¿TRASTOCAMIENTO TOTAL?

por: Arturo Yáñez Cortes

De acuerdo con el mataburros en línea, trastocar significa: “Trastornar o alterar el orden conveniente o adecuado de algo, su esencia o el desarrollo de un proceso”. A la vista de los acontecimientos recientemente suscitados en el plurinacional, es lo que me temo, nos está sucediendo, dado el avanzado e inocultable grado de desinstitucionalización que atravesamos.

Es que como ocurre sistemáticamente tratándose de regímenes o gobiernos populistas con la franquicia del socialismo del S. XXI, en los estados que depredan, sus instituciones quedan inmisericordemente convertidas sólo en fachadas –como aquellos sets de las películas de cowboys-, deviniendo en amorfos organismos sólo al servicio del partido en el poder, pese a que funcionan con recursos públicos, es decir, con la plata de los ciudadanos.

Aunque el vicio viene desde antiguo, los últimos días con motivo del paro multisectorial que terminó doblándole la mano al gobierno,  ese estado del arte ha sido tan pero tan evidente, que no es fácil preguntarse si es que no estamos ante el trastocamiento total del estado, principalmente a través de sus instituciones públicas.

La Policía que debía servir para garantizar el orden público y la seguridad a la ciudadanía está convertida por sus altos cargos en prácticamente cómplices y ayucos de los vándalos y, cuando se trata de los no afines del partido al que se ha prostituido, aplica la fuerza bruta, que sistemáticamente queda impune, cuando se trata de favorecer a sus conmilitones y dar palo con púa al otro bando.

El Ministerio Público al servicio del partido, es absolutamente incapaz de investigar eficazmente –Las Londras, por ejemplo- cuando se trata de delitos cometidos por sus jefazos–aunque para el Comandante era una simple jodita, altercado dijo- pero, es ultra super servil cuando se trata del otro bando, por muy irrazonable que sea el producto, pues cuenta con garantía de encubrimiento por algunos juristas del horror disfrazados de Jueces, que prefieren hacerse a los del otro viernes. Se trata del estado pues, espetan, para adormecimiento de su escondida conciencia.

Y así sucesivamente, podríamos continuar sine die, identificando cómo los organismos públicos concebidos constitucional y legalmente para prestar servicio a la comunidad, proteger a la ciudadanía sin importar su ideología o cualquier otra condición y operar en función al bien común, han quedado degradados en exactamente lo contrario, al extremo que el soberano, desconfía profundamente de ellos.          Así las cosas, ojalá no terminemos probando aquello de Ayn RAND: «Cuando la ley ya no te protege de los corruptos, sino que protege a los corruptos de ti, sabes que tu nación está condenada».

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