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martes, 28 / junio / 2022

¿Las vacunas nos protegen contra el COVID-19 prolongado?

A medida que la pandemia inicia su tercer año, el COVID-19 prolongado ha surgido como una preocupación cada vez más relevante y muchas personas se preguntan si vacunarse contra el COVID-19 puede reducir las posibilidades de desarrollar síntomas a largo plazo.

¿Qué demuestran las investigaciones hasta ahora? 

El jurado aún no ha decidido, pero un número cada vez mayor de estudios sugiere que vacunarse contra el COVID-19 puede reducir el riesgo de padecer síntomas a largo plazo… aunque no eliminarlo.

La Agencia de Seguridad Sanitaria británica hizo un análisis de ocho estudios que se habían publicado al respecto antes de mediados de enero. Esta informó que seis de los estudios concluyeron que las personas vacunadas que se infectaron de coronavirus tenían menos probabilidades de desarrollar síntomas de COVID-19 prolongado que los pacientes no vacunados. Los dos estudios restantes concluyeron que al parecer la vacunación no reducía sin lugar a dudas las posibilidades de desarrollar COVID-19 prolongado.

¿Cuánta protección podrían ofrecer las vacunas, según los estudios que revelaron beneficios?

Los resultados de algunos estudios sugieren que la inmunización proporciona una protección sustancial, mientras que otros solo encuentran un beneficio ligero.

Un estudio amplio de los registros electrónicos de los pacientes de la Administración de Salud de Veteranos de Estados Unidos reveló que los pacientes con COVID-19 vacunados tenían solo un 13 por ciento menos de riesgo de presentar síntomas seis meses después que los no vacunados.

Dos estudios realizados en el Reino Unido descubrieron un efecto mayor. Uno de ellos, realizado sobre 1,2 millones de personas y basado en los informes de los pacientes a través de una aplicación telefónica, halló un riesgo un 50 por ciento menor de síntomas persistentes entre los pacientes vacunados. Otro, que no ha sido revisado por pares y que se basó en una encuesta a unos 6000 pacientes, encontró un riesgo un 41 por ciento menor.

Un estudio de pacientes estadounidenses realizado por Arcadia, una empresa de datos de atención médica, y la Alianza para la Recuperación de Pacientes con COVID-19, una colaboración de líderes con experiencia sanitaria en el gobierno y el sector privado, encontró un beneficio aún mayor. El estudio, que no ha sido revisado por pares, analizó los registros de unos 240.000 pacientes infectados de coronavirus hasta mayo de 2021 y descubrió que aquellos que habían recibido al menos una dosis de la vacuna contra el COVID-19 antes de contagiarse tenían entre una séptima y una décima parte de probabilidades de presentar dos o más síntomas de COVID-19 prolongado entre 12 y 20 semanas después. Ese estudio también reveló que las personas que se aplicaron la primera dosis de la vacuna después de contraer coronavirus tenían menos probabilidades de desarrollar COVID-19 prolongado que las que permanecieron sin vacunarse, y cuanto más pronto se vacunaran después del contagio, menor era el riesgo de presentar síntomas a largo plazo.

Un estudio realizado en Israel, que tampoco ha sido revisado por pares, descubrió a través de encuestas que las personas que recibieron dos dosis de la vacuna tenían entre un 54 y un 82 por ciento menos de riesgo de manifestar siete de los 10 síntomas más comunes a largo plazo que los pacientes no vacunados. En general, no eran más propensos a reportar síntomas como dolor de cabeza, dolor muscular y otros problemas que la población general que no se había contagiado de COVID-19 nunca, según el estudio. (Los autores afirmaron que no podían confirmar si los pacientes se habían vacunado antes o después de haberse contagiado de COVID-19, pero señalaron que, debido a la política de vacunación israelí, era probable que la mayoría de las personas que recibieron dos dosis de la vacuna se infectaran de coronavirus en algún momento después de haberse vacunado).

En el estudio de los veteranos, que tampoco se ha publicado todavía en una revista especializada, los investigadores compararon a unos 48.000 pacientes que no estaban vacunados cuando se contagiaron de COVID-19 con unos 16.000 pacientes vacunados. Descubrieron que los pacientes vacunados se beneficiaron sobre todo por ser menos propensos a desarrollar problemas pulmonares y dificultades de coagulación de la sangre, dijo uno de los autores, Ziyad Al-Aly, jefe de investigación y desarrollo del Sistema de Atención Sanitaria del Sistema de Asuntos de los Veteranos de San Luis y epidemiólogo clínico de la Universidad de Washington en San Luis. Otros síntomas mostraron “muy poca reducción del riesgo” debido a las vacunas, dijo.

