CAMACHO Y SUS ILUSIONES FEUDALES 

 por: Max Murillo Mendoza 

Hay gente que considera ser dueños de espacios institucionales, de regiones, de personas y de sus mentes, pues creen que son el demiurgo sine qua non del destino y la historia. El gobernador de Santa Cruz es uno de ellos. Su victoria electoral coyuntural por cierto, no es precisamente para que se considere un señor feudal, a la usanza de épocas donde las élites regionales usaban su poder para repartirse regiones, repartirse ganancias económicas en nombre del pueblo. Pero al parecer no tiene idea alguna de lo que tiene entre sus manos, que es una institución del Estado Plurinacional en la región de Santa Cruz. 

El señor Camacho no se ha enterado todavía que Santa Cruz es una de las regiones, desde hace más de cincuenta años, que recibe bolivianos de todas las regiones del país. Quién no tiene parientes cruceños, que migraron en distintas épocas de nuestra historia, y pues hicieron vida por allá aportando en la economía y la cultura. Es decir, Santa Cruz es realmente el crisol de la nacionalidad, por cuanto viven bolivianos de todos los rincones de la patria.  

Al parecer al señor Camacho no le han informado sobre su papel, como funcionario del Estado Plurinacional. Considero que no está a la altura de los acontecimientos. No es un estadista ni mucho menos. La historia mundial ya nos ha enseñado que incluso en tiempos de guerra, las naciones respetan los protocolos diplomáticos: se les recibe adecuadamente a los enemigos para las negociaciones posibles. Los asesores de Camacho no son gente de diplomacia, sino grupos de choque que nos recuerdan épocas nefastas cuando la razón y las ideas estaban condenadas a la clandestinidad.  

El trato que se brindó al Vicepresidente, de parte de los funcionarios de Camacho y de él mismo, es realmente preocupante.  La falta de respeto a una máxima autoridad de Estado, a los símbolos patrios de una parte importante de culturas del país, a las básicas normas de la diplomacia y a la Constitución, simplemente requiere de una toma de consciencia del pueblo cruceño para desterrar estas prácticas feudales, enfermas de egocentrismo y ultristas regionales que sólo buscan enfrentamientos entre hermanos, entre conciudadanos bolivianos de distintas culturas.  

En un momento tan delicado del país, cuando tenemos que buscar espacios de consensos y ojalá en el mediano y largo plazo, que nos permita construir certidumbres para el país en lo económico y social, no ayuda (como dijo el Vicepresidente después de esos actos vergonzosos) a buscar el entendimiento nacional. Al final son los más pobres y humildes quiénes pagan los platos rotos de estas irresponsabilidades históricas. El señor Camacho es hijito de papi, pues no estará en  momentos de conflictividad, sino en su casa cómoda ordenando que sus vasallos enfrenten la situación. 

Estos hechos son ejemplos concretos de las distintas historias paralelas que tenemos; y no hemos logrado todavía unirnos o encontrarnos en el camino. Las historias elitistas que devienen desde la colonia, siguen nomas vigentes. Más disimulados, más hipócritas, más populares; pero son los mismos que no quieren incluirse a las otras historias: indígenas, campesinas, obreras, clases medias pobres. El señor Camacho en su brutalidad infantil, de niñito mimado, saca a flor de piel esos imaginarios señoriales feudales. Esos sueños nostálgicos de ser patroncitos y dueños de las decisiones regionales sin tomar en cuenta al Estado, a lo colectivo. 

El señor Vicepresidente tuvo la gentileza de no meter leña al fuego. Madurez de una diplomacia necesaria en momentos de incendios políticos. Reflexionó sobre las consecuencias de la violencia: lo que se siembra se cosecha. Pues la sabiduría sobre los caprichos de la coyuntura.  

En definitiva Santa Cruz hace mucho que cambió radicalmente su composición social y cultural, pero que todavía no se hace realidad política ni burocrática. En las calles y los pueblos conviven lo plurinacional, la riqueza de nuestras realidades. Las élites aún no comprenden, no aprenden de esas convivencias que desde hace mucho son absolutamente cotidianas y reales, felizmente. La Bolivia profunda avanza en magnitudes veloces, aprendiendo a conocer al otro; al distinto. Complementándose en lo cotidiano, en el conocimiento de sus culturas y mentalidades. Lamentablemente las élites de todos los lados y regiones, como las de Santa Cruz, no acaban de incluirse y mezclarse con la Bolivia profunda. Las historias paralelas continúan mirándose de reojo: desconfiando de todo lo posible y resguardando intereses, desde las élites, añejos como señoriales feudales. 

Lo sucedido en el aniversario de Santa Cruz no tiene que ser excusa de más violencia, sea política o callejera, sino todo lo contrario. La actitud madura y de estadista del señor Vicepresidente, debe ser el emblema para buscar y consolidar espacios de consensos, de acuerdos y tolerancia. Nuestros problemas son complejos y difíciles, eso ciertamente aconseja y requiere  toma de posiciones maduras, diplomáticas y de altura política. Pues saltar al abismo sólo es suicidio colectivo. 

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