EL DESORDEN MUNDIAL POST PANDEMIA

por: Max Murillo Mendoza

La pandemia ha develado los profundos problemas económicos, sociales, de salud y de cambio climático que el sistema ha  creado, sin tener respuestas a dichos desafíos. Es decir, la crisis sistémica es realmente evidente por todo el mundo. Ni siquiera los países llamados centrales han logrado responder a las necesidades de sus poblaciones. A todas luces el desorden mundial fruto histórico de un sistema de explotación, de la naturaleza y al hombre mismo, la pandemia ha puesto en evidencia muy claramente.  

Las vacunas que al principio se vendió al mundo como la solución y la panacea, para salir de la pandemia, hoy se sabe que no es así.  El sistema capitalista ni siquiera se conmueve con los millones de muertos alrededor del mundo. No les da la gana de entregar sus patentes a los países del sur, donde existen fábricas que pueden replicar las fórmulas de las vacunas, para al menos frenar las  inequidades sociales, resultado del sistema imperante. Pues los discursos poéticos e hipócritas en los salones lujosos de las NNUU, sólo encubren este desorden mundial: injusto socialmente, y brutalmente salvaje respecto de los derechos humanos de miles de millones de habitantes de este planeta. 

Lo que viene nadie sabe, algunos especialistas en futurología sólo atinan a especular soñando con las nuevas tecnologías, supuestamente que resolverían varios de los complejos desafíos mundiales. En realidad ya no se atreven a arriesgarse en sus vaticinios, después del rotundo fracaso de los futurólogos del fin de la historia (Fukuyama). Lo que vemos es incertidumbre total, caminar a ciegas y con los países centrales (como Estados Unidos) totalmente desorbitados y desorientados saliendo por la puerta trasera de Afganistán. En definitiva, con la consigna de sálvense quién pueda tenemos servido el escenario posterior a la pandemia. 

Entonces, por tanto, sólo nuestros países tienen las respuestas a sus propios desafíos. Nosotros tenemos nuestros propios, complejos y no resueltos hace siglos. Si bien la globalización ha hecho un mundo totalmente dependiente, desde hace treinta años, no nos ha ayudado sin embargo a resolver nuestros dilemas históricos, ni económicos. En esa línea sólo nos queda trabajar a fondo y asistir a pensar, meditar, poniendo las mejores estrategias desde nuestras potencialidades económicas e históricas.  

En estos últimos años hemos demostrado que eso es posible. Desde las teorías alternativas del Vivir Bien, como postulados holísticos recuperados de nuestra memoria histórica cuando los Estados prehispánicos fueron sostenibles en miles de años, con sistemas económicos amigables con la naturaleza y el reparto de la riqueza. Cierto que tenemos que avanzar más en lo epistemológico, pero pues tenemos abierta dicha fortaleza.  

En lo económico, el sistema nos ha condenado a la periferia: no somos un país industrial, que es la fórmula de triunfo del sistema capitalista. Pero tenemos inmensas riquezas naturales, materiales, minerales, que podrían posibilitarnos una mejor calidad de vida. Industrializar la hoja de coca, por ejemplo, nos daría riquezas económicas como medicinales y alimenticias importantes. De la misma manera generar al menos industrializaciones medianas, para los alimentos procesados que el mundo siempre necesitará, o de fundiciones para nuestras materias primas: valor agregado, es decir multiplicaciones de las divisas.  

En lo educativo, que es probablemente una de las materias pendientes más estratégicas, no hemos hecho mucho referido a la alta calidad educativa. Donde el entrenamiento de los futuros científicos, técnicos, pensadores, estrategas en todos los campos posibles, servirá para estos espacios donde dependemos de gente altamente capacitada y especializada. La mediocridad sólo nos condena a la pobreza franciscana por los siglos de los siglos. A seguir siendo como el sistema nos condena: periferia consumista.  

Pues, en este escenario mundial injusto y de desorden post pandemia, sólo nos queda acudir a nuestras propias potencialidades, a nuestros deseos de país para sobrevivir dignamente. Tenemos lo necesario para ello; nos falta consensos enormes y estrategias claras en tipos de desarrollo, en los tipos de economía para repartir de manera justa y equitativa. Hemos avanzado por supuesto en estos años; no es suficiente porque la extrema pobreza y la pobreza de la mayoría de nuestros habitantes, siguen siendo factores sociales que exigen justicia social histórica.  

Las lecciones aprendidas en esta pandemia son muchas. Entre ellas, la constante explotación y expoliación de nuestras riquezas por quiénes tienen las patentes de las industrias, modernas y postmodernas. No podemos, por dignidad, seguir en esa escalada de la historia tradicional mundial. Repetitiva e injusta en todos los siglos. Es un imperativo categórico gastar nuestras fuerzas e inteligencias, a generar nuestros propios derroteros. Las respuestas están en nosotros mismos como país y Nación, ya sabemos que jamás nos ayudarán realmente, sino bajo condiciones de expoliación y dependencia. Romper con esa historia tradicional requiere de condiciones y actitudes políticas de envergadura histórica: consensos, estrategias de país, estrategias de Estado en el mediano y largo plazo. 

Después de la pandemia habrá recuperación económica, porque la coyuntura es terrible y angustiante. Pero el desorden generado es peligroso, que incluye la posibilidad de guerras por alimentos y agua. Y no podemos quedarnos impasibles como país, esperando milagros que no llegarán. Es nuestro deber ponernos a pensar y diseñar pronto soluciones adecuadas, que respondan a esta coyuntura totalmente exigente.

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