El color de los autos tiene más de una explicación

Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, el fuerte sentimiento nacionalista de muchos países europeos generó que en las competencias automovilísticas la Federación Internacional del Automóvil (FIA) decidiera asignar a cada país que intervenía, un color identificatorio. Así fue como los ingleses asumieron el verde, los franceses el azul, los alemanes el blanco y los italianos el rojo. Todavía no había nacido el Campeonato Mundial de Fórmula Uno, por eso las carreras en Europa eran principalmente eventos sueltos a los que se presentaban los países con sus propios autos y pilotos de la misma nacionalidad.

Mientras tanto, en EE.UU., Ford Motor Company fabricaba todos los autos del famoso modelo T de color negro, pero por otras razones más relacionadas con la practicidad que con la identidad. El color negro era el esmalte más económico y a la vez el que más rápido secaba, como es sabido, la primera línea de montaje del mundo fue la que inventó Henry Ford en Detroit, que era capaz de producir un Ford T cada cinco horas y cincuenta minutos y venderlos a solo 99 dólares.

Pero volviendo a los colores, aquella diferenciación por países que se puso en práctica en el período comprendido entre las dos guerras, fue trasladándose a los autos de calle, y por esa razón, los Aston Martin o Jaguar eran de color verde inglés, los Bugatti y Alpine franceses eran azules, los Alfa Romeo, Ferrari y Maserati eran rojos y los Mercedes y Auto Union eran blancos al comienzo y luego grises. Aquí hay una interesante historia que comentar.

Resulta que en oportunidad del Gran Premio de Alemania de 1934 de autos especiales, como se llamaba a lo que luego sería la F1, el equipo Mercedes decidió pulir hasta la pintura de sus carrocerías hasta llegar a la chapa misma, para reducir el peso del automóvil, puesto que se había empezado a equilibrar la performance de los autos, poniendo un peso mínimo que todos debían cumplir. Así fue como por primera vez, un Mercedes de carrera, el modelo W25, ganó esa competencia con un auto color chapa, es decir, gris plata. Desde entonces, Alemania decidió adoptar ese color como el que lo identificaría en las competencias automovilísticas, dejando el blanco del comienzo.

Pero a raíz del advenimiento del Campeonato Mundial de Fórmula 1 a partir de 1949, hubo que empezar a asignar colores a otros países de acuerdo incluso a la nacionalidad de sus pilotos, entonces aparecieron las mezclas, y así como Argentina tuvo azul y amarillo, o España rojo y amarillo, otros países como Japón tuvieron blanco con un círculo rojo como su bandera, y Estados Unidos, blanco con dos líneas azules longitudinales, que eventualmente se invertían y se mostraban con fondo azul y dos líneas blancas.

La identidad de los autos de ciertos colores de acuerdo a la nacionalidad de su país de origen se fue perdiendo con el correr del tiempo, salvo en marcas emblemáticas como Ferrari, Mercedes o Jaguar, que mantuvieron hasta el 90% de los autos del color de su nacionalidad ya entrados los años 90. Entonces, la globalización y las preferencias del público por autos de colores más vivos, generó que aparezcan Mercedes rojos como una Ferrari, Ferrari negras como si fueran un Cadillac o Jaguar azules como si fueran un Bugatti.

Pero hasta la antropología y la psicología han hecho su aporte también, porque diversos estudios, han establecido nuevos motivos por los que los usuarios de automóviles eligen ciertos colores. Hoy, el 80% de los autos del mundo son grises, negros o blancos, y entre el restante 20% hay prevalencia por el azul y el rojo en sus diversos tonos.

Hay una serie de factores que explican este fenómeno, incluido el hecho de que el blanco, el negro, el gris y el plateado combinan con todo. Pero además, son colores que nunca pasan de moda, a diferencia de los colores más vivos que pueden reducir el valor de reventa en el futuro.

También hay asociaciones menos conscientes como el azul para los autos eléctricos, y tienen que ver con el color que genéricamente se ha aplicado a la representación de la electricidad, y que, por lo tanto, los fabricantes usan para distinguir un auto de baterías de uno de combustión convencional, al menos en los logos y las identificaciones más sutiles.

Pero hay colores que son también más propensos a generar accidentes de tránsito. Los colores vivos como el rojo o el amarillo, permiten ver a mayor distancia la presencia de un auto, que si fuera de un color más apagado. Sin embargo, en ruta, los más peligrosos son los colores claros, porque, salvo que tengan las luces encendidas, son más difíciles de ver que los autos negros en el horizonte.

Sin embargo, el gran problema de los autos oscuros es que por las noches son menos detectables que los autos claros, por lo que, en promedio, se dice que los autos blancos y grises son los que tienen menos posibilidades de no ser vistos.

Finalmente está la cuestión de la temperatura y la suciedad asociada al color. Los autos grises y blancos refractan más que los autos oscuros los rayos del sol, por lo tanto, en épocas de clima caluroso, son menos afectados por las altas temperaturas. Y los autos oscuros muestran mucho más fácilmente las gotas secas de una lluvia o el polvo, que en autos grises y blancos, donde la falta de un lavado periódico se hace más notoria. /portal Infobae

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