismos son también caldo de cultivo de racismos modernos o postmodernos.  

Hasta hoy, el ser humano no aprende de su historia. Es más, la historia es sólo cantos de sirena nostálgico o para deleite de unos cuantos investigadores. No tiene valor político ni estratégico, por todo lo que se ve en la actual guerra europea. Se creía después de la segunda guerra mundial, que el mundo aprendería de ese inmenso dolor (aunque para el sur del mundo es otra cosa: Vietnam, Irak, Afganistán, etc) y por fin caminaría en la reconciliación y la consolidación de la paz eterna. En fin.  

Pues bien, en todo caso desde el sur debemos constatar que seguimos nomás siendo furgón de cola de la modernidad, con el peso brutal de nuestras pobrezas y miserias que sólo nos hacen pelear entre nosotros tercermundistamente. Y que si no entendemos que debemos hacer enormes cambios en nuestras estrategias políticas, económicas, educativas y ojalá científicas, simplemente seguiremos siendo los pobres clásicos de esta historia tradicional. Ya vemos que los poderosos intereses del primer mundo, no nos toman en cuenta para absolutamente nada, sino en el ámbito del saqueo de nuestras riquezas naturales. Al parecer esta ecuación no cambiará para nada. Así, volvemos a constatar que sólo dependemos de nosotros mismos.  

El mundo está cambiando dramáticamente. Y cambiará más todavía después de la actual guerra europea. Europa y Estados Unidos saldrán fortalecidos en los condicionamientos de poder político y económico. La carrera tecnológica será más sangrienta aun, por lo que países como el nuestro, mientras no cambiemos nuestra lentitud y ausencia de políticas de Estado en educación científica y tecnológica, se rezagarán todavía más.   

En estos dramáticos giros mundiales, nos encontramos con desafíos globales como el cambio climático. Probablemente el tema y asunto más importante para la sobrevivencia humana, y el de la naturaleza. Desafío que nos pone a prueba a todas las ideologías, culturas y mentalidades del mundo. Más allá de las mentalidades cavernarias de la guerra en occidente, los fenómenos del cambio climático, exigirán una factura muy fuerte.  

Sin embargo, es una pena constatar que otra vez como en la guerra fría los países más poderosos del mundo, junto a los pobres, priorizarán los gastos económicos en armamento sofisticado, es decir criminal. Los gastos sociales simplemente estarán reducidos o congelados, pues el mundo se ha puesto otra vez en alerta entre supuestos pensamientos liberales, contra pensamientos totalitarios y ultranacionalistas. Otra vez, las industrias de la guerra se verán beneficiadas totalmente y las mejores mentes científicas del mundo se emplearán en estas industrias. El ser humano definitivamente no aprende de su historia.  

Pero nosotros tenemos que sobrevivir, aun tengamos este mundo terrible e injusto. Eso es ponernos las pilas en serio, en nuestras estrategias de Estado en aquellos escenarios urgentes como la educación, el entrenamiento tecnológico de las nuevas generaciones, el cuidado del medio ambiente y el cuidado social de los jóvenes como el presente y futuro geopolítico de la historia de nuestro país. Porque repetir la historia de los anteriores siglos simplemente sería criminal, injusto y altamente irresponsable como trágico. Eso, pues, no podemos permitirnos ni podemos permitir. 

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