Piezas de pan con formas de escalera, cruces, estrellas, caballos o aves sirven de mediación simbólica para recibir a los espíritus de los muertos que cada 1 de noviembre visitan el mundo de los vivos, según reza la tradición andina para los días de Todos Santos y Fieles Difuntos.

A falta de dos días para este encuentro, son perceptibles en las calles de La Paz los afanes propios de la festividad, como la instalación de ferias de panadería y el alquiler de hornos a los que las familias van a cocer las masas multiformes que han preparado, cuyo precio varía en función del peso.

El jefe de promoción de folclore y artes populares del municipio de La Paz, Nicolás Wallpara, dijo a Efe que esta costumbre “está muy arraigada” en la población, entre la que el pan es el elemento fundamental de la tradición.

El funcionario municipal sostuvo que la principal representación y más típica es en aimara la “t’anta wawa” o niño de pan, que también puede adquirir la fisonomía de un adulto, hombre o mujer.

En la región andina la creencia indica que a mediodía del 1 de noviembre las almas de los difuntos visitan a los vivos para acompañar a sus familiares por algunas horas, tiempo después del cual regresan adonde llegaron con todo lo que se les ofreció.

“Es el único día que pueden estar con nosotros y nosotros tenemos que recibirlos con lo que tengamos”, relató a Efe Nelly Huanca, una expositora y comerciante de piezas de pan de distintos tipos que ha heredado el oficio y la tradición de sus abuelos.

La mujer mencionó que es esencial recibir a las almas “con lo que se tenga” a disposición, ya que cuando un espíritu visita una casa y no recibe ni un vaso de agua, “se va llorando”.

Por ello, es habitual que para la llegada del alma del difunto los familiares armen una gran mesa y coloquen en ella sus alimentos preferidos, con la foto y el nombre de la persona ausente, además de la entonación de rezos en un claro sincretismo de costumbres locales con el catolicismo.

En la mesa, que al mismo tiempo es un altar, se colocan desde alimentos básicos como las formas de pan hasta platillos de comida especialmente preparados para el difunto, dulces, galletas, bizcochos y vasos de cerveza, vino o whisky.

Junto a Huanca, un grupo de mujeres comerciantes arma una gran mesa dedicada a la memoria de varios personajes históricos como Alonso de Mendoza, fundador de la ciudad, la indígena Bartolina Sisa, la escultora Marina Nuñez del Prado, el intelectual Franz Tamayo y el comunicador, además de político, Carlos Palenque, recordado por su estrecha cercanía con sectores populares.

Por su parte, Wallpara señaló que en el campo es frecuente que las mesas para los difuntos contengan “todo lo que produce la región“, como frutas y hierbas, y predomina la utilización de caña de azúcar, para que su visita a la tierra sea dulce.

La visita de las almas precisa de algunos elementos que los vivos deben proporcionar, como el pan en forma de escalera, que sirve para su descenso y su posterior regreso al sitio de donde vinieron.

O los caballos que se cree ayudan a los espíritus a transportar todos los obsequios que se les dio en su visita.

Las mesas de Todos Santos pueden hacerse en espacios íntimos o públicos y estar dedicadas a alguien en concreto o a un número ilimitado de difuntos, a los que se consagra en también una extensa cantidad de presentes.

La costumbre ancestral se ha expandido y afianzado en los últimos años gracias a una profunda espiritualidad, pese al también arrollador avance de la extranjera festividad de Halloween.

Gabriel Romano EFE