Crisis migratoria en Chile: un venezolano murió mientras intentaba cruzar la frontera desde Bolivia

Una nueva muerte enluta la crisis migratoria que se registra en Chile. Esta vez se trata de un hombre venezolano de 64 años, quien falleció en el sector de Pampa Bofedal Caseríos, a dos kilómetros del Complejo Fronterizo integrado de Colchane en la región de Tarapacá, ubicado a más de 3 mil 600 metros de altura sobre el nivel del mar y distante 1.600 kilómetros al norte de la capital.

Según detalló el doctor de Urgencias del Departamento de Salud de dicha localidad, Guillermo Tapia, la víctima tenía antecedentes médicos. “Acudimos por un llamado de Carabineros a constatar el fallecimiento de un migrante venezolano. El mismo constaba con enfermedades de base como hipertensión y diabetes mellitus tipo 2 en tratamiento y además contaba con secuelas del COVID-19″ indicó el médico.

Se informó además que el hombre fallecido, quien no contaba con ropa adecuada para las temperaturas de la zona cordillerana, viajaba junto a su esposa de 64 años y un vecino.

Esta muerte se suma a la registrada hace dos semanas en la misma zona, cuando funcionarios del Ejército y Carabineros escucharon gritos de dos menores de edad, que correspondían al hijo y a la nieta de una mujer venezolana de 64 años, quienes habían ingresado a Chile por un paso no habilitado provenientes desde Bolivia. Los menores relataron que tras cruzar la frontera, la mujer se desvaneció.

Ante esto los uniformados, y tras confirmar la ausencia de signos vitales, tomaron contacto con la Posta Rural de Colchane, cuyo personal finalmente constató el fallecimiento de la mujer en el lugar.

Para el alcalde de esta comuna, Javier García Choque, “la situación no se ha detenido durante las últimas semanas a pesar de los anuncios del Gobierno. No hay un efecto disuasivo para justamente disminuir los ingresos irregulares al territorio nacional”. Según la autoridad local, hay días en los que se registran hasta 200 ingresos ilegales desde Bolivia, personas que llegan a Colchane primeramente porque en el altiplano no hay más alternativas.

De hecho, más de 23.000 migrantes ingresaron a Chile por pasos clandestinos hasta el mes de julio, casi 7.000 más que los registrados durante todo el año pasado, según datos del Servicio Jesuita de Migrantes (SJM).

Pese a las extremas temperaturas y a la pandemia por el coronavirus, el paso fronterizo en esa zona andina se ha convertido estos últimos meses en la ruta más utilizada por extranjeros indocumentados que quieren ingresar a Chile, ya que en sus 861 kilómetros cuenta con una baja custodia policial.

Esta crisis migratoria tuvo uno de sus momentos más complejos el pasado 25 de septiembre, cuando una manifestación en contra de la migración irregular en Alto Hospicio e Iquique (a 1790 kilómetros al norte de Santiago) terminó con la quema de carpas y enseres de migrantes que pernoctaban en plazas y espacios públicos de la capital regional. Los manifestantes reclamaron la falta de medidas gubernamentales para controlar la migración.

Ante este escenario, diputados de oposición interpelaron al ministro del Interior, Rodrigo Delgado, quien reconoció que la frontera de Chile con Perú y Bolivia sufre una “crisis de ingreso clandestino” ya que existen cerca de 160 pasos no habilitados utilizados por migrantes irregulares. Añadió que la zona que carece “de la infraestructura necesaria para recibir a una gran magnitud de migrantes”.

Eso sí, el secretario de Estado fue enfático en señalar que “dejar de hacer expulsiones es algo que no está en nuestra planificación futura”, medida que ha sido ampliamente criticada por organismos internacionales como la ONU y diversas ONG.

Según datos del Departamento de Extranjería y Migración, hay 1,4 millones de migrantes en Chile, lo que equivale a más del 7 % de la población. El grupo más numeroso es el correspondiente a venezolanos, seguidos de peruanos, haitianos y colombianos.

En este escenario y tras meses de reclamo de los líderes locales y agrupaciones pro migrantes, autoridades determinaron la instalación de un campamento humanitario transitorio en las cercanías de Colchane que recibe a los extranjeros irregulares. Las instalaciones funcionan en una superficie de media hectárea ubicada a un costado del complejo fronterizo Colchane. Cuenta con 15 carpas térmicas para pernoctar y un área con sombra para estar en el día. Su capacidad es de 200 personas, en donde las familias que llegan no son separadas. A todos quienes ingresan a este campamento se les practica una prueba de antígenos y, dependiendo de su resultado, permanecen entre 2 horas y una semana en el lugar, antes de ser derivados a una residencia sanitaria.

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