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lunes, 16 / mayo / 2022

Hombre de Tarija relata como perdió su vehículo y su empresa por el vicio de los “juegos de azar”

“El juego con dinero no tiene final, el que juega siempre pierde, a la larga o a la corta”, dijo Carlos (nombre ficticio), quien ahora maneja un taxi, sin embargo, ha recordado que hace quince años atrás tenía una empresa muy importante en la ciudad, dos casas grandes, dos movilidades, lo que perdió “por mala suerte” de a poco al jugar Craps, dados, póker y otros juegos de azar.

“Lo único que, gracias a Dios, nunca perdí, fue mi familia, cuando comencé a perder mis cosas que me hice durante varios años trabajando, ellos me decían que no siga apostando, que cambie, que busque algún especialista; sin embargo, no hice caso a nada y continué, ahora estoy arrepentido, pero es demasiado tarde”, ha manifestado.

Carlos, ahora taxista, cuenta que tenía una vida tranquila, pero con muchos pedidos en su empresa de plásticos. “Fuimos una de las primeras empresas en Tarija”, ha añadido.

Relató que comenzó jugando el póker en distintos lugares de la ciudad. “Hay un grupo de jugadores importantes en la ciudad, ellos te envían un mensaje de texto y te indican dónde será la próxima jugada, en qué casa y cuánto será la apuesta, ahí comencé a jugar, al inicio ganaba bien, en la noche me hacía 500 dólares, que me servían para dar a mis hijas para sus estudios, nadie se podía imaginar en ese tiempo ganar dos mil dólares al mes y eso me pasaba a mi durante tres meses, sin embargo, luego dejé de ganar”, ha contado.

Indicó que el juego es un vicio que atrapa, como si fuera el vicio de las drogas. Hace falta tener una enorme fuerza de voluntad para salirse.

“Lo primero que perdí fue mi vehículo, fui a jugar en una casa particular en el barrio El Tejar, donde se hizo una casa de juegos, ahí comencé en una mesa a jugar póker, perdí la primera entrada, luego me reenganché, no pude, aposté mal y me sacaron, luego me fui a otra mesa, porque eran cinco las que estaban ahí, ocho jugadores en cada una, me fui a otra donde estaban apostando muy fuerte y vi mucho dinero en la mesa y fue como si me hubiera hipnotizado y entré a jugar, primero había perdido cerca de mil dólares, luego me reenganché, luego de haber ido al cajero a sacar más plata, como no me alcanzaba comencé a apostar los papeles de mi automóvil, tenía un Toyota Starlet 1998, pero sin darme cuenta en menos de tres horas ya lo había perdido todo”, ha aseverado echando nuevamente la culpa a la “suerte”.

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Sin embargo, continuó relatando, que ahí no fue lo más fuerte, porque cuando comenzó a asistir a un local de juegos conocido en la ciudad como “Royal Obrero”, fue donde comenzó a perder todo, puesto que con el póker solo era los fines de semana, sin embargo, ahí jugaba todos los días, donde nunca ganó, sólo perdió.

“Primero, cuando saqué dinero de mi empresa, perdí durante seis meses seguidos, ahí no se descansa, hay gente que puede vivir jugando, cuando jugué un año entré en bancarrota con mi empresa, sin embargo, antes ya había apostado mi casa con un tipo que llegó borracho a Royal, me dijo ‘le apuesto mi casa por su casa ahorita, a un solo tiro’, lo que acepté, pensando que con eso recuperaría todo lo que había perdido, sin embargo, primero lancé y me salió un dos, lanzó él y le salió un siete, con lo que me ganó en dos minutos mi casa, tuve que ir a sacar los papeles y entregarle, porque en ahí lo que se pierde se paga”, ha mencionado, con lágrimas en los ojos, porque recordó que ahí fue cuando se le vino todo encima, tuvo que salir con su familia de su casa, sus tres hijas lloraban, su esposa no podía creer lo que había pasado y él se encontraba borracho sin poder hacer nada.

Sin embargo, indicó que tuvo que ir a la casa de sus padres, quienes vivían solos y aún siguen viviendo ahí, porque cuando quiso ver cuánto había perdido vio que su empresa ya estaba quebrada y para pagar a sus empleados, quienes amenazaban con demandarles, vendió sus propiedades al primero que le ofreció comprarle.

“Lo vendí como gallina muerta, mi vehículo primero, luego tuve que vender el vehículo de mi mujer para pagar cuentas que tenía, sin embargo, sobró para comprar un auto con el que ahora taxeo (trabaja como taxista)”, ha manifestado.

Carlos ahora indica que si bien ya no tiene nada, visita de vez en cuando a Royal Obrero, donde algunos le sindican diciendo: “ahí está el que le perdió todo”. “Juego con algunos amigos que tengo ahí y a veces gano y otras pierdo, creo que estoy enfermo y sólo la muerte me quitará este vicio, finalizó.

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