Presos birmanos salen de la cárcel tras la amnistía de la junta

Abrazos, besos, lágrimas… Escenas de alegría y alivio se sucedieron este martes frente a las cárceles birmanas a medida que quedaban liberados numerosos presos políticos amnistiados por la junta golpista, expuesta a una creciente presión internacional.

Después de casi seis meses encarcelado, Than Toe Aung se fundió en los brazos de su hermana que llevaba horas esperando ante la tristemente célebre prisión de Insein, en Rangún, lugar de reclusión de numerosos disidentes tras el golpe de Estado de febrero.

«Estoy realmente feliz, pero ahora tengo que luchar por los que siguen detenidos», explicó a la AFP, mostrando a la multitud tres dedos levantados, un saludo de la saga «Los Juegos del Hambre» convertido en símbolo de la resistencia en Birmania.

«Tenemos que seguir trabajando hasta la victoria», grita otro activista desde el vehículo que lo lleva bien lejos de este centro penitenciario. Otros prisioneros, evacuados en buses, saludan desde detrás del cristal con el pulgar en alto.

El lunes, con ocasión de la fiesta budista de las luces Thadingyut, la junta anunció la liberación de más de 5.000 detenidos por el movimiento de protestas y desobediencia civil que hundió el país en el caos desde el golpe.

El régimen respondió con una sangrienta represión que, según una organización local de monitoreo, ha causado más de 1.100 civiles muertos y más de 8.000 arrestados.

Frente a la cárcel de Rangún, lágrimas de alivio y sonrisas exultantes se alternan con mensajes reivindicativos. Un hombre recién liberado acaricia a su hijo de pocos años, ante la mirada de su madre que no puede contener las lágrimas.

No lejos de allí, la inquietud crece en algunas familias, que llevan pancartas con los nombres de aquellas personas queridas a quienes hace meses que no ven.

Entre ellas está Nwet Nwet San, confiando en ver salir a su hijo, un soldado que desertó.

«Lleva ocho meses detenido», contó a AFP. «Escuché que iban a liberar principalmente a manifestantes (pero) también escuché que iban a liberar a otros criminales, por eso estoy esperando».

Enfrente del mismo centro aguardaba también Kyi Kyi, empleada fabril cuyo marido está arrestado desde febrero. «Yo vine ayer pero no lo liberaron. Espero que hoy sí lo liberen», declaró a AFP.

La junta no dio detalles sobre las personas liberadas y las autoridades penitenciarias no respondieron a los pedidos de AFP.

«Técnica de distracción»

La medida de gracia se entiende principalmente como un gesto simbólico hacia la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), que decidió excluir al jefe de la junta, el general Min Aung Hlaing, de su próxima cumbre a finales de octubre.

El bloque, largamente criticado por su ineficacia, tomó la excepcional decisión ante la falta de avance en un plan regional para restablecer el diálogo y facilitar la llegada de ayuda humanitaria a Birmania.

El golpe puso fin a un breve paréntesis democrático del país con un gobierno civil liderado de facto por la laureada activista Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz en 1991.

La mujer de 76 años está ahora en arresto domiciliario desde febrero y se enfrenta a múltiples acusaciones judiciales que pueden mantenerla en prisión durante décadas.

Numerosos observadores denuncian un proceso político para neutralizar a quien fuera el ícono de ese experimento democrático y gran ganadora de las elecciones de 2015 y 2020.

Antes de la amnistía, más de 7.300 personas estaban encarceladas, según la Asociación de Asistencia a los Presos Políticos (AAPP), que denuncia casos de torturas, violaciones y ejecuciones extrajudiciales tras el levantamiento militar.

La asociación califica la medida de gracia de «técnica de distracción» destinada a los gobiernos extranjeros y opina que el ejército «no tiene intención de aflojar la represión».

Esta liberación masiva es «una maniobra cínica (…) que no conseguirá mejorar la reputación del régimen», estimó Richard Horsey, del centro de análisis International Crisis Group.

Antes de esta amnistía, las autoridades birmanas liberaron a más de 2.000 manifestantes antigolpistas en junio, incluidos reporteros críticos del Gobierno.

Entre los que permanecen en prisión está el periodista estadounidense Danny Fenster, detenido desde el 24 de mayo.

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