De símbolos patrios, pabellones, banderas, banderolas y banderines

Eduardo Claure

Debiéramos decir el poder de una bandera. Acaso sea providencial el que el progreso humano se desarrolle de este modo: Primero, unos pocos se hacen amos y rigen a la mayoría. Luego la mayoría se rebela y rechaza la dominación de la minoría. Suponiendo que hubiese ocurrido lo contrario y los muchos hubiesen regido primero a los pocos: la rebelión no había tenido entonces la sanción moral que una lucha por la libertad tiene normalmente, pues habría estado dirigida contra el bien de la mayoría. Tal como van las cosas, una lucha por la libertad inscribe en su bandera divisas de moralidad, bien público, bienestar de la sociedad y respeto a la ley. Toda divisa usada, en una controversia pública forzosamente traspasa su tema original, el fin real por el que los hombres disputan y pelean, y aun consienten en matar y ser matados; rompe el circulo del terreno por que se lucha y se ensancha a más vastos horizontes. En su mayor parte, el estallido y la expansión no son arrancadas de las energías vitales del motivo original, primitivo. Las cualidades del primer terreno de batalla coloran todo el posterior territorio de la controversia. Por ejemplo, hay una lucha entre clases económicas por ciertas materias en la esfera del trabajo. Rápidamente esa lucha se ensancha y se convierte en una lucha en cuestiones espirituales y culturales, cuestiones de fe y tradición de moralidad y etiqueta, hasta de arte y ciencia. Al final, la lucha de los trabajadores se convierte en un reto a la clase opuesta en todas las dimensiones de su existencia. Lo mismo se aplica a una lucha entre partidos, creencias y, sobre todo, naciones.  La contienda sobre un objeto determinado se dilata hasta convertirse en un ataque general sobre una cuestión.  Una nación reclama un trozo de territorio que está en poder de una nación vecina; ataca con vehemencia y odio que amenazan la vida de la nación vecina. Tal proceder tiene justificación lógica en los casos en que hay un ambiente o dirección común entre el primer punto que se discute y la esfera mas vasta educida de él. El aura de un medio se trata del mismo modo que el medio -objetivo- mismo. Una actitud negativa respecto a una posesión engendra una actitud positiva respecto al posesor. Contrariamente, una actitud positiva respecto a una posesión engendra una actitud positiva respecto al posesor. La periferia obtiene su calidad de centro. 

De ahí que una lucha por la libertad de la minoría contra la mayoría, por justa que fuese, encerraría un peligro latente para el porvenir. Su amenaza contra el bienestar general estribaría en la divisa inscrita en su bandera: Contra la Mayoría. No así una lucha por la libertad de la mayoría contra la minoría. Sus divisas serian: Justicia para Todos. El Mejoramiento de la Sociedad para el Bien General. Igualdad de Oportunidad para Todos. A menudo, la bandera guía a los que la llevan. La misma idea en otra aplicación: El desinterés conduce al interés. Un acto no hecho por su propia causa, se convierte en un acto no hecho por su propia causa. Una clase, o creencia, o nación, que inscribe la justicia en su bandera, no por amor a la justicia, sino por el beneficio que su causa de grupo pueda sacar de la idea de justicia, finalmente se adhiere a la justicia por su propia causa del modo más desinteresado. Por otra parte, un grupo que empiece luchando por la justicia desinteresadamente se convierte en una sociedad interesada que explota la idea de justicia en beneficio particular suyo. Las más de las veces, el interés y el desinterés, la acción por un motivo ulterior y la acción por un motivo ideal, se hallan inextricablemente mezclados y funcionan en sustentación y apoyos mutuos, ensanchando cada uno el dominio del otro. El punto periférico de interés se traslada hacia el punto central de interés o, en otro caso, el punto central de interés se mueve hacia el punto periférico de interés. En el primer caso, tenemos principios abstractos que se convierten en objetivos particulares que se convierten en principios abstractos, fines inmediatos que se ensanchan para contemplar propósitos finales o ideales. La oposición entre “por su propia causa” y “por un motivo ulterior” se resuelve, en la práctica, por un desplazamiento del énfasis focal.

Las primeras divisas, los gritos de batalla originales tienen gran poder en la formación de los resultados finales. En el caso mencionado en primer término, puede verse que “justicia” e “igualdad” y “el bien común”, inscritos en la bandera de una clase de muchos, en beneficio propio, en la lucha contra una clase de pocos, actúa orgánica y benéficamente sobre los intereses de clase, mas estrechos, de la mayoría. Esta divisa, destinada a ser explotada como grito de batalla, se convierte en meta principal, operando dentro de la esfera más amplia que ella misma ha labrado. Esto también, corresponde al poder de una bandera. La instrumentalización extrema negativa de un símbolo, da muestras de No Paz. 

En trama simple: actores políticos utilizan el contenido cultural de “banderas” de una manera patética para la disputa política partidaria y las llevan al terreno de la polarización política -que les conviene-, quitándole el verdadero significado de símbolo patrio y dando curso al nuevo fascismo movilizado por un  movimiento nacionalista y militarista, de espíritu violento y confrontativo, que exalta las nociones de patria, de raza y de nacionalidad, en detrimento de las minorías, de los extranjeros y de todo aquel considerado racial, social y culturalmente inferior y diferente; apelando a nociones de pureza racial, proclamándose herederos de un pasado glorioso a recuperar; fomentando la organización de fuerzas armadas irregulares o paralelas para perseguir y aniquilar a sus adversarios y someter a la sociedad a un estado de amedrentamiento permanente, lo que se traduce en la persecución policiaca y judicial; proponiendo un modelo de Estado de partido único, construido en torno a la supuesta infalibilidad de un líder carismático, al que le rinden culto a la personalidad:  promueven un Estado fuerte autoritario y totalitario, antidemocrático, militarista, anclado en las nociones de patria y de raza; fomentan la creación de grandes empresas estatales, eliminando -si pueden- las empresas privadas. Con esta tipología, se exalta la criminalidad, la eliminación de los derechos y garantías constitucionales que lleva al país, hacia el abismo. El nuevo fascismo es policromo, y está creando condiciones parecidas a los prolegómenos del 52, donde la radicalidad se hace extrema en el discurso y los posicionamientos regionales, y donde la lucha de clases se acrecienta exponencialmente. Debe pensarse ya no en liderazgos, sino en buscar estadistas que reconduzcan a la Patria, hace falta reconstruir la visión país y trabajar en función de la integración social, política y concienciar colectivamente, al soberano, respecto de la importancia de la complementariedad. Lo otro, será continuar, como hacen los contrarios: seguir la agenda estratégica que delinea el unipartidismo en el poder, pretendiendo festejar solos el Bicentenario de la República de Bolivia. Ya no será el sueño de Bolívar, sino, su pesadilla. 

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