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jueves, 26 / mayo / 2022

Madagascar: cómo una mujer ayudó a salvar del hambre a toda una aldea

La gracia natural de Loharano oculta el arduo trabajo que hace para evitar que la tragedia que se desarrolla en la región sur de Madagascar también impacte su aldea.

Una sequía prolongada ha dejado a 1,3 millones de personas con dificultad para encontrar comida. Cerca de 28.000 habitantes en situación de desnutrición.

No obstante, la aldea Tsimanananda, en donde Loharano es una líder comunitaria, se ha librado de lo peor.

Para llegar hay que hacer un duro viaje de 45 minutos desde Ambovombe, la capital regional de Androy, una de las zonas más afectadas por la merma de lluvias en los últimos años.

Un vehículo 4×4 apenas puede transitar por las carreteras arenosas. La vista a través del parabrisas polvoriento revela un paisaje de dunas desérticas, despojadas de árboles y expuestas a fuertes vientos.

Es difícil imaginar que algo crezca en este lugar. Pero Tsimanananda destaca en el paisaje.

Allí la sonrisa de Loharano enciende el espacio. Es baja en estatura y gentil. Rápidamente me invita a su casa y me hace sentir bienvenida.

«Sufrimos mucha hambre. Intentamos plantar, pero falló en todo momento», dice la mujer de 43 años, mientras recuerda una sequía previa que comenzó en el 2013.

Esta vez, con la ayuda de una organización caritativa local, conocida como el Centro Agroecológico del Sur (CTAS, en inglés), las cosas no son iguales.

Poco después de mi llegada, Loharano dirige una clase corta a la sombra de un árbol.

Armada con un cartel que ilustra técnicas agrícolas, habla con sus vecinos y su esposo Mandilimana, sobre cultivos resistentes a la sequía y estrategias para revitalizar el suelo.

«Tenemos desayuno, almuerzo y cena»

Durante los últimos siete años, CTAS regaló granos como mijo y sorgo, así como una variedad de legumbres locales, que crecen bien en condiciones arenosas y mejoran la fertilidad del suelo.

También les enseñó a los aldeanos a sembrar plantas «cortaviento« para ayudar a proteger los cultivos de los estragos de la naturaleza.

«Ahora tenemos desayuno, almuerzo y cena», comentó Loharano orgullosa mientras mostraba la parcela en donde ella y su esposo cultivan.

En un extremo del terreno hay hileras de mijo, más adelante frijoles, guisantes y batatas.

«Comemos la cáscara del mijo molido con azúcar y esta es la comida favorita de los niños, sus vientres siempre están llenos de mijo», agrega.

CTAS replicó este trabajo en 14 otras villas en el sur de Madagascar, donde tuvo impacto en 10.000 hogares, explicó la misma entidad.

No obstante, una organización pequeña no tiene la capacidad de atender a todas las personas que sufren esta problemática en la región.

Esto se ve al regresar a la capital regional, Ambovombe, que parecería una zona de guerra.

En un pequeño campo polvoriento, decenas de familias han levantado tiendas de campaña improvisadas con mosquiteros rotos, sacos de arroz y láminas de plástico.

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