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jueves, 19 / mayo / 2022

LOS NUEVOS PROLETARIADOS EN LOS NUEVOS TIEMPOS

por: Max Murillo Mendoza

El gran historiador y filósofo italiano Benedetto Croce, afirmó que la historia es siempre historia contemporánea. Es decir, que juzgamos al pasado con ojos del presente: mentalidades, costumbres, ideologías. En esa línea, ya no existe más, desde el anterior siglo, aquel proletariado fabril, industrial, manual y sobre todo estable, que a pesar de todo era dueño de su lugar de trabajo muchos años. Aquellas ideas en realidad se desprendían de las nociones tayloristas y fordista. Nociones industriales, donde millones de obreros tenían las mismas características por todo el mundo.  

Hoy en realidad los asalariados modernos e incluso industriales, son de características precarias, sin derechos algunos laborales, con sobre explotación laboral. Pues sí, la precariedad laboral es cada vez una constante por todo el mundo, aun los avances de las tecnologías de punta y las máquinas más sofisticadas, los nuevos proletarios profesionales están sumidos en las condiciones más desfavorables a nivel del trabajo. Ciertamente, como en todas las épocas, hay sectores privilegiados que son realmente muy pocos, montados en las crestas del mundo del trabajo. En general, incluidos los países industriales, el mundo del trabajo se ha diversificado brutalmente pero sobre todo se ha precarizado terriblemente en contra de los obreros, en contra de los profesionales.   

En realidad, en estos tiempos modernos y tecnológicamente adelantados, lo único seguro es el desempleo mundial. Por tanto, el trabajo se ha reducido a esquemas precarios de sobrevivencia. Y las leyes, por todos lados, se han amoldado a estas duras realidades modernas.  

En Bolivia, la explosión sin precedentes de los servicios como los sectores del turismo, de la gastronomía, de la educación superior con los cientos y cientos de universidades, institutos técnicos y otros centros educativos, supermercados, pequeños negocios de sobrevivencia, donde los nuevos proletarios que son sobre todo jóvenes, trabajan en condiciones de explotación del siglo XIX. No tienen horarios fijos sino varían entre 10 y 16 horas de trabajo al día, los sueldos rondan entre los Bs. 1000 hasta los Bs. 2000 al mes. Por supuesto sin seguro social, sin regulaciones que les favorezcan en lo cotidiano. Así, probablemente millones de jóvenes se someten a esas condiciones, porque no existen más oportunidades reales económicamente hablando.  

Como en todo, la ausencia de investigaciones científicas en Bolivia, no nos permiten realmente hacer análisis certeros, sino aproximaciones desde nuestras visiones empíricas o de los contactos que tenemos.   

Los cambios estructurales y radicales de estos últimos 30 años, en nuestras sociedades, incluyen a las cuestiones del mundo laboral. Y no hemos reemplazado las coordenadas de los análisis de nuestras realidades, sino con los mismos discursos de moda que sólo repiten consideraciones desde hace 50 años atrás. Es verdad que la explotación y la precariedad siguen siendo los insumos más importantes; pero en coyunturas y realidades absolutamente distintas desde lo histórico. Además, los nuevos proletarios no tienen precisamente las condiciones ideológicas para las recreaciones de defensa, de sus propias condiciones materiales. Son pues definitivamente otros tiempos, otras etapas históricas las que tenemos al frente.  

También las emancipaciones humanas contra el capital se han diversificado. Temas de género, raza, cambio climático, colonialismo, racismo, entre otros, son demandas sociales importantes junto al mundo laboral proletario. En suma, las consideraciones actuales del mundo laboral tienen otros insumos claves, para las nuevas construcciones teóricas sobre los proletariados modernos de estos tiempos.  

Cada generación tiene sus propios desafíos. Cada generación construye sus destinos, sobre la base de construcciones colectivas que le garanticen dejar herencias sociales, a la siguiente generación, en las mejores condiciones posibles. La presente generación tiene que tomar el toro por las astas, pues sus condiciones laborales se han precarizado al extremo y sus posibilidades económicas no son precisamente las ideales. El reparto mundial de la explotación económica, nos ha destinado a seguir siendo la periferia del mundo industrial. Es decir, seguimos recibiendo los coletazos de los grandes conglomerados industriales, sólo como productores de materias primas, al vaivén de los mercados de valores de aquellos países. No generamos ni creamos valor agregado alguno: ni tecnológico, ni industrial, ni científico.  

En este primero de mayo, los jóvenes tienen que tomar consciencia de su situación histórica y material. Buscar con derecho propio sus propias revoluciones de su tiempo. Esa es la experiencia nacional y mundial, porque sólo ellos tienen la llave de su propia emancipación. Las condiciones materiales en apariencia son mejores que en otros tiempos; sin embargo, sus condiciones reales están peores que las condiciones de los proletarios del siglo XX.   

En este primero de mayo, el país debe tomar consciencia de la precariedad del mundo laboral que afecta severamente a los jóvenes. No podemos dejar al azar ni a la magia del mercado, sino aferrarnos a nuestra historia social que nos ha enseñado cómo conquistar nuestros derechos laborales, como sociales. Y en este siglo XXI, al menos permitir algo de dignidad en el mundo del trabajo a los millones de compatriotas jóvenes, que no les interesan los discursos sino lo cotidiano como desafío real y substancial.  

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