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sábado, 24 / septiembre / 2022

EDITORIAL: La credibilidad es imprescindible

Es particularidad de un gobierno serio la credibilidad, o sea la que concita confianza en la ciudadanía, y la seguridad de que sus mandatarios y altos personeros son consecuentes con sus ofrecimientos, firmes en sus decisiones, responsables de sus actos y capaces de reconocer errores y de enmendarlos.

Está muy extendida la tendencia de calificar como habilidades políticas las zancadillas al adversario, los subterfugios para eludir obvias responsabilidades y las justificaciones torcidas de acciones ilegales que causan el descreimiento en la seriedad y las buenas intenciones de un régimen. Esto se agudiza cuando hay contradicciones entre los propios jerarcas del gobierno y, peor aún, cuando estos van acomodando lo dicho para eludir la ira del jefe político. Así llegan al extremo de juntarse para urdir justificaciones a lo injustificable.

Un gobierno serio defiende el imperio de la ley, enmienda errores y escucha a los que los señalan. Lo contrario conduce al autoritarismo que no acepta que la moral política radica en el respeto mutuo y convergente entre la mayoría y las minorías y, sobre todo, en la honestidad en sus actos.

Perder la credibilidad es incluso más fácil que perder prestigio. Basta una contradicción evidente, una mentira que sale a la luz o una mala acción. Resulta casi imposible recuperarla porque confiar de nuevo en alguien que te defrauda y que lo tenias como ejemplo es muy difícil.

En nuestro momento presente de la llamada era digital, se vive un gran flujo de información. La conexión en medios digitales es altísima entre la gente y la información, se generan más noticias, las actualizaciones y la salida a la luz de cosas es mucho más probable… los políticos están por ello más expuestos y deben tener más preocupación por mantener su credibilidad.

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