Democracia en crisis, 2006 a 2021: la pérdida de derechos y garantías constitucionales

Considerando las relaciones institucionales dentro de la democracia en el periodo señalado, encontramos el agotamiento en cuanto a su capacidad de control, la gobernabilidad autoritaria y la ausencia de participación, la naturaleza sistémica de la crisis, y el déficit del crecimiento democrático aparejado al nulo desarrollo político. Revisando los diversos argumentos, encontramos las condiciones dentro de las cuales se desenvuelve la crisis de la democracia: por una parte, se plantea la discusión en relación a la incorporación de la tecnología como metodología democrática; por otra, se anota sobre la vuelta a la naturaleza directa de la democracia y las nociones de lo postdemocrático, cosmocracia, democracia postliberal, democracia multidimensional y lo que se vive actualmente una “contra democracia”, que se expresa en las cinco leyes que la ALP viene trabajando por encargo del ejecutivo para implantar con urgencia y total dureza la “fase superior del proceso de cambio”, que en un simple análisis se observa la perdida de derechos y garantías constitucionales dirigidas al control político absoluto por encima de la CPE. Estos proyectos de ley apuntan esa intención: Ley Nacional de Lucha Contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas Financiamiento del Terrorismo y Financiamiento de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva o no Convencionales; Ley de Carrera de Generales y de Ascensos de la Policía Boliviana; Ley de Creación del Servicio Plurinacional de Derechos Reales; Ley del Registro de Comercio; Ley de atribuciones del INE sobre estadísticas oficiales. Estas leyes, pareciese que proponen las acciones más represivas y negadoras de la dignidad humana, de la vida, la libertad y todos los derechos humanos, tal como se han pronunciado políticos, periodistas, abogados, los gremiales, empresariado privado nacional, Iglesia Católica y recientemente la Asociación Nacional de Evangélicos de Bolivia ANDEB. Se han previsto movilizaciones sociales que medirán fuerzas, tal como sucedió para el archivado del pretendido Nuevo Código de Procedimiento Penal. Este ambiente enrarecido parece anunciar el retorno de la época de terror bajo la mano tenebrosa de Federico San Román con un nuevo DOP, reaperturándose las prisiones de Curahuara de Carangas y de la Isla de Coati.

