EDUCACIÓN, EDUCACIÓN A LA CALENDAS GRIEGAS

En unas horas más supuestamente se inaugurará otro año lectivo de la educación boliviana; en un contexto mundial de pandemia que ha destruido clásicas formas de educación. En nuestro país ha desnudado las tragedias tradicionales, históricas de la poca institucionalidad educativa. Los discursos politiqueros, que son parte de los engaños colectivos para encubrir las duras realidades del país, como el educativo, simplemente repiten rezos  repetidos desde el siglo XIX, sin considerar nada de lo que realmente está sucediendo. Por otro año más, lo educativo sólo tendrá discursos de hora cívica de lunes, sin sentido alguno, aburrido y sin oportunidad de nuevas renovaciones.

 

Millones de niños y jóvenes, sobre todo de las áreas periurbanas y rurales, no tendrán educación en este año, sino posturas demagógicas y parches mal hechos para justificar el poderoso aparato burocrático del Estado, que es básicamente una inversión sin resultados.  Millones de niños y jóvenes tendrán que acudir a la creatividad personal, familiar y quizás comunitaria para educarse por sí mismos, pues del Estado nada se puede esperar. Y no es sólo de los inútiles actuales, sino la continuidad de un teatro del engaño que ya dura siglos y siglos.

 

Las experiencias de vanguardia populares, privadas o de esfuerzos enormes fuera del Estado, también han sido terriblemente golpeadas. Sobre todo en lo económico, porque el mundo entero se ha paralizado por la pandemia, lo que ha puesto incluso en peligro la sobrevivencia de las apuestas educativas privadas. Sin embargo, estas experiencias probablemente sobrevivan por el apoyo de los beneficiarios porque en el tiempo se convierten en estratégicas para la sobrevivencia de esas regiones.

 

El   mundo globalizado y completamente competitivo exige enormes inversiones, para el entrenamiento de los futuros profesionales, técnicos, servicios y demás complejas ramas que hoy son necesarios para las economías actuales. Por eso, ese mundo globalizado y brutalmente competitivo, nos condena cada vez más a la periferia, a la sobrevivencia de todo el país, porque con nuestros sistemas educativos caducos, anticuados, lentos y tradicionales ni siquiera podemos alimentarnos moderadamente. Es decir, ni siquiera podemos producir nuestros propios alimentos.

 

Millones de jóvenes y niños son engañados colectivamente, pues lo que reciben como educación simplemente no es competitivo, ni siquiera sirve para sobrevivir medianamente en un país atrasado y tercermundista como Bolivia. Millones de jóvenes y niños condenados a la mediocridad crónica, que sólo tienen a la política como oportunidad terrible. Por eso los políticos son mediocres, tontos y casi inservibles. Esos son los resultados de los sistemas educativos actuales. Pero al parecer, desde hace siglos, a nadie le interesa sino como discursos e investigaciones de coyuntura.

 

Miles de millones de dólares se han utilizado en las dos últimas reformas educativas. La primera quedó abortada por los acontecimientos de principios de milenio, nadie sabe de sus resultados y a nadie le interesa. Bolivia puede darse ese lujo de votar al basurero millones de dólares, todo queda en la impunidad de la historia. Así ni las reformas educativas, ni otros esfuerzos dan por resultado algo interesante. Todo es un desastre, y no es pesimismo, es la dura realidad.

 

Quizás las nuevas tecnologías de información, que ya no son tan nuevas, sean oportunidades de realmente renovar la educación en Bolivia. Bolivia aun no ha entrado en el nuevo milenio, sigue nomás en el siglo XX, con sus mentalidades incluidas. Postergando a las nuevas generaciones, de instrumentos poderosos educativos que pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. Con un internet lento y caro, las periferias y las áreas rurales no pueden acceder a la educación actual.  Están condenadas a la postración y la inercia de la mediocridad boliviana.

 

Existen teorías y experiencias educativas de vanguardia que han ocurrido en Bolivia, con aportes importantes y claves en el quehacer educativo. Lamentablemente Bolivia se caracteriza desde siempre en no sistematizar y recatar esas experiencias, para hacer políticas de Estado y sirvan a toda la sociedad. La burocracia como diosa tradicional, asesina todas las experiencias que la sociedad en su creatividad y ausencia de Estado, produce por todos los rincones del país, desde tiempos inmemoriales.

 

Como en muchos campos, por ejemplo judicial o de salud, Bolivia se caracteriza en no producir nada ni hacer funcionar nada, sino la inercia de lo mismo. En este caso, la educación es una quimera que no aterriza sino para los paladares de los burócratas de coyuntura. Ni siquiera el nuevo milenio despertó al llamado Estado, al menos para copiar o adquirir nuevos sistemas educativos, más funcionales a nuestras realidades, como efectivas a las economías actuales. El país prefiere la sobrevivencia de las mentalidades arcaicas, doradas de distintas ideologías;  anticuadas y poco productivas. Costumbres arraigadas, en todas las clases sociales.

 

Así es lo educativo. Es un cuadro  surrealista a lo Dalí, llena de escombros de ladrillos, cemento, piedras y lindos edificios. Pero vacíos de contenidos pedagógicos, vacíos de prácticas educativas, donde jóvenes y niños se entrenen para enfrentar el presente y futuro competitivo. La educación boliviana sigue nomás a las calendas griegas. En fin.

La Paz, 30 de enero de 2021

 

 

 

por: Max Murillo Mendoza 

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