“El mensaje general es que las vacunas reducen el riesgo de padecer COVID-19 prolongado, pero no lo eliminan”, dijo Al-Aly, y añadió que “confiar en la vacunación como única estrategia de mitigación es totalmente inadecuado. Es como ir a la batalla con un escudo que solo funciona de manera parcial”.

¿Qué hay de los estudios que no muestran ningún beneficio?

En un análisis de los historiales clínicos electrónicos de pacientes de Estados Unidos, los investigadores del Reino Unido compararon a unas 10.000 personas que se habían vacunado contra el COVID-19 con un número similar de personas que no se habían vacunado contra el coronavirus, pero sí contra la influenza, en un esfuerzo por limitar el número de personas en el estudio que podrían considerarse reticentes a las vacunas o que, en general, tenían comportamientos menos saludables.

El estudio descubrió que vacunarse contra el coronavirus antes de contagiarse no reducía el riesgo de la mayoría de los síntomas del COVID-19 prolongado. Los autores escribieron que los datos sugieren que las personas vacunadas podrían tener un menor riesgo de padecer síntomas a largo plazo, como respiración anormal y problemas cognitivos, pero esos resultados no fueron concluyentes en términos estadísticos.

Los investigadores dijeron que era posible que, dado que sus datos se basaban en historiales médicos electrónicos, el estudio hubiera registrado solo a los pacientes con los síntomas más graves, en lugar de considerar gama más amplia de pacientes que no buscaron atención médica por sus síntomas.

¿Por qué son contradictorias las investigaciones?

Una de las razones está relacionada con los estudios mismos. No todos los investigadores han definido el COVID-19 prolongado de la misma manera, ni han considerado los mismos síntomas, ni han hecho un seguimiento de los pacientes durante el mismo tiempo. Por ejemplo, algunos estudios registraron los síntomas que han persistido al menos 28 días después del contagio, mientras que otros consideraron los síntomas que las personas experimentaban seis meses después. Los estudios que se basan en encuestas a pacientes pueden arrojar resultados muy diferentes a los que se basan en historiales médicos electrónicos, y algunos estudios no incluían poblaciones muy diversas. Por ejemplo, los pacientes del estudio de los veteranos eran en su mayoría adultos hombres de edad avanzada y blancos. 

¿Los científicos llegaron a alguna conclusión?

Sí. Las vacunas son muy eficaces para evitar que las personas enfermen de gravedad por la infección de todas las variantes conocidas hasta ahora. Muchos estudios han descubierto que los pacientes con COVID-19 lo suficientemente enfermos para ser hospitalizados tenían más probabilidades de presentar problemas de salud persistentes. De modo que, al evitar la hospitalización de las personas, las vacunas deberían reducir las posibilidades de ese tipo de casos de COVID-19 con consecuencias a largo plazo.

Aun así, muchas personas con COVID-19 prolongado tenían infecciones iniciales leves o incluso asintomáticas, y aunque algunos estudios sugieren que las vacunas podrían aliviar sus síntomas a largo plazo, las pruebas aún no son concluyentes.

Las vacunas ofrecen cierta protección contra la infección inicial y, por supuesto, evitar el contagio es la forma más segura de prevenir el COVID-19 prolongado.

¿Puede ser útil vacunarte si ya padeces COVID-19 prolongado?

Cuando se comenzaron a aplicar las vacunas por primera vez, algunos pacientes con COVID-19 prolongado descubrieron que síntomas como la niebla mental, el dolor de las articulaciones, la dificultad para respirar y la fatiga mejoraban después de haberse vacunado; sin embargo, muchas personas no sintieron ninguna diferencia en sus síntomas después de la vacunación, y un pequeño porcentaje dijo que se sentía peor.

Un estudio realizado por la Oficina de Estadísticas Nacionales en el Reino Unido encontró que en las personas de 18 a 69 años que informaron de sus síntomas entre febrero y septiembre de 2021, una primera dosis de una vacuna redujo las probabilidades de reportar síntomas de COVID-19 prolongado un 13 por ciento. Una segunda dosis redujo aún más las probabilidades en un 9 por ciento, según el estudio.

El análisis reciente de la Agencia de Seguridad Sanitaria británica evaluó ese estudio y otros siete que analizaron si la vacunación de personas con COVID-19 prolongado afectaba sus síntomas. Este reveló que, en la mayoría de esos estudios, más personas con COVID-19 prolongado informaron una mejora de sus síntomas en algún momento después de ser vacunados; sin embargo, algunas personas también informaron que sus síntomas empeoraron, y en varios estudios la mayoría de las personas dijeron que sus síntomas no habían cambiado.

La agencia señaló que la definición de COVID-19 prolongado variaba mucho entre los estudios y que, dado que todos los estudios eran observacionales, los cambios en los síntomas podían deberse a factores que no fueran la vacunación. /The New York Times

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