Legatario de Pablo Escobar y Abimael Guzmán, el barón de la coca

Eduardo Claure

Pablo Emilio Escobar Gaviria, fue un narcotraficanteterrorista y político colombiano, fundador y líder del Cartel de Medellín. ​Nacido de una familia campesina, inició su vida delictiva a finales de los 60 en el contrabando, y a comienzos de la década de los ochenta, se involucró en la producción y comercialización de marihuana y cocaína al exterior. Fundador del Cartel de Medellín, organización que monopolizó el negocio de la cocaína desde su producción hasta su consumo, controlando más del 80% de la producción mundial de dicha droga y el 60% del mercado ilícito en Estados Unidos, logrando así consolidar su imperio criminal, convirtiéndolo en el hombre más poderoso de la mafia colombiana, acumulando una fortuna de casi 30 mil millones de dólares en efectivo. Para excusar su caudal, trató de pulir su imagen a través de obras de caridad para los desprotegidos y con una breve incursión en la política, ocupando un escaño como Representante a la Cámara en el Congreso Nacional en 1982. Sin embargo en 1983, tras diversas publicaciones del diario El Espectador y con la acusación directa del ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, pierde su escaño y es acusado públicamente por sus negocios ilegales. Tiempo después, Rodrigo Lara Bonilla en 1984 y Guillermo Cano, director del El Espectador, son asesinados por órdenes de Escobar.

Para 1985, el narcotráfico estaba en pleno auge y los carteles dominaban Colombia, lo que desató una guerra contra el gobierno, además los narcotraficantes estaban involucrados en política, economía, inclusive en el mundo del fútbol. Los narcos tenían ejércitos privados, negocios por todo Colombia, grandes extensiones de tierras y el control de mercado de las esmeraldas. La guerra de los narcos contra el Gobierno, se tornó violenta y sádica. Tras sendos intentos de negociación y múltiples secuestros y asesinatos selectivos de jueces y funcionarios públicos, en 1989, el Cartel de Medellín declaró la guerra total contra el Estado. Organizó y financió una extensa red de fieles sicarios que asesinó a personalidades clave para la institucionalidad nacional, y perpetró actos terroristas indiscriminados con el empleo de coches bomba en las principales ciudades del país, puso a las autoridades “de rodillas”, lo que le convirtió en el criminal más buscado de los años noventa. ​ Fue el responsable del asesinato de 657 policías entre 1989 y 1993, ​ y de feroces enfrentamientos contra el Cartel de Cali, los paramilitares del Magdalena Medio y Los Pepes. A finales de 1970, comenzó a cultivar una imagen de hombre respetable, a contactarse con políticos, financieros, abogados, etc. Pablo Escobar construyó 60 campos de fútbol y un barrio entero llamado «Medellín sin tugurios«. Impuso la “ley de plata o plomo”, por la que muchos miembros el Gobierno, policía y militares colombianos o aceptaban la «plata» o les caía una lluvia de «plomo». Fue abatido el 2 de diciembre 1993. Son adjudicados al Cartel de Medellín 623 atentados que dejaron alrededor de 402 muertos y 1.710 heridos, la sangre y el dolor se apoderaron del país entre 1984 y 1993: asesinatos selectivos, bombas en espacios públicos, en instituciones, en medios de comunicación, y una explosión en un avión comercial. Unas 6.000 personas murieron como resultado de los atentados perpetrados por el Cartel de Medellín. Cifras de la revista Semana hablan de 100 bombas solo entre septiembre y diciembre de 1989, en supermercados, entidades bancarias, colegios; 85 más entre enero y mayo de 1990, y 10 en diciembre de 1992. Pablo Escobar Gaviria resulto ser un pueblerino criminal narco “filántropo”.

Manuel Rubén Abimael Guzmán Reinoso, también conocido por el nombre de guerra “Presidente Gonzalo”, fue un profesor de filosofía y terrorista peruano, fundador y líder del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, un partido comunista revolucionario y grupo armado de ideología maoísta fundado en 1970, dio comienzo a la época de terrorismo desatada en el país entre 1980 y 2000. Denunciado por cargos de terrorismo, Guzmán fue capturado el 12 de septiembre de 1992 y fue sentenciado por delitos de terrorismo por un tribunal militar a cadena perpetua.  Abimael Guzmán y Sendero Luminoso aplicó la violencia contra los campesinos, dirigentes sindicales y oficiales que consideraban colaboradores del Estado peruano. A la edad de 19 años comenzó sus estudios superiores de Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional de San Agustín, en Arequipa.  Marxista, su pensamiento político fue influido por el libro “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana” de José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista Peruano. Abimael completó los bachilleratos en Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional de San Agustín. Sus tesis se titularon “El Estado democrático burgués” y “Acerca de la teoría del espacio de Kant”. En 1962, ingresó como catedrático de filosofía en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho; a la par se volvió activo en círculos políticos de izquierda, pregonando el rechazo a la influencia europea para regresar a la vida indígena de los Andes. Atrajo a otros académicos de ideas similares comprometidos en hacer la revolución en el Perú. Visitó la República Popular China en 1965, en plena Revolución Cultural. Luego de ejercer como jefe de personal en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, Abimael Guzmán dejó la institución a mediados de la década de 1960 y entró en la clandestinidad.

