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sábado, 22 / enero / 2022

DESDE VENECIA…CON AMORE

Otra vez, el régimen ha quedado arrinconado, precisamente en la semana que en Europa acudía ante la CIJ con motivo del diferendo marítimo, cuando la Comisión de Venecia le puso en evidencia, al declarar que la relección no constituye un derecho humano, sino simplemente una modalidad para ser elegido y nada más. Por si fuera poco, dejó sentado que los límites de mandato presidenciales promueven la responsabilidad de los funcionarios electos al ayudar a prevenir concentraciones inapropiadas de poder.
La Comisión de Venecia que en realidad se llama “Comisión Europea para la Democracia por el Derecho”, es un es un órgano consultivo del Consejo de Europa, formado por expertos independientes en el campo del Derecho Constitucional. Fue creado en 1990 tras la caída del muro de Berlín, dada la urgencia de asistencia constitucional en Europa y suele también asesorar reformas constitucionales o legales consultadas de otros países no europeos.
Si bien, la opinión que nos ocupa no es vinculante para el estado boliviano o algún tribunal interno o de la región americana, habría que ser muy pero muy necio para ignorar el valor técnico de sus opiniones, al extremo que el mismísimo Ministro de Justicia del Pluri, acudió hasta donde se supo, en dos oportunidades a la Comisión de Venecia, para consultar sobre el Código Procesal Constitucional y la Ley Orgánica del Ministerio Público.
Dado el contexto en el que esa opinión en concreto ha sido emitida, queda claro pese a los alaridos del régimen, que no es moco de pavo, sino todo lo contrario. Para mi olfato, que la opinión haya sido emitida el pasado 20 de marzo en respuesta a una consulta del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (se debe estar aun riendo del Ministro que intentó charlársela hace pocos días entregándole la SCP No. 084/2017) no es una mera casualidad, sino creo obedece a un propósito claro: el Sr. Almagro se está dotando del respaldo jurídico necesario para asumir alguna medida que, podría consistir en someter la burda interpretación que ha hecho el Tribunal Constitucional de Bolivia, del art. 23 (derechos políticos) de nada menos que la Convención Americana de DDHH, a una Opinión Consultiva de la Corte IDH. De ser así, lo que resuelva la CIDH en respuesta sería vinculante para el régimen, y so pena de un enorme papelón internacional, no podría huir de cumplirla, fundamentalmente porque ahora tiene puestos todos sus huevos en la canasta de la CIJ y, ambas instancias, una universal y otra regional, operan sencilla y simplemente con base al mismo principio jurídico: el pacta sunt servanda, los tratados se cumplen de buena fe.
El art. 64 de la CADH, permite no sólo a los estados miembros de la OEA solicitar opiniones consultivas a la Corte IDH, (imposible que el régimen boliviano tenga la decencia de hacerlo, pues estaría poniéndose la soga en el cuello) sino a los organismos especializados contemplados en el Capítulo X de la Carta de la OEA, lo que proporciona un abanico de posibilidades, que creo están en curso a partir de esa consulta del Secretario General a la Comisión de Venecia, pues la burda interpretación del TCP del régimen, ha generado más que indignación en el Sistema Interamericano, pues ha prostituido el principal instrumento, su joya más preciada, la CADH, poniéndola al servicio de poder y no del ciudadano, como es su elemental naturaleza.
Así las cosas, la virulencia con que el régimen ha reaccionado disparando contra todo lo que se mueve, es perfectamente comprensible, pues su TCP ha jalado demasiado la pita, poniéndole en grosero off side ante la comunidad internacional, que ve con asombro como un “tribunal” supuestamente encargado de proteger los derechos de las personas frente al poder- por eso se dice que la jurisdicción constitucional es esencialmente un órgano contra poder y no lo contrario- se puso de rodillas frente al partido, metiéndole no más no sólo en contra de la CPE o cualquier otra norma, sino, lo que es peor, prostituyendo la principal norma de derechos humanos de la región. LINCOLN dijo por eso: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo».

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