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domingo, 3 / julio / 2022

El filme que marcó el final de Tom Cruise y Nicole Kidman: de los insólitos pedidos de Stanley Kubrick en las escenas de sexo al curioso récord Guinness

Los que vimos Top Gun: Maverick no pudimos menos que salir agradecidos del cine. Es cierto, la película no entra en el rubro de culto ni en el de cine arte. Pero logra entretener, un poco emociona y sobre todo consigue algo que parecía perdido: que uno vea cine en el cine. Todo esto es mérito de Tom Cruise, que no solo conoce la industria cinematográfica como pocos, también lo que el público desea y sabe cómo hacer una buena película sin hacer concesiones de calidad y producción.

Con la saga de Misión Imposible, Cruise logró el cetro de especialista en cine de acción. Pero repasando su carrera no siempre fue así. A fines de la década del 90, el actor buscaba lo que buscan la mayoría de los artistas bendecidos con la belleza: que miren el contenido más que el envase. Después de protagonizar Top Gun, Cocktail Días de trueno, intentó por todos los medios ser tomado como un artista versátil y se embarcó en proyectos como Nacido el 4 de Julio y Entrevista con un vampiro.

Mientras buscaba su identidad como actor, Cruise también buscaba su gran amor. Después de un corto matrimonio con Mimi Rogers y un breve romance con Rebecca de Mornay, conoció a una bellísima australiana de 23 años: Nicole Kidman (quien este lunes 20 de junio celebra sus 54 años).

Los convocaron para filmar Días de Trueno. La rubia contó alguna vez que miraba por la ventana de una oficina cuando vio a Cruise bajar de su Porsche. Él comenzó a caminar con la naturalidad de los que son y no se hacen los lindos. Ella no pudo evitar un: “¡Wow!, este hombre no puede ser real”. Cuando los presentaron, su metro ochenta sobresalía claramente sobre el metro setenta del actor, pero a ninguno le importó. Kidman quedó tan impactada que apenas pudo concentrarse. “Acabo de dar la peor prueba de mi vida. Nunca conseguiré el papel”, pensaba al regresar a su casa. Pero no solo consiguió el trabajo; también un gran amor.

El 24 de diciembre de 1990, apenas un años después de conocerse, se casaron en una boda secreta en las Montañas Rocosas en Colorado. Nicole tenía 23 años y Tom, cinco más. Se convirtieron en la pareja más poderosa de Hollywood. Al tiempo, el matrimonio adoptó a Isabella y luego a Connor.

Los desacuerdos llegarían cuando Tom decidió iniciarse en el culto de la Cienciología. Desde el comienzo Kidman no vio con buenos ojos su decisión. Pese a esto, se mostraban como una pareja consolidada y seguían atrayendo a todos.

Era 1996 y Nicole Kidman filmaba en el Reino Unido Retrato de una dama. Su marido decidió visitarla y de paso conocer a Stanley Kubrick. El director era considerado uno de los más influyentes del siglo XX, ya sea por la precisión técnica de sus trabajos como la profunda carga simbólica de sus películas. Estuvo al frente de La naranja mecánica, una de las películas más polémicas de la historia, una versión de Lolita y de El resplandor, con Jack Nicholson, entre otras.

Cruise sabía que el director quería una pareja para su nuevo proyecto: Ojos bien cerrados, un thriller erótico que exploraba la infidelidad y que sugería que hasta la pareja más perfecta no podía escapar de ella. Cuando se ofreció a protagonizarla con su mujer, Kubrick no lo podía creer, su primera opción había sido Alec Baldwin y Kim Basinger, que por esa época también eran un matrimonio consolidado. Pero ante la propuesta de Cruise no dudó en aceptar, y los estudios, mucho menos. Cruise pensó que trabajar con Kubrick lo sacaría para siempre del rol de galán. Todos estaban encantados. No terminarían igual.