Sendero luminoso, terminó siendo una secta demente, irremediablemente divorciada de la realidad y la cordura.  El terror y el asesinato fueron las tácticas preferidas. El conflicto se extendió de las áreas rurales a Lima, donde los suministros de agua, electricidad y alimentos se volvieron poco confiables. Estallaron bombas en cines, restaurantes y comisarías. Los secuestros eran generalizados. Aparecieron avisos en las paredes advirtiendo a los civiles que huyeran. Miles lo hicieron. La economía, que ya estaba en estado crítico debido a un liderazgo político deficiente, se hundió en el caos. Sendero Luminoso trató de encontrar apoyo entre los pueblos indígenas cuyas necesidades habían sido ignoradas durante mucho tiempo por la élite peruana, aunque muchos de estos pueblos indígenas también fueron víctimas de la insurgencia. Parte de la estrategia de Guzmán fue empujar al ejército de la nación a sangrientas represalias, para dejar al descubierto sus “entrañas fascistas”. La represión militar fue ciertamente feroz. Los soldados mataron a muchos civiles y aterrorizaron a las regiones indígenas, llevando a muchos a apoyar a los rebeldes. Se calcula que 70.000 peruanos murieron durante el apogeo de la década de insurgencia de Sendero Luminoso. Sendero Luminoso abogó por un reordenamiento violento de la sociedad lejos de “los vicios de la vida urbana”, con advertencias de que “ríos de sangre” correrían después de su victoria, y que hasta un millón de peruanos podrían ser ejecutados. En 1989 «Gonzalo» declaró que Sendero Luminoso pasó de ser una guerrilla a una “guerra de movimientos”. Añadió que este era el paso a seguir para lograr un “equilibrio estratégico en el futuro cercano”. Falleció el sábado 11 de septiembre de 2021 a los 86 años de edad en el Centro de Reclusión de Máxima Seguridad de la Base Naval del Callao. Un académico de grandilocuentes discursos de alto grado profesoral, que transmutó la paz, en guerra fratricida ligada también a la narco economía de la coca, secuestros y crueles asaltos.

En Bolivia, el barón de la coca, el “poder detrás del trono”, intenta deslegitimar a los productores de la hoja de coca de la única zona tradicional, los Yungas, pretendiendo imponer un directorio afín a las 6 federaciones del trópico cochabambino, para conformar una sola organización que se relacione con sus pares peruanos, hasta ahora intento fallido, seguramente, no descansará hasta lograr su propósito de un solo bloque cocalero de la región, bajo mando de líder único. La toma de ADEPCOCA, además, pretendía presentar el poder de “movimientos sociales” cocaleros de la zona roja, como la nueva vanguardia social, en vista de la deslegitimación sufrida casi irreversiblemente por la COB, otrora vanguardia del proletariado. La persecución a opositores, las cinco leyes proyectadas o en ejecución, han provocado una reacción en cadena en los sectores fuertes de la economía, formales e informales se han unido por un lazo invisible: cuando al pueblo -por más afín al partido de gobierno que sea- se le toca el bolsillo, este reacciona por instinto de sobrevivencia y se dan procesos convulsivos que cambian historias. El presidente -vigente- con encendidos discursos de confrontación, choca con los del vice, cortinas de humo como lo de la wiphala, frente a lo que hacen sus bancadas en la ALP. El presidente piensa que “su gente” votó por él o por un nuevo modelo económico socialista y blindado, o por su partido, NO, “su gente” y mucha de la otra, votó por tener la posibilidad de mantener su economía que le dio el “jefazo” durante 14 años, el pueblo no votó por una ideología: chuteros, contrabandistas, informales, cocaleros, gremialistas, cuentapropistas, profesionales y otros. Los casos frustrados contra la oposición, viene de mano propia del presidente o viene de la mano detrás del trono. Lo que se está provocando es un descontento de propios y extraños, se alienta a la unidad opositora y se reorganiza la sociedad civil; los pueblos indígenas reaccionan con ímpetu ante la defensa de sus derechos consagrados por la CPE y sus legítimas reivindicaciones postergadas luego de 31 años y 11 marchas, que ponen en tela de juicio el haber suplantado la Ley 1715, por la de “Reconversión Comunitaria”, las funciones del INRA y la eliminación de las Superintendencias, la Forestal, haciendo fracasar el nuevo proceso agrario que planteó la ex Super Intendencia Agraria documentadas en sus memorias de gestión de 1998 al 2003. El problema de la vacunación inconclusa -primero dijeron que era un invento del imperio- y luego quieren que la gente haga filas: como va esa vacunación en las áreas rurales de tierra altas, digamos el Norte Potosino y el Altiplano Sur..?. La continuación de los incendios forestales, los avasallamientos y la toma de tierras fiscales y de pueblos indígenas del oriente, y otros conflictos, no son precisamente un éxito de gestión política presidencial, más al contrario, degradan ese noble propósito político de un Estado de Derecho. Pareciese un objetivo no calculado por el presidente, sino, por una línea invisible que mueve los hilos en otra perspectiva.       

En este contexto, entre Pablo Escobar y Abimael Guzmán, y su “obra inconclusa”, parece tejerse el refortalecimiento de los cocaleros de zonas no tradicionales, como la nueva fuerza de energía económica y política, no partidaria ni ideológica, sino, corporativa de intereses espurios, que arman un escudo protector ante eventuales conflictos que sucedan, eventualmente, luego de la desertificación de EE.UU. y del informe del UNODC 2020. Solo los productores de la sagrada hoja milenaria, solucionarán los conflictos económicos, sociales, políticos y estructurales de Bolivia.? No, Solo el retorno a un sistema democrático, un Estado de Derecho y una nueva CPE -como Plan de Desarrollo-, pueden reorientar nuestro avance, los otros dos ejemplos, de Colombia y Perú, con sus jefazos, aterran y previenen.  

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