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sábado, 21 / mayo / 2022

Rusia ajusta detalles con China e Irán para realizar ejercicios navales conjuntos en el Golfo Pérsico

La Armada de Rusia confirmó este martes que está coordinando unas próximas maniobras navales junto a las fuerzas de Irán y China, como venían anunciando meses atrás para el comienzo del año.

La Flota del Pacífico de la marina rusa indicó que un grupo que incluye un crucero de misiles, un gran buque de guerra antisubmarina y un gran buque cisterna ancló frente a Chabahar, el único puerto iraní en el Golfo de Omán.

“En el puerto, una delegación oficial de la Armada rusa participará en una conferencia prevista sobre la realización de un ejercicio naval conjunto de buques de guerra de Rusia, Irán y China”, adelantaron los oficiales.

Los tres países vienen estrechando sus relaciones como un eje opositor a Occidente.

El embajador ruso en Irán, Levan Jagaryan, había adelantado hace unos meses a la agencia Sputnik que las maniobras navales se realizarían a finales de 2021 o comienzos de 2022, haciendo foco en la seguridad de la navegación y en las operaciones contra la piratería, pero los ejercicios son interpretados como un mensaje a Washington.

No es la primera vez que los tres países muestran su unión militarmente. En febrero de 2021, las tres flotas desplegaron su músculo bélico en el Océano Índico y a fines de 2019 lo hicieron en el Golfo de Omán. En las maniobras de hace dos años, la televisión estatal iraní celebró el “nuevo triángulo de poder marítimo”.

Sun Qi, analista de relaciones internacionales en la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái, considera que las maniobras “demuestran un apoyo a Irán en el plano internacional”, según declaró al South China Morning Post.

En febrero pasado, el comandante del Mando Central (CENTCOM) de Estados Unidos, el general Kenneth McKenzie, dijo que Washington enfrenta “una competencia cada vez mayor” en Medio Oriente de Rusia y China, ambos pugnando “por el poder y la influencia a través de una combinación de medios diplomáticos, militares y económicos”. En esa línea, advirtió que “esto agrega otra capa de tensión e inestabilidad a una región ya compleja y desafiante” y explicó que “Rusia y China aprovechan su proximidad a la región, sus relaciones históricas y la percepción de un declive en el compromiso de Estados Unidos para establecer y fortalecer relaciones oportunistas”.

El eje Beijing-Moscú-Teherán, es gigantesco en términos demográficos, con una población en conjunto de 1.500 millones de habitantes. Enorme, desde el punto de vista geográfico, con 29 millones de kilómetros cuadrados y una economía, que en conjunto, representa el 22% del PIB mundial. Además, con dos de sus integrantes: China y Rusia, que son parte del exclusivo club nuclear y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con el respectivo derecho a veto. El nuevo Eje está dotado, igualmente, de un poderío militar, capaz de contrapesar, en las áreas de disputa, en el campo naval, terrestre y aéreo, a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La Triple Alianza chino-ruso-iraní se fortaleció con la guerra civil de los últimos años en Siria. Presionaron en conjunto en varios frentes para evitar que las potencias occidentales y sus socios de Oriente Medio lograran derrocar al régimen de Al Assad. De esa manera, concretaron una base de operaciones militares cerca de Irán, al sur de Rusia y al occidente de China.

Ese fue el comienzo de este eje que ahora muestra su músculo militar en el Océano Índico y que promete ser el mayor desafío de política internacional que van a enfrentar Joe Biden y sus aliados europeos en los próximos años.

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