El rodaje de la película empezó en noviembre de 1996 y duró hasta junio de 1998. Se demoró tanto que al terminar logró un galardón tan insólito como único: la grabación ininterrumpida “más larga de la historia”, como figura en el libro Guinness de los Récords. Desde que se escuchó el primer “acción” hasta el último pasaron más de 15 meses, es decir, 46 semanas ininterrumpidas de rodaje.Tom y Nicole, habían firmado un contrato hasta que finalizara su trabajo, tuvieron que instalarse en Londres con sus hijos. La estadía se prolongó tanto que los chicos acabaron hablando con acento inglés.

Harvey Keitel también tuvo problemas con la “grabación larga duración”. El rodaje se superpuso con el de Graceland y debió abandonar Ojos bien cerrados. Su lugar fue ocupado por Sidney Pollack, que en general estaba detrás de cámara pero esta vez se puso al frente. Pero ya lo dice el dicho, no hay mal que por bien no venga: a algunos, la grabación más larga de la historia los ayudó. Varios actores, técnicos y extras que habían sido contratados para trabajar solo unos días terminaron trabajando mucho más tiempo y ganando bastante más.

Además de los tiempos, Kidman y Cruise tuvieron que aceptar ciertos requerimientos por lo menos insólitos del director. El guion indicaba que la historia transcurría en Nueva York. Se sabe que la Gran Manzana, al momento de elegir locaciones, suele ser una de las ciudades favoritas. Valga un dato: solo en el año 2012 se filmaron 23 series, 188 películas y 140 avisos televisivos. Con una infraestructura suficiente y un marco único todo indicaba que los protagonistas rodarían en la ciudad. Pero no.

Kubrick padecía una fuerte fobia a volar y decidió que la película tendría el marco de Manhattan pero se rodaría en los estudios de Londres, ciudad donde residía. Así que el director reversionó el dicho de “si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”, por un si el “director no va a Nueva York, Nueva York va al director”. En vez de adaptar la trama a la nueva locación envió a sus técnicos a Manhattan para que midieran el ancho de calles, edificios, y tomaran imágenes de kioscos, postes de correos y cabinas telefónicas, todo para reproducirlos en Londres.

En torno a los métodos y el trabajo de Kubrick existen varias leyendas urbanas que los protagonistas nunca confirmaron pero tampoco desmintieron. Una asegura que el director los obligó a visitar cabarets para que observasen el erotismo entre sórdido y atrayente de esos lugares. Otra cuenta que Kubrick les aconsejaba cómo debían reflejar la sexualidad y para eso le pidió ayuda a los encargados de las escenas eróticas. Una revista publicó que casi casi que les tuvieron que enseñar a Cruise y a Kidman cómo hacer el amor. Esto provocó una demanda de la pareja hacia el medio de comunicación.

Lo que sí confirmaron, y hay testigos, es que el perfeccionismo de Kubrick llegó al extremo de ordenar repetir 95 veces -sí, leyó bien ¡95 veces!- una escena en la que Tom Cruise debía… cruzar una puerta. Si esto asombró al lector, hay todavía más. La escena de un minuto en la que el personaje de Kidman practica sexo con otro hombre en un affaire imaginario demandó ¡seis días! La rubia tuvo que realizar las escenas desnuda y practicando con un modelo. En una extraña combinación de dirección actoral y algo de morbo, el director le prohibió la entrada de Cruise al rodaje. Eso sí, no ahorró detalles y le describió las más de 50 posturas sexuales que le exigió a Kidman.

Otra medida extraña fue que, para que se compenetraran más con sus roles, les pidió que durmieran en la habitación de los personajes durante buena parte del rodaje. Ellos subieron la apuesta: eligieron los colores de las cortinas y llevaron ropa de cama y buena cantidad de indumentaria propia para seguir el juego del director. Es el momento que cabe preguntarse: ¿si en vez de tanta preparación simplemente actuaban?

Ya antes de arrancar el rodaje, Kubrick jugó al límite entre la realidad y ficción. Les pidió a los protagonistas asistir con él a unas sesiones de psicoanálisis en las que la pareja confesó sus problemas reales.

