William Haseltine, científico de Harvard: “Vencer a este virus es una cuestión de voluntad”

Para William Haseltine, un exprofesor de la Escuela de Medicina de Harvard y fundador de los departamentos de investigación de cáncer y VIH/SIDA de esa universidad, un “caso curioso de optimismo” ha permeado el discurso público sobre el COVID-19, incluso ante el incremento de casos. “Nuestro entusiasmo por lo que está saliendo bien está limitando nuestra capacidad para percibir todas las cosas que todavía podrían salir mal en la lucha por ponerle fin a esta pandemia. La vida está en constante movimiento, y cualquier consuelo que sintamos hoy podría ser obsoleto mañana. Debemos prepararnos y tratar de prevenir el peor escenario posible”, advirtió el experto.

Recientemente, un informe del Grupo Asesor Científico para Emergencias del Reino Unido (SAGE, por sus siglas en inglés) advirtió que este virus puede cambiar de manera notable, ya que es capaz de mutar cada nucleótido de su genoma cientos de veces en cada persona infectada. Ante esta evidencia, el estudio advierte que el surgimiento de nuevas variantes que puedan evadir el efecto de las vacunas y que puedan ser tan letales como el síndrome respiratorio de Oriente Medio, que llegó a matar a más de tres de cada 10 infectados, no solo es teóricamente factible sino una “posibilidad realista”.

“Este virus tiene la capacidad de cambiar más allá de lo todo que hemos visto hasta la fecha. Cuanto más analizamos los virus, y a este en particular, vemos cosas que nos preocupan. Puede volverse seiscientas veces más ávido de unirse al receptor de lo que era al principio. Lo hemos visto pasar de un nivel uno a un nivel diez y todavía tiene un largo camino por recorrer. Cuando observamos su letalidad, nos damos cuenta de que sus virus hermanos matan a un tercio de las personas que infectan. Entonces, este virus puede ascender en la escala de transmisibilidad y en la de letalidad. La principal preocupación desde el punto de vista del virus es su capacidad para pasar de una persona a otra. ¿Cómo lo hace? De muchas maneras. Este virus tiene 35 trucos para inhibir el sistema inmunológico. Tenemos que prepararnos para lo peor porque eso es lo que hemos visto en el pasado”, aseveró en una entrevista con este medio Haseltine.

Sin embargo, para el especialista, quien además se desempeña como director y presidente de ACCESS Health International, una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar el acceso a la salud de alta calidad en todo el mundo, “todos deberían considerar a este virus como una nueva gripe”. “Sabemos qué es, siempre está dando vueltas y vuelve todos los años, nos preparamos para su llegada con una nueva vacuna cada año y sabemos que no está solo en humanos, sino en patos, cerdos, gallinas y aves migratorias. Sabemos que la gripe es un problema grave. Bueno, ahora tenemos dos. Solo que de los dos, el COVID-19 es el peor: es más transmisible, ocurre en verano y en invierno, y parece cambiar como la gripe pero ser más mortal. Podemos terminar con esto, pero no se terminará solo. Va a terminar cuando los humanos usemos nuestra inteligencia colectivamente para combatirlo”, subrayó.

“Un buen ejemplo de lo que podemos hacer como especie es China. Los chinos han usado su inteligencia y su organización humana para evitar que el virus los mate. ¿Puede hacerlo cualquier país? Sí. ¿Lo hacen? No. Y no hay nada que se los impida. Está en la capacidad humana vencer a este virus, es una cuestión de voluntad. Ahora incluso tenemos mejores herramientas que las que teníamos al principio. Podemos hacerlo”, añadió el experto quien ha sido reconocido por la revista Time como uno de los 25 empresarios más influyentes del mundo en 2001 y uno de los 100 líderes más influyentes en biotecnología por la revista Scientific American en 2015.

Desde su propia experiencia trabajando en tratamientos contra el VIHHaseltine secunde estas advertencias al mismo tiempo que reitera cuán vitales podrían ser las terapias de medicamentos combinados para reducir el alcance de la pandemia si se utilizan para prevenir enfermedades. Para el reconocido científico se debería aplicar el mismo esfuerzo a toda máquina que pusimos detrás de las vacunas para potenciar la búsqueda de cócteles antivirales y terapias de medicamentos combinados seguras y efectivas en forma de píldora.

Durante el último año y medio -continuó el científico, empresario, autor y filántropo estadounidense-, centramos la investigación científica en las vacunas y dejamos la investigación de medicamentos a las compañías farmacéuticas. Estamos muy por detrás de la curva en la comprensión de cómo fabricar los medicamentos que necesitamos. Sabemos que probablemente tendremos que renovar las vacunas cada año y que realmente podríamos usar un conjunto de medicamentos que sean capaces de prevenir las infecciones. No es nada nuevo que lleguen enfermedades respiratorias, que cambien y que necesiten de una vacuna. Pero sabemos por la gripe que necesitamos más que eso. Afortunadamente, después de años de investigación, científicos en Japón fabricaron un medicamento que, si una persona está expuesta a la gripe, evitará que se enferme. Eso es lo que necesitamos para el COVID-19. No lo tenemos y ni siquiera tenemos la información que necesitamos para obtenerlo”.

