ASAMBLEISTAS ¿SON REALMENTE NUESTROS REPRESENTANTES?

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

Nunca hay que olvidar la sabiduría que arroja en sus páginas la historia, así ejemplarizando: el Senado Romano no poseía soberanía ni poder ejecutivo; era un cuerpo consultivo, cuya fuerza y privilegio considerable en su dimensión dependía de varios factores, entre ellos su abolengo pues había coexistido con reyes, a los que sobrevivió.

Su constitución, en sus comienzos estuvo formado por los Patres que eran cabezas de los grupos étnicos, cada uno de ellos un pequeño rey, acción que denotaba una eficiente inclusión, después la componían la gente de más alta significación, formación e inteligencia; luego, para su estabilidad  y  adquiera mayor preeminencia, se asignó a las magistraturas  un mandato reducidísimo (un año), mientras  que el Senado duraba cinco años.  Era un árbitro y conciliador muy fiable y ecuánime, además de justo  en las decisiones y destinos de la población.

Hasta aquí es válida la introducción, empero, es vital esclarecer lo que implica en su acción hacia la población la denominación de Cuerpo Consultivo, es decir, que la población podía recurrir al consejo del Senado para cualquier circunstancia y siempre recibía la orientación más sabia; precisamente por la formación de los magistrados que avalaba su palabra y agudizaban su intelecto para su mejor consejo debido que era una afrenta a su dignidad no hacerlo, o solicitar prebendas. Eran el cerebro político de Roma y se abstenían de beneficiar a su color o preferencia política cuando se trataba de orientar a la población.

Hoy, persiste una diferencia  tangible con la antigua Roma que conspira al buen mandato de los asambleístas que  no pueden desembarazarse de su color político y se convierten en sujetos potenciales de la corrupción; se olvidan del principio inalienable e inderogable de la imparcialidad pues fueron elegidos representantes del pueblo  para recurrir a ellos ante toda o atisbo de injusticia o  peor, vejámenes que causen al ciudadano, debiendo estar accesibles en todo circunstancia y momento, y no inalcanzables o protegidos por una maraña de impedimentos formales que las secretarias y subalternos obedecen.

Se olvidan en su mandato que son representantes  directos del pueblo y no de su partido, además de desechar cualquier prejuicio etario: deben servir a  mujeres y hombres por igual; niños, jóvenes, adultos y ancianos. Los dos últimos conceptos no se aplican con la responsabilidad  y puntualidad que exige el Derecho Administrativo en su condición de servidores públicos en nuestro país, en toda Latinoamérica y en el mundo, por lo que es consecuente expresar que  los asambleístas no son nuestros verdaderos e idóneos representantes; representan a los intereses de su partido.

Esta posición endémica se suscita desde la fundación de la República y no se corrige debido a que significaría un cambio monumental de mentalidad, un archivo definitivo de los intereses políticos y se cumpliría la correcta interpretación de representante del pueblo, que lo encumbra con su voto.

Los lectores más acuciosos podrán comprobar que esta deformación política de la representación de un pueblo, se hace notar vehementemente en la Asamblea Federal  de Alemania (Bundestag), como ejemplo paradigmático, en cuya reciente elección de un nuevo presidente, que fue una mujer; el presidente saliente recomendó a los nuevos asambleístas: servir a todos sin distinción etaria menos política, que es con respecto a una persona, otra persona que le sirve y cuando pertenece al Estado bajo remuneración que la paga el pueblo, es servidor público.

Así se constata que es una grave dificultad enquistada en la mentalidad de los políticos y que debe extirparse para recibir la confianza y credibilidad del pueblo que, sin barruntos, es el mejor  y elevado reconocimiento para todo asambleísta y a su carrera política.

Es un problema de mentalidad mundial pues no se lee a la historia, que siempre nos reflexiona con sabiduría  y un baño de humildad.

  • es abogado, posgrados en Filosofia y Ciencia Política, Arbitraje y Conciliación, Alta Gerencia para abogados, Derecho Aeronáutico, Interculturalidad y Educación Superior, Docencia en Educación Superior, doctor honoris causa en Humanidades, profesor de posgrado
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