MAX MURILLO MENDOZA LA CRISIS ES ECONÓMICA PERO SOBRE TODO ÉTICA
Martes, 30 octubre 2018 - 07:46 AM - La Voz de Tarija
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Algún filósofo europeo sentenció que la caída del muro de Berlín, fue el paso de la ética a la estética. Pues a estas alturas el mundo está pagando muy caro ese atrevimiento. En este tema, a pesar de las limitaciones y también errores, al menos la apuesta por lo ético implicaba rajarse por las militancias de un bando, en contra del otro bando. Los socialismos reales ya habían muerto en los años 60 y 70 del anterior siglo, cuando las invasiones a Checoslovaquia y Afganistán. Pero aún quedaba el resquicio y reserva moral de algunas militancias, contra las dictaduras brutales militares en el tercer mundo. La búsqueda de la revolución tenía sentido, en cuanto apuesta por lo ético en el ejercicio de la política.

La apuesta por lo social, es decir por los desamparados y marginados como resultado de la modernidad desde el siglo XVI, era sobre todo la apuesta por los ideales éticos: comportamientos políticos limpios y partidarios hasta la entrega de la vida misma, como los grandes idealistas de los siglos XIX y XX. El Ché Guevara fue sin duda alguna uno de ellos, buscando el hombre nuevo, el graduarse de hombre entregando la vida misma por las reivindicaciones de los más pobres de este mundo. La política en función de lo ético y moral.

Pero la ausencia de crítica y ausencia de reconducciones de la política, llevó a muchos movimientos libertarios a traicionarse a sí mismos. La miseria humana en sus máximos extremos, demostró nomás que incluso los ideales tienen precio. A lo largo del continente latino, las arremetidas de las clases altas tuvieron siempre la complicidad de las debilidades internas libertarias. En Bolivia, ya en 1985 tuvimos nuestro propio muro de Berlín cuando naufragó parte de la izquierda, corroída y podrida en medio de la corrupción y las traiciones internas. La culpa del imperio siempre está presente, como fórmula de excusa o por supuesto como acto real en esas condiciones extremas.

Los Bolsonaro retornan después de una suerte de primavera libertaria. Y otra vez, existe muy poca autocrítica de los hechos y la historia reciente. Las masas decepcionadas empiezan a apoyar a sus mismos verdugos, porque quienes ofrecieron el paraíso en la tierra demostraron ser tan terrenales como los mismos demonios. Corrupción, pragmatismo extremo, sin ideales ni sueños de por medio, otra vez como varias veces en nuestra historia las decepciones profundas de quiénes no estuvieron a la altura de los acontecimientos, sino como pragmáticos políticos de turno.

Los jóvenes asisten a un teatro monumental de la política antiética, a una pelea de posiciones donde el más fuerte se impone como política tradicional, no el más ético o soñador pues esos términos ya no existen en el vocabulario de la política real actual. Los jóvenes asisten a una suerte de circo romano, donde los gladiadores  sólo ofrecen sangre y odio o resentimiento ideológico; pero no cambios profundos en el imaginario humano. La política sigue siendo tan cavernaria como hace miles de años. Las revoluciones industriales o procesos tecnológicos no han logrado cambiar a las mentalidades de la guerra y la destrucción humana. El hombre sólo ha reemplazado los palos y piedras, por cohetes atómicos y sofisticados sistemas de muerte. Su mente es la misma de las cavernas. Los discursos sólo se han modificado en el tiempo; no  han cambiado en esencia.

La ausencia de intelectuales y pensadores del momento debería llamarnos la atención, porque es parte de la crisis ética y moral de estos tiempos pragmáticos y estéticos. La farra postmoderna solo encubre a la inmensa mediocridad de las sociedades, donde la política es el centro de las disputas por todo lo demás. El poder a como dé lugar: el fin justifica los medios.

El gran desafío de la época es el rescate de la política como ejercicio de servicio y vocación, el regreso a los sueños y a la ética como comportamiento político, frente a la mierda actual de la política por todo el mundo. Los Bolsonaro o Trump, en versiones también autóctonas, son resultados de errores terribles que deben ser enfrentados con valentía: ética. Ejemplo de servicio hacia las sociedades.

Las restauraciones que se están produciendo por todo el mundo, con sus diferencias geográficas y políticas, son resultado de las atrocidades y mentiras que son parte de la real politik actual. Las reacciones a los errores de quienes fueron depositarios de la confianza popular, son por demás enigmáticas. Cuando fracasó la UDP en los años 80, los mineros de Huanuni votaron en masa por ADN, por el colonialista alemán Banzer ni más ni menos. La bronca a ese fracaso fue el nacimiento del neoliberalismo en Bolivia. Hoy sucede algo parecido porque la ausencia de crítica, de autocrítica y reconducción de los procesos está dando lugar a otro fracaso rotundo. El enorme silencio cómplice de quiénes deberían sacudir la política, con sus críticas y sugerencias de mejoras pues repiten los repertorios de siempre: quiénes tienen el poder son pocos, no el conjunto de los comprometidos y ni siquiera quiénes se dicen pertenecer a organizaciones sociales.

El siglo XXI sigue arrastrando los estertores de la política de la guerra fría del siglo XX. Hoy se requieren otros modelos que superen las visiones de la modernidad, donde soviéticos y yanquis compartieron plenamente el amor al progreso y al desarrollo. Destruyeron el mundo y la globalización sólo fue el último esquema de la destrucción mundial: cambio climático. La política sólo es desprendimiento de esa estructura mental de dominación mundial y dependencia. Sin embargo, superar esquemas mentales y costumbres no es tan fácil. Pues lo ético exige hoy día superar al modelo de desarrollo capitalista salvaje, que comparten todos los sistemas ideológicos del mundo.

Lo ético: otra manera de hacer política, o la recuperación de románticos sueños enterrados por los cabrones pragmáticos de la política, que por sus resultados han destruido el mundo. Lo ético, como última morada de hacer realmente gestión estatal distinta y construcción de Estado por fin al servicio de la comunidad, porque Estado somos todos. Lo ético tiene que ser política anticonsumo capitalista: autitos, casitas, edificios, cementos, autopistas sólo destruyen lo poco que le queda a la humanidad. Y los que gozan siguen siendo unos pocos, en nombre de las ideologías de todos los demás. Lo ético debería ser la destrucción del modelo de acumulación, que está literalmente destruyendo el espíritu humano, convirtiéndolo en animal político depredador y violento, sin alma, individualista, sin corazón y totalmente totalitario.

Desafío nada sencillo, que requiere valentía y comportamiento político distinto, sin cálculo enfermizo de imposición o muerte. Pero necesario en estos tiempos presentes donde la deshumanización es carta de presentación política. Y las masas por todo el mundo están votando a sus verdugos, porque los supuestos soñadores han sido peores que las pesadillas que se vienen.

por: Max Murillo Mendoza

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