DEPENDENCIA TECNOLÓGICA

La tecnología avanza imparablemente, imaginar hace sólo diez o quince años atrás, que en un teléfono celular podríamos tener acceso a infinidad de datos de información vía buscadores de internet, a poder utilizarlo como una computadora, que sería nuestra principal forma de información de lo que pasa en el mundo dejando atrás a los medios de comunicación tradicional, o como un GPS, como un pequeño televisor y como varias otras formas de ayuda y entretenimiento era imposible. Hoy este aparato se ha vuelto casi parte indispensable de nosotros mismos, dejar el smartphone en casa o en el escritorio del trabajo nos hace sentir incompletos, como que algo importante nos falta.

 

Hay quienes ya por costumbre están revisando el móvil cada cinco minutos, no solo para ver si los llamaron sino para verificar si no tienen mensajes de texto o de audio, para conocer las ultimas noticias a través de las redes sociales.

 

¿Debemos preocuparnos por esa dependencia?, seguro que sí, pues en las familias de hoy su influencia es disgregadora, se ha roto la comunicación fluida, se ha quebrado el contacto íntimo que fortalece esos vínculos, cada quien está en su mundo personal, con la mirada clavada en una pantalla donde está navegando o en una conversación que no tiene nada que ver con la que debería haber en una reunión o en un tiempo de la familia.

 

Quienes todavía fuimos parte de familias en las que se hablaba, en las que por ejemplo la sobremesa era el mejor momento del día, en las que casi no había nada que nos distraiga, también estamos cayendo en esta situación, cuando deberíamos ser quienes enseñemos el uso medido de la tecnología.

 

Las nuevas generaciones están creciendo sin esa noción de lo que es conversar y compartir en familia, por tanto, jamás la extrañarán y menos aún valorarán esos espacios puesto que no los conocen, eso es lo que les transmitirán a su vez a sus hijos, lo que nos hace prever un futuro donde nadie hable entre sí, donde nadie se mire a los ojos, un futuro de relaciones frías y automatizadas.

 

Hoy en día podemos ver que entre los jóvenes se comunican mejor de celular a celular que cara a cara. Tal vez es un proceso irreversible que también nos consume a nosotros, al que no combatimos y con el que nos dejamos cautivar sin medir las consecuencias. Pero como bien se dice, nunca es demasiado tarde para dar un golpe de timón y reencaminar las cosas, pues los ejemplos se los aprende y se los empieza desde casa.

 

 

por: Julio Vaca Guzmán del Carpio / fundador de lavozdetarija.bo

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