NADA CLARO, PRESENTE Y FUTURO NEBULOSO

Desde tiempos inmemoriales Bolivia funciona sin instituciones, sin reglas claras, sin leyes y sin acuerdos sociales. Herencia que recibimos de las clases altas que se hicieron cargo del Estado, después del rotundo fracaso de los venezolanos como Bolívar y Sucre. Aquellas clases altas, en muchos casos ignorantes y con mentalidad colonial extrema, no pudieron construir instituciones y Estado, porque no les convenía: dominar sobre todos sólo se puede hacer sin tener institucionalidad. Esa tragedia pensamos que sería cambiada por el actual régimen, pues no cambiaron nada, todo lo contrario: fortalecieron esa herencia a favor suyo. Las lógicas prebéndales son las únicas para favorecer corrupciones políticas, económicas y sociales. Es decir, la tragedia continúa en Bolivia. Y sin tener reglas claras e instituciones donde los mejores de este país sean los conductores, seguiremos asistiendo a la fuga de cerebros extrema, a que los alcaldes, viceministros y ministros sean los cuates del capo: sindicateros que ni siquiera terminaron el bachillerato, políticos en movilizaciones sociales sin ideas de gestión institucional, parlanchines sobre revolución sin nociones sobre las modernas realidades de las economías actuales, etc.

Las clases altas en muchas realidades del mundo fueron realmente las claves para cambiar radicalmente sus realidades, no fue el caso de Bolivia. Esas culpas históricas las estamos pagando muy caro. Hoy la pregunta más importante del país sigue siendo la misma desde el siglo XIX: cómo construir un verdadero Estado? ¿Cómo construir instituciones con reglas claras y precisas en favor de sus ciudadanos? Para destruir la herencia pesada de un esperpento de Estado que jode y destruye al ciudadano, que se corrompe sobre las espaldas del ciudadano, que es brutal y asesino en serie de sus ciudadanos, que roba mediante leyes e impuestos y maltrata todos los días al ciudadano.

En países pobres como Bolivia, el cemento y las piedras son todavía importantes; pero no lo más importante. Carreteras, edificios modernos, comunicaciones modernas, hasta energía nuclear (a pesar de sus riesgos), eran necesarios. Sin embargo, esos esfuerzos de nuestros bolsillos no están completos sin el recurso humano altamente calificado. La educación con bellos edificios por todas partes del país, alargando la cobertura educativa sin la calidad educativa no sirve de nada. Sigue siendo sólo alfabetización, y eso pues ya no sirve para nada: basta ver a tantos ministros sin ideas de nada sobre gestión y administración gubernamental: el azar y la suerte junto a los discursos son los insumos más importantes, los resultados se pueden saber y ver. Los lindos edificios de salud no sirven de nada porque la calidad sigue siendo la misma del siglo XIX. Es decir, sin el talento humano y los recursos humanos altamente calificados nada se puede cambiar. Las exigencias del mundo actual tienen estándares altos en cuanto a las calidades hacia el ciudadano; en Bolivia sigue siendo el sueño dorado.

Mientras sigamos repitiendo las lógicas del siglo XIX, no cambiaremos en nada. Las becas de estudio al exterior siguen siendo mal utilizadas por sobrinos de ministros, ahijados de los dirigentes sindicales, amigos de los capos del régimen. Desperdicios que no tendrán resultados para el país profundo. Esas oportunidades no son utilizadas democráticamente por los mejores de este país, por los talentosos de este país, sino por los favorecidos del régimen que no son los mejores por supuesto. Bolivia es uno de los países que más derrocha talento humano, por sus trágicas lógicas políticas medievales que tienen sus instituciones.

La ausencia de instituciones con reglas claras sólo produce miedo en la sociedad. Y el miedo es el peor enemigo de una sociedad. Por miedo los ciudadanos se arrodillan ante los mediocres y peligrosos, por miedo los ciudadanos aceptan hasta las humillaciones más inhumanas posibles, por miedo los ciudadanos se callan ante las aberraciones más terribles, como la corrupción, porque esos dineros robados son nuestros, pues el Estado somos todos: los dueños legítimos somos nosotros. Por miedo, los mejores de este país tienen que abandonar para ir a servir a otras realidades a falta de oportunidades en estas tierras. Millones de bolivianos exitosos no pueden ser exitosos en nuestra propia tierra, porque no hay instituciones con reglas claras y democráticas, sólo miedo colectivo y casi cobardía.

Los jóvenes son los más afectados por estas duras realidades. Millones de jóvenes formados en universidades y otros centros de educación, no tienen donde trabajar, donde demostrar lo aprendido en tantos años de inversión en conocimientos. Millones de jóvenes tienen que ver con pena como las autoridades políticas, sin tener formación alguna académica, se aprovechan de las instituciones para destruirla y seguir con las lógicas políticas del siglo XIX: amigo, enemigo, izquierda, derecha. Millones de jóvenes ven estupefactos a dichas autoridades, y su enorme mediocridad en la gestión institucional de Estado, en sus borracheras junto a sus amantes cuando las tareas de Estado son cuantiosas y exigentes profesionalmente.

Los jóvenes tienen que tomar en sus manos sus propios destinos. Como van las cosas nada pasará con las lógicas prebéndales del actual régimen que hereda nomás las lógicas coloniales del siglo XIX. Y si no toman consciencia de que este territorio es suyo, propio y único, perderán una generación más. Una generación de discursos vacíos e insanos, repetitivos y engañosos, que deben ser enterrados para siempre. Los jóvenes son las principales víctimas de este estado de cosas, que no ha cambiado sustancialmente, sino sólo modernizado a la locura por las necesidades estructurales de hace siglos. Esta generación de la democracia no puede permitirse abandonar, dejar hacer, y sólo ver el rito de destrucción sistemática de lo poco que queda como institución en el sentido estricto de la palabra.

La historia se escribe en el momento mismo que se toman acciones, que se toman decisiones y se toman posturas en contra de lo injusto y oscuro. De la debilidad se pueden fortalecer las formas y las respuestas. De las cenizas se pueden resucitar como el ave fénix. La condición es la toma de consciencia de una realidad, del presente y futuro de esa realidad. Les toca a los jóvenes tomar por asalto lo que les corresponde: su presente y futuro, contra el fracaso rotundo de las actuales generaciones, que repiten como rito religioso las lógicas políticas anti humanas y antidemocráticas del siglo XIX.

por: Max Murillo Mendoza

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