Aun así, para el especialista, ninguna de estas estrategias será suficiente para contrarrestar el COVID-19 por sí sola. “Para protegernos del peor escenario posible, debemos utilizar una estrategia multimodal que combine lo mejor que tenemos a mano. Necesitamos una estrategia de varios niveles. Las vacunas son la primera capa. Tendremos nuevas vacunas para los nuevos virus como lo hacemos con la gripe. Entonces, también deberíamos empezar a tener medicamentos preventivos. Ya existe una estrategia, los anticuerpos monoclonales, que se ha probado en situaciones en las que las personas viven juntas. Por ejemplo, en un hogar de ancianos en donde si alguien se infectaba, se les inyectaban anticuerpos monoclonales. Se demostró que su uso realmente detiene la propagación de la infección y salva vidas. El problema es que son caros y, al menos por el momento, solo pueden administrarse por vía intravenosa. Por eso sería mejor tomarlos en una pastilla. Deberíamos trabajar para lograrlo. Esa debería ser la segunda capa. Es la única forma que tenemos, además de un cambio de comportamiento, para protegernos del VIH”, explicó.

Y añadió: “En tercer lugar está el rastreo de contactos eficiente. En Estados Unidos no hacemos seguimiento de contactos y la mayoría de los países del mundo no lo hace. Entonces, por supuesto, necesitamos que todo el mundo lo haga porque, como hemos aprendido con las enfermedades infecciosas, si hay una infección importante en Argentina, la habrá en Brasil, luego en Estados Unidos y también en Europa. Por último, es necesario un cambio cultural donde además de cuidarnos a nosotros mismos, cuidemos de los demás. No se puede controlar una pandemia donde cada hombre puede hacerlo por sí mismo. Si alguien dice: “No quiero vacunarme”, está poniendo en riesgo a otras personas. Los mandatos de vacunas son lo correcto. Tal como no podemos conducir borrachos o no podemos golpear a alguien en la calle solo porque se nos ocurre, hay muchas restricciones en nuestro comportamiento y esta es solo una nueva”.

 

– ¿De qué manera la desigualdad en materia de vacunas socava los esfuerzos colectivos por combatir la enfermedad?

– Personas como yo han advertido durante los últimos 40 años que esto sucedería y que debíamos prepararnos para ello. Deberíamos haber creado capacidad de vacunación en América del Sur. Es casi un crimen de lesa humanidad que los gobiernos de América del Sur no se hayan protegido construyendo su propia capacidad de vacunación. ¿Por qué diablos no harías eso? Construyen carreteras y edificios, compran aviones y barcos, pero no construyen fábricas de vacunas. Eso es un fracaso de los gobiernos no son solo los gobiernos de América del Sur, son también los de África, los de Asia Central y una buena cantidad de países europeos también. Entonces, ¿vamos a culpar a un país como Estados Unidos o a Europa por producir vacunas que protegen a su gente y no proteger a otras personas? No deberíamos. Vamos a dar el dinero o las vacunas cuando hayamos protegido a nuestra propia gente. Los gobiernos les fallaron a sus ciudadanos al no crear las capacidades que sabían que iban a necesitar y por eso tenemos este problema. Tenemos derecho a protegernos y si hay una población vulnerable que necesita una vacuna de refuerzo y nosotros las tenemos disponibles, por supuesto que deberíamos usarlas. Es responsabilidad de cada gobierno proteger a su gente.

 

– ¿Por qué es que todavía no tenemos toda la información científicamente necesaria para abordar el SARS-CoV-2 y todas sus variantes?

– Estoy tan frustrado como biólogo molecular al que realmente le encanta entrar en los detalles de cómo funciona un virus para comenzar a diseñar una estrategia de cómo detenerlo por lo poco que sabemos sobre el SARS-CoV-2. La única pieza que estamos empezando a descifrar es la parte exterior del virus, una de treinta piezas. Necesitamos hacerlo mejor para poder vivir mejor. El mundo de hoy no es el mundo de antes. Hemos creado un nuevo nido ecológico humano para enfermedades infecciosas. Cuando yo nací habían dos mil quinientas millones de personas, hoy hay ocho mil millones de personas. Cuando yo nací casi todo el mundo vivía en una granja, hoy en la ciudad. Cuando yo nací nadie viajaba por el mundo como lo hacemos hoy. Creamos un nuevo ecosistema y los virus lo han descubierto. Tres nuevos coronavirus en menos de veinte años y otros diez vinieron después. La mayor advertencia que tuvimos fue el VIH que salió de África porque habíamos creado un nuevo ecosistema. Lo que realmente tenemos que entender es que ahora somos el ecosistema elegido para muchas enfermedades importantes.

 

– ¿Cómo cree que podría terminar la pandemia de COVID-19 y de qué manera la llegada de las nuevas variantes ha cambiado el panorama?

– No me imagino un final. No solo hay un reservorio humano, sino que ahora hay reservorios animales en todo el mundo. Los ciervos están infectados en un 40%, los ratones de campo están muy infectados, y nuestros perros y gatos también. Aún queda por ver qué más está infectado, pero probablemente sea mucho. Esto se dirige a una enfermedad endémica. Cuando era niño aprendí que la esperanza es el remedio que te hace sentir bien por todos los demás males. Pero hay otra forma de verlo: la esperanza es el último mal como prevención para protegerse de los otros males. Es un arma de doble filo y puede evitar que hagas lo que debes hacer. Tuvimos la esperanza de que el virus no saliera de China, de que no se transmitiera por el aire, de que se debilitaría o desaparecería en el verano y de que no cambiara. También tuvimos la esperanza de que que las vacunas nos protegieran de la infección, de la transmisión, de la enfermedad y de la muerte. Los hechos nos han demostrado que debemos tener más que esperanza. /portal Infobae

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