HITOS DEL DESARROLLO… ¿HUMANO…?

Cuando consideramos las generaciones venideras e imaginamos cómo se van a sorprender de nuestra vida y a burlarse de ella; cómo se reirán de nuestras guerras y conquistas, de nuestros placeres y tormentos, del mismo modo que nosotros nos sorprendemos de la vida de las generaciones pasadas y las consideramos con mofa, debemos darnos cuenta de lo hueco y lastimoso de nuestro ser. Pero debe tranquilizarnos un pensamiento consolador: los que vengan tras de nosotros serán tenidos por salvajes en comparación con los que vendrán en pos de ellos.

Entre tales pensamientos, háceseme visible la eternidad de nuestra ruta y muévenme contrarios sentimientos: uno de orgullo ante el porvenir que espera al hombre y uno de indignidad ante lo infinito de una evolución en que no hay generación que no se convierta en objeto de burla para la generación que la sigue.

Si se calcula la posible riqueza de la herencia que recibirán las generaciones dentro de decenas o centenares de años -la amplitud de concepciones en el alcance de sus recuerdos, la multitud de mundos contenidos en ellos, las grandes masas de historia que se cernerán sobre ellos-   se tendrá una idea de la altura de esas generaciones: su fuerza, por la carga de herencia que llevan.

Mientras consideramos el porvenir, miremos tras de nosotros y apreciemos la altura de nuestra propia generación, según su volumen de nuestro pasado, sus recuerdos; y nos sentiremos, en verdad, muy humildes.

Asimismo, al querer evaluar la moralidad relativa de los periodos históricos, no se comparen palabras y hechos como tales; mejor es yuxtaponer las palabras y hechos de un periodo al concepto de la vida dominante en él, y comparar concepto de vida como concepto de vida. La injusticia y la violencia de la antigüedad, juzgadas con relación al grado de comprensión y sensibilidad de los hombres y mujeres de esa época, no indican mayor maldad que las injusticias y violencias de nuestro tiempo, juzgadas con relación al grado de nuestra comprensión y sensibilidad, de lo cual tenemos muchísimos ejemplos en nuestros días y, que parecen eternizarse por acciones crueles. La sujeción intelectual en nuestro tiempo es tan dolorosa como lo era la servidumbre física -esclavitud- para la gente de otra época. El daño infligido a una persona por la privación de uno de sus derechos -hoy constitucionalizados-, corresponde, en nuestros días, a los ásperos tormentos físicos de otros tiempos, no superados. Sin alteración, crueldad misma.

Lo que queremos decir es que los hechos, sucesos de carácter pecaminoso y/o perversos, crueles e irracionales, no pueden servir de índice de los variantes estados de desarrollo moral en diversos periodos. Cada período requiere ser juzgado según una norma diferente. Sin embargo, a pesar de los cambios normativos realizados, las acciones de sectores poblacionales, se mantienen invariables, pensando y actuando inmisericordemente hacia sus congéneres.

Pues bien, si la vida de una generación antigua no es, en si misma, menos moral que la de una generación posterior, ¿podrá decirse que la moralidad no experimenta desarrollo alguno? De ningún modo. Acaso una moralidad no dé señales de desarrollo en su propia generación; sin embargo, hay desarrollo de generación en generación respecto de las normas de la moralidad, y sustancialmente, diversas leyes se modifican para asumir una mejor “moralidad”. La absolución misma de la injusticia y violencia de la antigüedad es una condenación de sus tipos de valores y sus predilecciones espirituales. El que la sujeción intelectual sea tan dolorosa al hombre novísimo como lo era la servidumbre física -esclavitud- en los tiempos antiguos y el que el daño de la privación de un derecho -como la libertad y el debido proceso- (constitucionalizado) , sea tan difícil de soportar hoy en día como lo eran en otros tiempos los ásperos tormentos físicos,  son en si mismos hitos de desarrollo -humano?-, no en el sentido de creciente rectitud moral, sino como el adelanto de las normas morales de generación en generación, que debimos a esta altura de los tiempos, haberlos superado. Pero, el infructuoso caminar de una nueva generación, que no encuentra la senda adecuada para su andar, nos lleva a pensar, que la servidumbre -política-, continuará, aproximándonos al abismo.

 

por: Eduardo Claure

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