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viernes, 21 / enero / 2022

Editorial: LA HISTORIA DEL GAS

Hace ya una década por lo menos que hablamos del gas convertido en esperanza. Ese gas que hizo de Tarija el Departamento más rico de Bolivia y envidia de sus hermanos que comenzaron a mirar su «billetera» llena con más de lo que necesitaba o de lo que podía gastar. 

Por lo menos esas sensaciones se perciben en las intenciones manifiestas cuando se habla de lo que tenemos olvidado que el país todo vive gracias a lo que sale de nuestro suelo, pues Tarija como región productora recibe un porcentaje mínimo en relación a lo que sirve para sostener el Estado nacional con la distribución de recursos a las demás regiones. 

Si algo trajo el gas a este pueblo fue esperanza, de que sus necesidades serían satisfechas, de que sus clamores serían atendidos, de que una nueva vida se acercaba, con salud para todos, con educación incluyente, desarrollo productivo, servicios básicos, carreteras, y un largo etcétera, en resumen, que el gas llegaría a todos para bien, para mejorar nuestras vidas. Y resulta que quince años después y más, todo sigue casi igual, una ciudad donde los problemas son los mismos de antes, sólo que ahora más grandes y graves porque creció la población y las demandas son mayores. Un Departamento en el que el dinero se escurre entre las manos de quienes lo administran en bonos y proyectos que no terminan de convencer porque no se siente su influencia en el entorno económico. La historia del gas se quedó en eso, una simple historia que hasta hoy nos la siguen contando y no sabemos a ciencia cierta si es: bonita o triste. Los millones pasaron y siguen pasando, de unos a otros, y ninguno es capaz de explicar que hizo con lo que le toco manejar/administrar pues no se lo ve en las calles, en el campo ni en los pueblos ni comunidades y las interrogantes se agigantan y la transparencia aparece manchada con el fantasma de la corrupción. 

Nos alegramos cuando se anuncia el descubrimiento de un nuevo bolsón de gas en un campo en nuestro suelo, lo hacemos con la esperanza de que esta bonanza se prolongue para darnos tiempo de «ubicarnos» mejor sobre lo que tenemos en las manos y dejamos escapar pues con muy poco de lo que ya se invirtió en la gente podíamos haber solucionado los problemas de los próximos 20 o 30 años.

Y nos preocupa que ese gas, como se lo dijo/se dice “hay que sembrarlo” para que esa inversión/diversificación sea beneficiosa para la economía regional que de un tiempo a esta parte esta parada cuasi totalmente y eso se lo siente en los comercios y empresas de muchas de las provincias de Tarija

por: Julio Vaca Guzmán del Carpio / fundador de lavozdetarija.bo

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