REAVIVAR LA INCONSCIENTE FE, PARA NO CAER EN LA DOCTRINA DE LA ESCLAVITUD

La economía materialista revela una especie de ironía. Sus propagandistas se jactan de no creer en el poder del Espíritu; reconocen solamente el poder de la Materia, la Materia en la historia, la Materia en la economía. Lo material domina lo espiritual; lo material es la verdadera estructura de la sociedad, y lo espiritual es sólo una leve superestructura. Las leyes de la Materia dan forma al Espíritu y a las leyes formuladas por el Espíritu. Estos economistas no advierten cuan grande es su fe en el Espíritu. Atribuyen todos los males a las condiciones materiales. Quisieran derribar estas condiciones y redimir así al hombre de su sujeción al mal o los males. Líbrese a los esclavos de sus amos en el reino de lo material y seguirá, como natural consecuencia, su libertad en el reino de lo espiritual. La Materia sola es obstáculo al bien. Basta quitar los impedimentos de la Materia y se establecerá plenamente el reinado de Dios en la tierra. ¿Puede haber mayor fe en el Espíritu que esta? En tanto esto suceda, los conductores del método -política-, debieran reflexionar la orientación de sus propuestas, discursos y poses, para que gran parte de la sociedad no caiga, en el delirio de la esclavitud ideológica, que niega el Espíritu y sumerge en el poder omnímodo.

Corrientes actuales dicen: El poder es la única realidad. De ahí que todas las leyes morales que tienden a la protección de los débiles, -segregados, postergados, olvidados por la historia-, creen valores irreales e imaginarios. Como aquello que “ahora somos libres”, ”somos un Estado plurinacional”, cuando nada de nada ha cambiado en substancia, más al contrario. Sin embargo, si examinamos el carácter del poder dominante, descubrimos que a menudo es una cosa mítica, que debe su existencia a la imaginación. En esencia, es un fenómeno psicológico: toda su realidad es de carácter ilusorio.

Vemos a una persona rigiendo a un pueblo, a varios pueblos, a una nación entera, a un Estado. Multitudes de seres humanos le sirven con temor. ¿A quién temen? En fuerza real los esclavos son inmensamente superiores a su amo. Pero cada esclavo se ve a sí mismo como un individuo contra sus compañeros, hermanos de esclavitud. Aunque se sienten impelidos a rebelarse, se temen mutuamente. A veces se rebela uno de ellos; entonces sus compañeros, sus hermanos, -esclavos-, se ven forzados a castigarles, aunque en sus corazones deseen o proyecten hacer lo que él. Como están organizados -enrejados ilusoriamente-, temen a esa multitud, cruel, despiadada, obediente bajo el temor.

No es al dictador a quien temen, sino a la hueste de esclavos que ejecutan sus órdenes. En otras palabras, se temen a si, mismos. Su debilidad es una ficción, un error, un yerro de esclavo. El dictador obtiene su fuerza agregando la de otros a la suya. Lo hace borrando de la conciencia de sus esclavos el hecho de sus interese comunes. La multitud se ve como individuos opuestos entre sí. Cada criatura esclavizada -compañero, hermano-, se considera esclavizada, se piensa sometida por la comunidad, por sus compañeros, hermanos de esclavitud. Por este error común, error de muchos, de multitudes, se mantiene el poder de uno. Los muchos recobran la fuerza que les es propia en cuanto advierten este secreto del temor reciproco. La abolición del error en los corazones de esclavo, señala el fin del ficticio poder de la tiranía. La emancipación de los esclavos es, ante todo, su liberación de este pequeño error. Todas las grandes revoluciones son en realidad la corrección de un error, un error trivial del espíritu de los esclavizados, -compañeros, hermanos-.

La clase que opera el método, -política-, debiera repensar las estrategias comunicacionales, el posicionamiento de ideas y acciones “redentoras”, que tengan una línea conductora para unificar pensamientos y gestiones colectivas, que formen consciencia respecto la perversa dominación, que viene aparejada de otros males que están minando las fortalezas -humanas y de espíritu- de otras colectividades no esclavas, aquí, y en el subcontinente. La nación, esta cruzada por diversas dificultades que se ahondarán, sin duda, principalmente en lo económico, político y social, que deberá, además, sortear el proceso post pandemia y sus secuelas, agravada por la ceguera política ideológica que pisotea la CPE, los DD.HH., derechos civiles y políticos, aplicando una justicia subordinada a la mano dictatorial que criminaliza a una mujer con detención preventiva e instaura un juicio mefítico, se desconoce un informe vinculante de la OEA sobre el fraude electoral de 2019, se ignora radicalmente las recomendaciones delGIEI y se pretende que un “informe” de la Contraloría -que no tiene esas atribuciones- sepulte dicho informe externo;se vuelve a atacar al periodismo, mientras, nuevamente se produce una marcha indígena que exige cumplimiento del inconcluso o nunca cumplidas reivindicaciones planteadas hace 31 años en la histórica marcha de los pueblos indígenas de tierra bajas de 1990, en tanto, se vuele a incendiar bosques y áreas protegidas del noreste de Bolivia -dicen noticias- para sembrar coca, contrabandistas queman vehículos del control aduanero en el altiplano, en el este, y principalmente en el sur del país, esta actividad es “normal”; así, retorna a ser noticia el Banco UNIÓN y el presidente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia opina con satisfacción el retorno de los talibanes a Afganistán, como si fuese de alago mundial aquella desquiciada acción armada criminal que somete cruelmente a la mujer y pone en vilo a Europa y al mundo entero, en tanto esto sucede, pareciese que la talibanización de Bolivia, sigue un curso imperceptiblemente avizorado.

 

por: Eduardo Claure

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