Ante las dudas por el trabajo del director y la exposición a la que los obligó, Kidman aclaró años después: “Cuando fui a trabajar con Stanley Kubrick, él dijo: ‘Voy a querer desnudez frontal total’, y yo respondí: ‘Ay, no lo sé’, así que llegamos a un gran acuerdo, que era contractual. Me mostraría las escenas con desnudos antes de que aparecieran en la película. Entonces pude sentirme completamente segura. No dije que no a nada de eso. Quería cerciorarme de que no iba a estar parada allí desnuda y todos burlándose de mí. Estaba protegida”, narró en The New York Times. Para romper con la imagen tiránica del director, contó que le gustaba ir a comer al motorhome de la pareja y que era fanático de los videos de animales, a los que consideraba “mucho más agradables que los seres humanos”.

Las exigencias del director, la filmación interminable, provocó tal estrés en Cruise que terminó con úlceras estomacales, pero nunca se lo contó a Kubrick porque no quería preocuparlo o quizás que todo se alargara más.

Las obsesiones de Kubrick no eran solo con los protagonistas. “Me llamaba a cualquier hora para preguntarme cosas como si yo había estado en un orgía o para pedirme información sexual de diverso tipo -reveló Frederick Raphael, su coguionista-. Una noche, para que me dejara en paz, le mandé por fax un supuesto expediente del FBI completamente inventado por mí, donde se detallaban las actividades sexuales de The Free, una secta ligada al presidente Kennedy. Me llamó aterrorizado a los pocos minutos. Tenía miedo de que fueran a matarnos. Le dije que se calmara, que era todo mentira, que lo había inventado yo. Me preguntó cómo lo había hecho. Le respondí que era un escritor. Stanley quedó tan aliviado como perturbado por mi respuesta. Creo que habría preferido que fuera verdad y que nos mataran a los dos, a que el expediente se me hubiera ocurrido a mí”.

Finalmente la película se estrenó. La expectativa era tal que la revista Time le dedicó la tapa y una nota de ocho páginas. Aunque duraba dos horas y 21 minutos, Ojos bien cerrados tenía todo para ser un éxito: sexo, presupuesto, director de prestigio y las dos mayores estrellas de ese momento. Sin embargo fue una de las raras ocasiones donde público y crítica coincidieron en no coincidir. Para algunos era una obra maestra y para otros un despropósito. Ni el boca a boca ni la publicidad funcionaron y luego del impulso inicial -algo mirón- por ver a los dos actores en escenas de intimidad, la película pasó sin pena ni gloria. No fue un completo fracaso pero tampoco un gran éxito. Se invirtieron 65 millones de dólares y recaudó 160.

Ante las críticas, Cruise respondía que “la película es todo aquello que el espectador quiera ver en ella, es una experiencia diferente para cada uno de nosotros”. “La primera vez que vimos la película terminada quedamos en estado de shock”, aseguraba a su vez Kidman. “La segunda pensamos que sí, que iba a ser una película controvertida. Pero estoy orgullosa del filme y de ese período de mi vida. Fue mi obsesión, nuestra obsesión, por dos o tres años”.

Luego del estreno, el matrimonio anunció su separación. Así como se casaron en una ceremonia secreta se separaron sin dar explicaciones ni provocar escándalos. No hubo comunicados ni anuncios oficiales. No trascendieron motivos ni conversaciones privadas. Ni siquiera un amigo indiscreto filtró los motivos del divorcio. Algunos trascendidos señalaban que la decisión de Tom de convertir a sus hijos en fieles seguidores de la Cienciología fue el motivo de la separación. También la negativa de Nicole de abandonar el catolicismo y sobre todo, su oposición terminante a intervenir en la vida de sus hijos para imponer sus propias creencias.

Kubrick no alcanzó a ver la separación de sus protagonistas. Murió cuatro días después de entregar la edición final de la película a la productora Warner Bros y a cuatro meses de su estreno en Estados Unidos, el 16 de julio de 1999. El director solía repetir que “si puede ser escrito, o pensado, puede ser filmado”. Pero si filmar puede salvar o no matrimonios, nada dijo. Lo bien que hizo.

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