La clase política debe articular las definiciones y redefiniciones de la democracia, en un intento por rescatar el espíritu de la democracia del desencanto que infunde su manejo actual. Se deben tratar algunas percepciones y certezas en cuanto al destino de la democracia y su imperiosa necesidad de reinventarla para rescatarla del peligro de ser sustituida o desplazada por opciones que descartan los propios valores democráticos, tal como indican los sucesos político sociales de lo pasados tres lustros y específicamente desde el 21F y el fraude electoral de 2019, acompañadas por los despropósitos de acciones de sometimiento del TCP y sus resoluciones operadas obedientemente por el TSE. La noción de crisis en la democracia se expresa en los desarreglos institucionales y la persistencia de conflictos en sus estructuras, sin embargo, también se puede abordar dicha crisis como una situación de carencia de valores, los cuales han sido distorsionados, desplazaos o descartados y sustituidos por la corruptela, el clientelismo y la perdida de la ética política, la desinstitucionalización y el descarte de la meritocracia, entre otros.
La democracia como expresión de la organización del poder político ha sido vista por la teoría política contemporánea como una referencia de las sociedades modernas; sin embargo, esa noción se encuentra bajo observación. No hay duda que la democracia que conocemos como expresión del Estado liberal está sujeta a serios cuestionamientos que hacen necesario repensar su concepción: hemos entrado en una fase que podría definirse como la “posdemocracia”, pero que esto no nos exime de trabajar en la construcción de una nueva democracia, sino que más bien, nos obliga a ello, precisamente por el rumbo que tomó la democracia dentro el proceso de cambio, bajo la tuición de los Foros de San Paulo de Puebla, Cuba, Venezuela y los tentáculos del sub mundo de la narco economía regional, que pretende organizar un único bloque de productores de plantaciones de hoja de coca entre Perú y Bolivia, bajo una sola confederación de cocaleros, al mando de un único jefe. La toma de ADEPCOCA es parte de esa estrategia.
La democracia en crisis se nos plantea como un modelo que necesita de una redefinición, en virtud que sus mecanismos tradicionales lucen débiles para garantizar el equilibrio de sus estructuras. El método democrático es el sustituto funcional del uso de la fuerza para la solución de los conflictos sociales. Las amenazas a la democracia vienen de su propio seno: la gobernabilidad bajo partido único, la partidización de los espacios públicos y el poder oculto que encarna el autócrata, “el poder detrás del sillón”. En este contexto se han dado varios hechos que profundizan esta crisis de la democracia: el Tribunal Constitucional Plurinacional confirmó el rechazo a la petición de nulidad de la sentencia 084/2017 interpuesta por un grupo de abogados constitucionalistas, dejando en suspenso el pronunciamiento de fondo sobre esta sentencia que la CIDH ya resolvió expresando que la reelección no es un derecho humano. Recordemos que se planteó un recurso de queja en contra de la sentencia 126/2019, que rechazó el petitorio de nulidad de la sentencia 084/2019 que a su vez dio curso a la repostulación del presidente y el vicepresidente en Bolivia.
Encontramos elementos que apuntan al debilitamiento de la democracia en términos del agotamiento de su lucha, ya no contra los nacionalismos o por la religión o la ideología; cuando el propósito común desaparece, la democracia se debilita, perdiendo su impulso: El sistema se convierte en una democracia anodina, en la que la política democrática deviene más en una arena para la afirmación de intereses en conflicto más que en un proceso para la construcción de propósitos comunes. Las disfunciones de la democracia, se refieren a la deslegitimación de la autoridad, la sobrecarga partidaria del Gobierno, la desagregación de intereses corporativos y al pobrísimo manejo de las relaciones internacionales, como factores que debilitan la democracia, su imagen y realidad frente al mundo externo democrático.
La crisis de la democracia viene del cambio que amenaza la integración social y porque las estructuras normativas se ven afectadas severamente y se presenta una desintegración de las instituciones sociales y todo el aparato público manejado con total desapego normativo y bajo la administración de sectores o grupos sin el debido cuidado de su capacidad de gestión. La crisis es una suerte de invitación a repensar, a revisar aquello que ha dado lugar a una crítica subjetiva, que inevitablemente está ligado a una crisis objetiva, lo que no se puede separar, por cuanto lo segundo es demasiado obvio. Pero de esa dinámica (crítica-crisis) debe surgir una nueva concepción sobre la realidad que se ha tornado agónica, debilitada en sus cimientos, amenazada en su fundamentación, porque ésta ha quedado diluida en el tiempo por un proceso de desgaste que se va alimentando de las numerosas críticas que se entrelazan para dibujar una misma impresión sobre la crisis. Pero, crisis significa también decisión, en el sentido de la realización de un juicio y del enjuiciamiento, cosa que hoy pertenece al ámbito de la crítica, precisamente, porque era necesario reconocer lo que está descompuesto. Debe pensarse que, esta crisis, es una ruptura de una época, que obliga a una transición hacia un nuevo estadio, una vez que la crítica de lugar a una revisión que conduzca a un desenlace, a una resolución.
La actual democracia esta signada por el magnicidio político; la dejadez de la gente pareciese decir que aun no se ha tocado fondo (si la planta de Senkata explotaba, hubiese cambiado el curso de los sucesos de diciembre de 2019.?); la política actual está enferma de poder, se ha perdido la ética política; el comercio minorista puede desaparecer como en Cuba, porque en países “socialistas” no hay instituciones privadas, todos son empleados públicos; no existe la mínima posibilidad de coordinación entre la “oposición”; se han pervertido todas las conquistas laborales y sociales, hoy prima el carnet de militancia; los discursos y poses regionalistas deben volver al cauce de la unidad nacional, pues mientras las “reivindicaciones autonomistas” incendian voces, esto favorece al poder total, pues es solaz para la “oposición”; la migración de venezolanos es una muestra de la desintegración de una de las mayores economías petroleras que hubo en el subcontinente en manos de socialistas; la marcha de pueblos indígenas de tierras bajas, no logrará soluciones integrales y estructurales del proceso agrario interrumpido por la ley de reconversión productiva comunitaria del proceso de cambio; cívicos, pititas y partidos de oposición, tienen que trabajar una estrategia política. ¡Entonces, rescatar la democracia, si, el próximo 10 de este mes se recordarán 39 años de recuperada la democracia, pero, no se la desarrolló, ni fortaleció, solo se la vio languidecer…! La clase política, tiene trabajo que hacer junto a la sociedad civil democrática, tarea que nos lleve, inclusive, a una nueva CPE.

Por: Eduardo Claure

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