Sicarios brasileños estaban tras María desde 2020, la mataron a quemarropa

Un sicario, de apariencia delgada y con un casco puesto,  camina pausadamente, saca un arma de fuego y dispara a quemarropa contra María Eugenia  Alvis Burgoa. Ella muere en ese minuto, mientras que el delincuente aprovecha para quitarle la cartera y escapa corriendo.

María Eugenia perdió la vida luego de recibir dos impactos de bala en su cuerpo, aunque los disparos fueron más. El crimen ocurrió en la Feria Iduíno, en la ciudad brasileña de Epitaciolandia, donde “María boliviana” -así la llamaban en el país vecino- era conocida como  una de las mayores comerciantes de verduras y otros productos en la frontera.

Para otros bolivianos que también cruzan la frontera para vender sus productos, si bien la noticia del asesinato de María Eugenia los dejó perplejos, no los sorprendió, pues la víctima había contado a sus allegados que “estaba fichada” por sicarios brasileños.

“Ella siempre me decía que la acompañe hasta la noche, ‘tengo miedo”, me decía. Y siempre nos escondíamos cuando nos quedábamos en la noche, hasta en el baño nos escondíamos, tenía el temor de que alguien le iba a seguir”, contó Rosalía, una de las amigas más cercanas de María Eugenia, en una entrevista con el programa Que no me pierda, de Red Uno.

La compañera dijo que desde el año pasado  su amiga creía que la perseguían y por eso hizo conocer su temor, pero tampoco tomó recaudos para protegerse.

“Me decía que hay tres personas que compran en más cantidad y ‘las tres estamos fichadas’, me contaba. Yo le decía que se tome vacaciones”, contó Rosalía.

La alerta ocurrió el 28 de julio, cuando delincuentes robaron sus productos de un depósito. “Hace una semana le robaron de un boteco que ella tenía en el estado brasileño. No presentó la denuncia, pero el dueño del boteco sí presentó. (María Eugenia) me decía: ‘Tengo miedo, Rosi, por eso no he denunciado’”.

Los ladrones se llevaron 1.200 reales (casi 300 dólares) en diferentes productos que ella guardaba en ese depósito. Según la amiga de María Eugenia, su familia no supo sobre el robo.

El trabajo de la víctima consistía en cruzar la frontera hacia Epitaciolandia para comprar verduras, frutas, queso, entre otros alimentos, y luego venderlos en el mercado de Cobija.

Según los primeros reportes, ella manejaba en promedio 20.000 reales (3.800 dólares). Se presume que esto conocían los sicarios, después de haberle hecho un seguimiento, por lo que planificaron el crimen para robarle todo su dinero.

“Era una persona bien sociable, con todos los brasileños ella se llevaba bien”, contó su amiga Rosalía, por eso está segura que no tenía ningún enemigo ni había tenido discusiones con alguna persona.

Comentó que en la feria de Epitaciolandia los comerciantes brasileños siempre preferían venderle sus productos a María Eugenia antes que a otras personas, precisamente por el carácter alegre y sociable que tenía.

La despedida dolorosa

Después de conocer el asesinato, familiares de la víctima llegaron hasta Epitaciolandia para recoger el cuerpo. Horas antes, María Eugenia yacía en una plataforma del mercado, donde los comerciantes colocan sus productos para vender.

Los vendedores de ese centro de abasto estaban asombrados, uno de sus conocidos quiso acercarse a la fallecida, pero un policía -que ya había llegado al lugar- lo impidió. Los agentes precintaron los alrededores de la escena del crimen, los comerciantes observaban de lejos.

Por la noche, el cuerpo de María Eugenia llegó a Cobija, donde esperaban los familiares y amistades. “Como amigas de nuestra amiga y compañera María Eugenia pedimos justicia a las autoridades brasileñas, que se esclarezca. No es posible que nos maten así”, dijo una de las comerciantes que esperaba afuera del salón funerario donde iba a ser velada la víctima.

El ataúd fue colocado en la capilla ardiente que prepararon los familiares. Al frente, una fotografía grande colgada en la pared mostraba a una María Eugenia sonriente y alegre.

Tenía 39 años, era casada y vivía por sus dos hijos. Hace muchos años, al igual que otros de sus paisanos, migró de Cochabamba -donde había nacido- hacia el oriente del país. Se instaló en Cobija y se dedicó desde muy joven al comercio.

“¡Justicia, justicia, justicia!”, gritaban los amigos y los vecinos afuera de la sala de velorios, la noche del miércoles, mientras adentro el hermano y otros familiares trataban de consolarse entre sí.

El asesino de María Eugenia dejó una bolsa plástica cerca del lugar del crimen, según imágenes que circularon, lo que podría ser una evidencia para someterla a prueba de huellas digitales.
Comerciantes piden seguridad y presencia policial

Los comerciantes de Cobija, en Pando, pidieron seguridad a las autoridades municipales y policiales, después del asesinato de María Eugenia Alvis Burgoa. Aseguran que no es el primer hecho violento que se registra en la frontera, pues en territorio boliviano ya se conocen varios asaltos y robos que quedaron impunes.

“Hemos pedido cámaras en los mercados, en las avenidas principales, las que habían, no funcionan en Cobija. No están haciendo nada, ya son varias oportunidades donde brasileños llegan a robar, asaltar y asesinar, muchos casos no están esclarecidos”, informó el secretario ejecutivo de los gremiales de Pando, Florencio Cochi, al programa Que no me pierda, de Red Uno.

Según otros vendedores del mercado principal y de otras ferias, los extranjeros ingresan sin ningún tipo de control al país y operan en motocicletas.

“Veíamos motos y nos escondíamos, María Eugenia me decía que tenía miedo porque así la perseguían”, contó Rosalía, la amiga de la víctima que perdió la vida el miércoles.

Epitacionalia  es un municipio de Brasil, situado en el sudeste de Acre. Su población es de 14.193 habitantes, limita al norte con el municipio de Xapuri, al este con Cobija, en Bolivia, y al oeste con el municipio de Brasiléia, población que también se conecta con Cobija mediante el puente de la Esperanza.

Por ambos puntos fronterizos se despliega el comercio hacia y desde Bolivia, como una de las actividades económicas con mayor número de afiliados bolivianos. Los comerciantes piden que haya más policías./Página Siete

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